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Jueves, 18 Diciembre 2014 20:19

El Palau (5). María de Cardona y Colón, III marquesa de Guadalest y su marido Francisco de Mendoza.

Escrito por  José Francisco Blasco Cobeño
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María de Cardona y Colón (también llamada María Colón Ruíz de Liori y Cardona), dama de débil salud, era hija de Sancho de Cardona y de María de Colón y Toledo, se casó con Juan Felipe Fernández de Heredia e Hijar VI Conde de Fuentes, señor de Masia, Mediana, Fuendetodos y Abortón, todos estos lugares próximos a Zaragoza,1 de los que tomó posesión doña María de Cardona como garantía de su dote, que fue de 36.000 ducados. Los capítulos matrimoniales se firmaron el 20 de mayo de 1581. Se casaron el 6 de enero de 1582, este matrimonio duró bien poco ya que su marido fallecía en Valencia el 15 de enero de 1583, habiendo testado en aquella ciudad, el día 12 de enero de 1583, ante el notario Vicente Benito Sanz.2 De este matrimonio no hubo descendencia. María de Cardona tuvo grandes dificultades para recuperar la dote, pues el conde de Fuentes era señor de muchos lugares, pero el más pobre de renta de todo Aragón.3

Al morir sin sucesión Cristóbal de Cardona el 7 de noviembre de 1583, su hermana María de Cardona y Colón, viuda del Conde de Fuentes, heredó la casa, títulos y honores. María de Cardona y Colón será la III Marquesa de Guadalest, Almirantesa de Aragón, titulada Duquesa de Veragua y Marquesa de Jamaica.

La sucesión a favor de María de Cardona, originó el primer pleito por el marquesado de Guadalest. Nada más entrar María de Cardona en posesión de las propiedades, su primo hermano Felipe (se le bautizó como Felipe de Cardona y Borja, pero luego se llamó Sancho Ruíz de Liori Folch, Borja y de Cardona -hijo de Juan de Cardona, hermano del I marqués de Guadalest y de Luisa de Borja) alegó que se trataba de un mayorazgo nobiliario de rigurosa agnación, según las voluntades que había expresado, Juan Folch de Cardona, Almirante de Aragón, en su testamento otorgado el 23 de diciembre de 1479.4

El primer pleito se inició ante la Real Audiencia por la casa de Lihori el 19 de noviembre de 1583 y por la casa de Cardona el 24 del mismo mes y año. Llevará 6 años, 6 meses y 3 días hasta el 27 de junio de 1590, día en que se publicaron las sentencias condenatorias para Felipe: la herencia sí podía pertenecer a una mujer y, en consecuencia, María poseyó los dichos vínculos hasta su muerte.5

Al enviudar María de Cardona y Colón contrajo segundas nupcias con Francisco López de Mendoza y Mendoza.6 este era de los hombres mejor mirados y aceptados de los que había en la corte de Felipe II y en Castilla, formaba parte de los señores principales y mejor nacidos, aunque fuera un “segundón” de la familia de los Mendoza. Su padre fue el Marqués de Mondejar, Capitán General y Virrey del Reino de Granada y más tarde Virrey de Nápoles. Su madre, doña María de Mendoza y de Aragón, era hermana del duque del Infantado y descendiente de “grandes” de Castilla y de la casa real de Aragón.

Las capitulaciones matrimoniales se otorgaron el 3 de marzo de 1584 en Valencia. Estipulándose en ellas que la novia, aportaría en dote 50.000 ducados, moneda de Valencia, asegurados sobre su estado de Guadalest y las Baronías de la Vall de Confrides, los valles de Seta y Travadel; las villas de Gorga, Ondara, Benidoleig, Betxí y Riba-roja, con las casas constituidas en la parroquia de San Esteban de Valencia. Prometió Francisco de Mendoza dar en calidad de arras 6.000 ducados a María de Cardona, y sujetar los 5.000 ducados de renta que su padre le dejó en el testamento y otros 5.000 en el caso de muerte de su hermano Pedro Retrato de Francisco de Mendoza en 1601 González de Mendoza, Prior de Hibernia (Irlanda) le han de pertenecer, por no poder este contraer matrimonio, como Caballero profeso de la Orden de San Juan de Jerusalén, en total 10.000 ducados, al vínculo de los capítulos matrimoniales, como igualmente estaban a él sujetos los bienes de María de Cardona. Estipulóse también que Francisco de Mendoza diese desde luego 20.000 ducados de contado para depositarlos en la tabla de Valencia y emplearlos en comprar censales, de que había de responder la casa de María de Cardona, si bien poniéndolos a nombre del esposo.7

