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Jueves, 16 Enero 2014 20:56

Origen e historia de la romería de Sant Antoni

Escrito por  José Fco. Blasco Cobeño
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            La aparición de la imagen de Sant Antoni en una cueva de la Muntanyeta lo he encontrado en dos leyendas, en una, cuenta la tradición que la imagen de Sant Antoni se apareció ¿en el siglo XVI? a unos leñadores de Borriana, que se habían refugiado en una cueva[1] por las inclemencias del tiempo. Avisados los del pueblo fueron allí y encontraron una imagen del Santo, que llevaron en procesión a la iglesia de Betxí, pero como ocurre en otras leyendas el Santo se volvió al lugar de la aparición y sobre el mismo se construyó la actual ermita de una sola nave y de estilo tosco, adosada a la misma se alza la casa del ermitaño.[2]



[1]   La cueva se encuentra en la cara norte de la muntanyeta.

[2]  VILA i MORENO, Alfons. Castelló, terra de romeries. PremiExmaDiputació de Castelló en la CXV ediciódelsJocsFlorals de la Ciutat i Regne de Valencia. Lo RatPenat, 1998.

         Cuenta la otra leyenda que al carecer Borriana de monte y de secano, su población andaba muy escasa de leña para sus usos domésticos e industriales. Unos leñadores de Artana tenían por costumbre recoger leña en la muntanyeta de Sant Antoni y venderla en Borriana. Un día, entretenidos en coger leña, encontraron en una cueva que aún hoy en día se conserva, la misma imagen de Sant Antoni que se venera en la ermita. La recogieron los leñadores y la colocaron sobre las bestias que llevaban. Cuando ya habían andado un buen trecho del camino, notaron con asombro que la imagen había desaparecido. Creyendo que podía habérseles caído por el camino, sin darse ellos cuenta, desandaron lo que habían corrido y la encontraron en la misma cueva, como si de allí no se hubiera movido. Volvieron a cargarla otra vez procurando ser más cautos y no perderla de vista para ver si se escapaba; pero de nuevo desapareció, sin que ellos lo notaran para volver de nuevo a la cueva. Procuraron de nuevo atarla y bien sujeta a la carga de la leña, para que no le fuera fácil deshacerse de las ligaduras y poderla llevar a Borrianacual era su deseo, pero desapareció y volvió de nuevo a la cueva. Comprendieron los leñadores que estos hechos venían a significar que la voluntad de Sant Antoni era que se levantase allí un templo, donde se venerase su imagen. Dieron parte a las autoridades del pueblo, refiriendo los prodigios que habían visto. Acudió el pueblo en masa y en vista de la imagen y de lo antes referido resolvió construirle esta ermita donde colocarían la imagen.

             La devoción del pueblo de Betxí a Sant Antoni, que es su patrón, viene de antiguo, existe documentación de esta devoción desde 1554, también sabemos que el 10 de mayo de 1625 existía la Cofradía de Sant Antoni con sus clavarios a quienes, por descuidar su obligación de justificar las cuentas con el rector y jurados, manda el visitador Ginés Martínez que den las cuentas cumplidas en el término de dos meses bajo pena de excomunión. También existía ya entonces la costumbre de ir en procesión a la ermita y hacer allí comida y refrescos; pues el mismo visitador recomienda a la Justicia y jurados que conviden al rector. 

             El origen de la fiesta y de la romería viene del siglo XVII, organizada por los clavarios de Sant Antoni, el libro de cuentas de esta cofradía se conserva en el Archivo Parroquial de Betxí de principios del siglo XVII, donde se apuntaban los donativos y las ofrendas realizadas, del mismo modo figuran los nombres de los clavarios organizadores de la fiesta; también se anotaron los gozos escritos en 1650 en valenciano por Pere Miquel Bernat y traducidos posteriormente al castellano, y fue en 1982 cuando los recuperó en su versión original valenciana Joaquim Meneu i Gaya y el cura Ricardo Pla Silvestre 

            En 1633 volvió a visitar esta parroquia Ginés Martínez e insiste en que los clavarios o mayordomos de la cofradía no dejen de dar las cuentas con la asistencia del rector, Justicia y jurados. Y como se llegó a abusar por los excesivos gastos de la comida el día del Santo y que iban a la ermita más por la comida que por la devoción, mandó que no se hiciera gasto de comida y que sólo se diese al rector, predicador y beneficiados “sendos bizcochos y un trago de vino para hacer la sopeta” hasta llegar a sus casas; y que se diese por sueldo cuatro reales al rector, dos al beneficiado y otros dos si dijese misa.

            Dos años más tarde, en 1635, encontró el visitador Pedro Agramonte que la ermita de Sant Antoni estaba “muy desnuda e indecente” y mandó al rector, Justicia y jurados, bajo pena de veinticinco ducados y excomunión mayor, que no fueren en procesión a la ermita hasta tanto que se hubiera reparado y reedificado y pudieran celebrarse en ella las misas con decencia: dispuso además que se empleasen en las reparaciones los bienes de la cofradía y todas las cantidades que se debían, bajo pena de excomunión.

