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Domingo, 25 Octubre 2015 17:33

Mal de muchos, beneficio de unos pocos, consuelo de nadie.

Escrito por  VJMonC
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Asistimos en estos días a la defunción de un proyecto cooperativo y nos preguntamos ¿nadie asume responsabilidades?

Recordamos situaciones de malversación o de perjuicio para muchas familias locales, y nos preguntamos, ¿nadie asume responsabilidades?

Vemos como se vanaglorian de una idílica región, casi utópica, donde solo algunas bombillas o algunos baches sin importancia perturban la pacifica existencia de losvecinos y nos preguntamos ¿son ciegos? O aún peor ¿son estúpidos? O simplemente nos toman por estúpidos.

Lo cierto es que el silencio imperante es uno de los grandes males de la sociedad. No es que pidamos desde estas líneas juicios públicos ni linchamientos en la plaza mayor (esa que tantas inversiones acoge) pero sí tener un poco de vergüenza en las afirmaciones, o al menos quitarse la venda.

Situaciones alegales, injusticias, malversaciones o directamente delitos suceden en el marco de esta localidad sin el más mínimo perjuicio social. No se crítica, no se comenta, no sucede nada. Asistimos a lujosos deportivos, adquisición de patrimonio o mantenimiento de privilegios sin que haya el menor movimiento en la calle o la más mínima queja. Esta ley del silencio autoimpuesta, que nos recuerda a comportamientos más propios de la delincuencia siciliana, es uno de los principales hándicaps de nuestra pequeña sociedad. Todo vale, porque somos vecinos, hay que llevarse bien o siempre ha sido así, y así nos va. No existe la crítica interna, y nadie alza la voz.

Y pobre del que alce la voz. Ese sí que tiene que ir con cuidado, no solo recibe las iras del acusado, sino que además el resto de vecinos le señala, censurando su actuación al haber roto la paz. Esa idílica paz que es una mentira, y que solo beneficia al infractor. No existe ciudadanía crítica en aspectos como tráfico de drogas, maltrato, situaciones de dependencia, abuso económico, hurto, adicciones perniciosas, violencia, xenofobia…solo hay bombillas que cambiar. Paupérrimo a la vez que asombroso.

Esa idiosincrasia local, solamente sirve para que unos pocos se lo ganen, y muchos lo paguen. El que levanta la cabeza con orgullo, con chulería, es el que obró mal. El espectador humilla la cabeza y solo dice “es que somos todos del pueblo” o “siempre ha sido así”. Esa es su mayor derrota, y la mayor victoria del otro, la que le permite la barra libre y seguir aprovechándose de una idiosincrasia que impide avanzar de verdad y nos deja anclados en paradigmas propios de otros tiempos. 

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