Sancho de Cardona, padre de la novia, impuso por testamento como condición al casamiento, que Francisco tomase el nombre y armas de los Cardona “sin mixtura alguna”, pasando a llamarse desde entonces Francisco de Cardona durante el tiempo que duró su matrimonio, titulándose desde entonces Francisco como Almirante de Aragón y marqués consorte de Guadalest. Quizás la falta de dinero de Francisco de Mendoza, fue el motivo de pasar por condición tan humillante y poco decorosa de un Mendoza, hijo del marqués de Mondéjar de cambiarse el apellido. Pudo conseguir de los deudos de su esposa y del mismo Rey el incumplimiento de esta obligación; y aún así se le encuentra muchas veces nombrado en escrituras y papeles oficiales Francisco de Mendoza olim de Cardona.

En la misma fecha 3 de marzo, Francisco de Mendoza autorizó desde Madrid, por medio de poder, a Juan de Zuñiga para desposarse en su nombre en Valencia con María de Cardona, como así se efectuó después de obtener Real licencia, expedida en San Lorenzo del Escorial el 26 de marzo de 1584.

Francisco de Mendoza tenía, antes del matrimonio, 9.000 libras de renta, francas, 5.000 de su patrimonio y “mayorazgo” y 4.000 de la encomienda que tenía en Valdepenas del hábito de Calatrava, con expectativas de algún título y de rentas hasta llegar a las 15.000 libras. Los capítulos matrimoniales fueron discutidos por Juan de Cunyega, comentador mayor de Castilla en representación de María de Cardona, quien en principio le ofrece 50.000 libras de dote, cantidad que no aceptó Francisco de Mendoza, el cual exigió, para aceptar el matrimonio que se le entregaron todos los estados de doña María de Cardona. Así se hizo y S.M. otorgó el beneplácito. Cuando Francisco de Mendoza tuvo que tomar posesión de los estados que recibía como dote, los encontró de tal manera que la renta que generaban no era suficiente para pagar las cargas que tenían, en términos actuales diríamos que eran deficitarios. Además, continuamente se estaban ejecutando los bienes de las baronías y estaban sometidos a reiterados pleitos. Al final Francisco de Mendoza hizo muy mal negocio al no haber aceptado las 50.000 libras y preferir la titularidad de los estados de su esposa, María de Cardona.8

Para los capítulos matrimoniales, Francisco se comprometía a pagar a María de Cardona 21.000 libras, pero tuvo que enviarle muchos miles más para poder mantener la dignidad correspondiente a la casa señorial y para hacer frente a algunas deudas urgentes. Además, si no era suficiente con los problemas externos, también los había dentro del linaje, María de Cardona, para poder tomar posesión de Betxí tuvo que devolverle a Ana de Centelles, viuda de Cristóbal de Cardona, su dote, para lo que tuvo que usar el dinero que Francisco le remitía desde Castilla.9

Verificado su casamiento, empieza para el Almirante de Aragón, un largo y angustioso periodo de pleitos, que fueron, andando el tiempo, complicándose y creciendo en número tan considerable, que no sólo acabaron con su escasa fortuna y la de su mujer, sino que le produjeron graves disgustos y amarguras sin cuento. El Almirante tuvo una existencia desgraciada, “cuantos pleitos entabló, otros tantos perdió”. Tenía pendientes el pleito sobre la sucesión en los bienes de su abuelo Luis Hurtado de Mendoza, marqués de Mondéjar, y el de su mujer por la herencia sobre los bienes de la casa de Liori, que ascendían a 10.000 ducados de renta. Pero el pleito que mayores gastos exigía y más crecimiento de gloria, honores y hacienda le prometía, y a la vez el que más le preocupaba era el de sucesión en el Ducado de Veragua, Marquesado de Jamaica y Almirantazgo de las Indias.