            A pesar de sus rentas, de la cofradía y de las limosnas de sus devotos, no debía estar muy atendida esta ermita al finalizar el siglo XVII y empezar el XVIII. Se estaba construyendo la nueva iglesia parroquial y a esta se aplicaron las rentas de la ermita en donde, por tener roto el altar les prohibió el visitador Juan Martínez Vaciero, al cura y beneficiados, el que celebraran misa hasta que se llevara otra ara. Enterado dicho visitador de los desórdenes y escándalos que ocurrían en la ermita el día del Santo, mandó al rector, Justicia y jurados que en modo alguno consintieran bajo pena de excomunión, que hubiera allí vigilias, ni que se quedase gente el día de la fiesta por la noche, pues estos mismos desórdenes habían sido la causa de que se prohibieran en todo el obispado. Manda también al ermitaño que las misas que se le encomienden las manifieste al clero de esta parroquia, para que vean si las pueden celebrar, en cuyo caso serán preferidos a los forasteros y al clavario de la cofradía que en la fiesta de la ermita dé de comer al rector y beneficiado y si no lo hace, que se vuelvan estos enseguida de la celebración.

            El 17 de enero de 1809, día de Sant Antoni, España estaba encendida en la guerra de la Independencia contra los franceses, ese día se trajo en procesión desde la ermita a fin de “implorar su patrocinio en las necesidades y urgencias tan críticas de la Santa Iglesia y de todos los reinos de España y con especialidad de Valencia y de Betxí”. Fue una de las pocas veces en que la romería se hizo en sentido contrario, salió de la ermita y la llevaron a la iglesia.

            Algo frecuente ha sido el acudir a Sant Antoni en los días tristes de guerra y sequía por medio de rogativas y procesiones, trasladando su imagen, en casos muy contados, desde la ermita a la parroquia e implorando protección y ayuda en cuantas calamidades y desgracias se les presentaban. La ermita estaba llena de exvotos dando las gracias al Santo, tanto de los vecinos de Betxí como de los pueblos del contorno.[1]

            La fiesta y romería de Sant Antoni de Betxí se celebra sin interrupción desde el siglo XVII, quitando los años 1937 y 1938 por motivos de la guerra civil y el día 16 de enero de 1946 en que descargó una nevada histórica de tal magnitud que la nieve alcanzó los 50 o 60 cm de espesor, lo que dificultó que los vecinos de Betxí pudiesen ir al día siguiente de romería, debido a que los caminos estaban todos cubiertos con una buena capa de nieve.

            Es tradición en esta romería bailar y cantar el “ball del barril”. La fiesta y la romería de Sant Antoni, reúne mucha gente en Betxí procedente no sólo del municipio, sino de otros lugares, especialmente de los pueblos vecinos, como Borriana, Onda, Les Alqueries, la Vilavella, Vila-real…, pero también de Sagunt, les Valls, Castelló e incluso en los últimos años se han visto autobuses llenos de extranjeros. Suelen reunirse varios miles de personas todos los años, pero cuando hay mucha más gente es cuando la fiesta cae en sábado o en domingo.

            En tiempos pasados, los vecinos del pueblo durante todo el año guardaban todos los muebles que no servían y en la víspera de Sant Antoni, lo llevaban al campo de fútbol del Portal[2] donde los apilaban junto con las “archilages” que habían recogido en el campo, formando una gran hoguera que era encendida esa noche, anunciando el inicio de la fiesta.

            La fiesta se inicia con la bendición de los animales enfrente de la Iglesia Parroquial, que los hacen desfilar en pasacalle por las calles del casco antiguo del municipio (c/ de los Dolores, plaçeta de Sant Joan y c/ de Sant Antoni). Encabeza la comitiva, el guión de Sant Antoni, que lo lleva un clavario, encima de un caballo, acompañado en todo momento por la colla de dolcainers y tabaleters, yendo todos hacia la hoguera ya encendida, a la cual se le da una vuelta, volviendo de nuevo a la Iglesia, donde el Ayuntamiento reparte un rotllo de pan bendecido a cada participante. Todo este acto es conocido como la “Matxá”.[3] Hoy en día la hoguera es pequeña, debido al poco espacio que se dispone y se hace al final de la calle de Sant Antoni.

            El 16 de enero de 1939, a la bendición de los animales, además de las caballerías de los vecinos de Betxí, se agregaron todos los mulos de la Intendencia Militar y las fuerzas militares de caballería, además de una banda de cornetas y tambores, que estaban acantonadas en Betxí, debido a que el frente de la guerra estaba cerca, en la línea XYZ[4] de la Sierra de Espadán. Fue la “Matxá” más numerosa de équidos de toda la historia de la romería.

