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Viernes, 18 Septiembre 2015 15:16

¿Supuesta prevaricación? Pero qué es: ignorancia y caradura.

Escrito por  VJMonC
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Según la Real Academia Española de la Lengua, la prevaricación significa Delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta una autoridad, un juez o un funcionario.

Una vez establecido esto, estudiemos actuaciones. Parece ser que el Ayuntamiento de Betxí establece que el horario de cierre de los locales denominados “casales” debe ser el mismo que se aplica a locales y verbenas populares. No obstante, todos somos testigos que reiteradamente este horario se incumple no solo en los festejos organizados por colectivos locales indeterminados como pueda ser determinada comisión de determinada calle o un grupo concreto de jóvenes. No repetiremos tampoco el ya denunciado caso del urinario público en que se convierten algunas calles, para paciencia de los vecinos afectados. Más escandaloso aún es cuando los propios eventos organizados por el ayuntamiento se saltan a la torera su propia normativa. ¿Hay una ley para unos, y otra para otros en este caso? Pero el peor crimen es la indiferencia general.

Por otra parte, a dichas comisiones de determinadas calles o colectivos de jóvenes se les otorga una subvención pública, que quizás en algunos casos esté justificada por unos estatutos legalmente representados, pero en otros se podría poner en duda. Aparte de este hecho, que se subvencione una actividad lucrativa, pues en dichos actos suelen ganar dinero, no existe ningún control ni sobre la calidad de los mismos, ni sobre la calidad de los productos que puedan venderse en dichos eventos. Por supuesto y para más escarnio, no existe ni fiscalidad sobre las ventas, ni cuentas, ni el pago de impuestos correspondiente por la facturación. Tampoco carnets de manipulación de alimentos, licencias de venta de bebidas alcohólicas ni siquiera una licencia provisional de apertura. Hay un vacío presuntamente promovido desde el consistorio. Hay un avispero donde nadie quiere meter la mano, naturalmente pensando solo en intereses electoralistas.

Vaya por delante que a todos nos gusta festejar, las fiestas y la jarana, pero las situaciones anteriormente descritas me llevan a la siguiente reflexión:

Imaginemos que tenemos un bar, ¿es justa la situación anterior? Tienes un horario de cierre y apertura, debes garantizar una mínima calidad y un mínimo servicio, unas tarifas y llevar una contabilidad. Bien, ahora pongamos que tienes una tienda de ropa… ¿acaso no está prohibida la venta ambulante? Deberían poder vender ropa de marca y falsificaciones libremente por la calle. Hablemos del campo, ¿Por qué pagar un salario mínimo y una seguridad social a los recolectores de naranja, si puedes hacerlo en negro? La polémica suscitada en algunas ciudades con una aplicación que dejaba sin trabajo a los taxistas, ¿tendría razón de ser según la idiosincrasia de la ciudadanía de este municipio?

Ahora bien, para terminar de rematar el escándalo. ¿Es difícil hacerlo todo correcto? Tenemos multitud de ejemplos a nuestro alrededor. En todos los pueblos se realizan las mismas actividades que aquí, o muy similares, y presuntamente todas son “legales”. ¿Por qué aquí es diferente? ¿Somos especiales? ¿Quizás una especie de principado monegasco en el levante español? Quizás hay una dinastía reinante y algunos no nos hemos enterado. Dije quizás, porque lo cierto es que si no se pone solución a estas situaciones en el mejor de los casos alegales, es por incompetencia, vagancia e interés electoralista. Ni más ni menos.

Son solo algunos ejemplos, necesitaríamos varias horas para explicar todos los detalles. Buena parte de la sociedad civil local es igualmente culpable, por pasotismo, por desconocimiento o por colaboracionismo en que la regulación sea tercermundista, propia del siglo pasado en el mejor de los casos. Se amparan en la tradición, pero ella no les exime de su culpa. Hay herramientas, hay conocimientos y hay posibilidades de hacer bien las cosas. De hacerlas iguales para todos y de hacerlas justas.

¿Acaso preferís hacerlas mal?

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