            El día 17 de enero, día de la fiesta del patrono de Betxí, sale la romería desde el Ayuntamiento, que después de pasar por la calle de Sant Antoni, donde estaba el portal del mismo nombre, se dirigen hacia la muntanyeta donde está ubicada la ermita de Sant Antoni, a tres kilómetros de Betxí. La peana del santo queda guardada en la que era la última casa del pueblo y desde aquí continua la romería hasta la muntanyeta de Sant Antoni. Cerca del promontorio, el Ayuntamiento reparte bocadillos de jamón y una pañoleta conmemorativa a cada romero. El séquito oficial está formado por clavarios y clavariesas, Reina y Corte de Honor de las Fiestas al Santísimo Cristo de la Piedad, Alcalde y Concejales del Ayuntamiento, el cura de la Parroquia, autoridades invitadas y el clavario mayor (suele ser una persona o institución a la que se distingue con este honor por sus méritos). Siguiéndoles, una multitud de vecinos de Betxí y de otros pueblos vecinos venidos a celebrar la fiesta, acompañados por la banda de música.

            Al mediodía se oficia una misa en la ermita, cantándose después los gozos en honor a Sant Antoni. En los alrededores y al lado del camino que asciende hacia la ermita y en la explanada se montan paradas donde se venden toda clase de juguetes, comida y chucherías. En la explanada de la ermita, se baila el Ball del barril a toque de la dolçaina y el tabal.

            Posteriormente, los romeros comen, después de haber asado chuletas, butifarras y longanizas, con pan y all i oli, acompañado de vino. Por la tarde, hacia las cinco, en comitiva, se toma la imagen del Santo en la casa donde había estado depositado y se lleva a la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, donde se vuelven a cantar los gozos del Santo.[5]Al domingo siguiente le toca a Les Alqueries, realizar la romería de Sant Antoni, con la participación de sus autoridades y la gente del pueblo vecino.

            El origen de la fiesta, es una adaptación de unas fiestas de invierno muy antiguas a la tradición cristiana, estaría relacionada con la cristianización de las “consualia” romanas,[6] que consistía en la bendición de asnos que se engalanaban y eran llevados hasta el altar de Júpiter. En estas fechas el día ya empieza a alargarse, y la fiesta es entendida como celebración del final del frío invernal e inicio del ciclo reproductor de la naturaleza. El tránsito del frío invierno al tiempo primaveral, es la época decisiva para que la semilla saque buen fruto y es el momento de apareamiento de los animales.

            La liturgia de la fiesta cuenta con una serie de elementos simbólicos primordiales: El montón de leña seca en forma de cono invertido, representa el refugio del santo y lugar sagrado. La hoguera representa el valor purificador para ahuyentar los males y plagas. “Elsrotllos” nos recuerda un tiempo en los que la comunidad lo repartía todo, y en la bendición de los animales, Sant Antoni es su patrón y tiene un significado de protección.

            La Conselleria de Turismo ha otorgado la declaración como Fiesta de Interés Turístico Local a las Fiestas de Sant Antoni Abad de Betxí; que se celebran todos los años el día 17 de enero. Se trata de un distintivo que se concede a las fiestas que ofrecen una especial relevancia desde el punto de vista turístico y suponen una valoración de la cultura y tradiciones populares valencianas.

 

            A la memoria de Benjamín Marrades Catalá, un corberano de Betxí



[1]FERRANDIS IRLES, Manuel. Ayer y Hoy nº 11, 1902, pags 181-186.

[2]  El nombre lo recibe del portal de Valencia que existía en el siglo XVI. Estaba situado entre las calles Sant Antoni y Joaquín Ferrandis.

[3]  El origen de la hoguera viene de antiguo, ya que era costumbre encender hogueras en las puertas de las casas y de las granjas para espantar a los espíritus que pretendían dañar a los animales domésticos.

[4]  La línea XYZ era un sistema de fortificaciones, trincheras del Ejército Popular Republicano, que en algún sitio se encontraban rodeados de alambre de espino, en la mayoría de los casos estas fortificaciones se encontraban en posiciones elevadas o con grandes desniveles que las hacían inexpugnables a un asalto de infantería  e impracticables para el asalto de blindados y tanques. La línea de 150 km de longitud se extendía desde Almenara hasta Santa Cruz de Moya (Cuenca). Fue uno de los sistemas defensivos más completos construidos durante la guerra, que permitió contener eficazmente la ofensiva de las tropas nacionales.

[5]  SORRIBES ROIG, VicentEnric-MENEU i GAYA, Josep Antoni. Festes y Romería de Sant Antoni.

[6]Las “Consualia”se festejaban dos veces al año, el 21 de agosto y el 15 de diciembre, en el Circo Máximo, donde el dios tenía un altar subterráneo en una de sus esquinas. Se piensa que el altar se encontraba enterrado por estar consagrado al dios de las cosechas y por la costumbre de enterrar en unas cámaras subterráneas las semillas por simbolizar la fertilidad, la continuidad de la vida y los misterios de la naturaleza. Lo característico de esta fiesta era adornar con guirnaldas de flores a los animales que ayudaban en los trabajos agrícolas (bueyes, caballos, mulos, asnos,..) y eximirlos de sus labores cotidianas.

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