Desde 1578 se venía litigando tan importante sucesión por María de Cardona y Colón, su mujer, ya en la Real Audiencia de Santo Domingo, ya en el Consejo de Indias. Agotados los recursos del matrimonio en este costoso pleito, se concertó el Francisco de Mendoza con el licenciado Agustín Álvarez de Toledo, de notoria reputación en la corte, para llevar la dirección del negocio y le representase en los tribunales, mediante pago de 36.000 ducados si obtenía resultados favorables. Obtúvole en la Audiencia de Santo Domingo, y obtuvo asimismo sentencia confirmatoria en el Consejo de Indias el 3 de octubre de 1586, llegando ya a titularse Francisco de Mendoza, no sólo marqués de Guadalest, sino duque de Veragua, marqués de Jamaica y Almirante de las Indias a la vez que de Aragón.

Brillante era, por tanto el porvenir que le esperaba,10 que fue el que sin duda soñó al casarse con María de Cardona; pero se disipó como el humo, motivado por las intrigas palaciegas y por increíbles deslealtades. Obtenida la sentencia del Consejo, el licenciado Álvarez de Toledo reclamó con urgencia la suma convenida; pero como al Almirante no se le había dado posesión de los Estados ni de los frutos corridos y no tenía con que pagar tan crecida suma, se convino con el abogado en abonarle considerables réditos hasta el cobro de aquella; réditos que ascendían tiempo después a la cantidad de 23.157 ducados. Y no pagándole ni el capital ni los intereses, no sólo le puso pleito, sino que con armas y bagajes, como suele decirse, se pasó a sus contrarios, obteniendo para ellos definitiva victoria.

Solicitó Francisco de Mendoza al Consejo que se le librase ejecutoria de la sentencia en su favor. En esta revisión se emplearon no pocos años, y el Almirante, con la seguridad del triunfo, fue empeñándose más y más, pidiendo dinero a sus adeudos y amigos, y, por último a los banqueros genoveses y otros, con hipoteca de sus bienes y de los de su mujer; de suerte que lo que estimó origen de su grandeza, lo fue de su miseria e infelicidad.

María de Cardona y Colón obtuvo sentencia favorable el 12 de junio de 1589 del ducado de Veragua y Almirantazgo de las Indias, por extinción de la masculinidad legitima en los Colón y por fallecimiento de sus propios hermanos.11

En 1589 marchó con su mujer y su única hija, María José de Cardona y Mendoza, al castillo de Tendilla (Guadalajara), esperando que los aires puros mejoraran la salud de su hija, pero ésta murió allí el 25 de enero de 1590, siendo enterrada en el Monasterio de Santa Ana de Tendilla. En este año tuvo lugar su primera caída en desgracia; por encargo del V duque del Infantado, Íñigo López de Mendoza, negoció sin el perceptivo permiso de Felipe II la boda (se celebró el 23 de julio de 1590) de una hija de este, Mencía de Mendoza, con el V duque de Alba, Antonio Álvarez de Toledo, pero éste estaba comprometido con la sevillana Catalina Enriquez Ribera, hija del duque de Alcalá. Cuando el asunto llegó a oídos de Felipe II, mandó apresar a todos los implicados, todo el mundo culpaba al Almirante de la desgracia. El 31 de julio de 1590 el rey lo mandó preso al castillo de Turégano (Segovia).

En 1590 ante la difícil situación económica en que se encontraban los estados que recibía, se optó por intentar un proceso de secuestro. Francisco de Mendoza reconoce que las deudas de los estados del marquesado de Guadalest eran de 7.830 libras de pensiones anuales de censales debidos y de 1.621 libras, 16 sueldos de otras deudas, lo que sumaba 9.451 libras, 16 sueldos, de las cuales, la primera cantidad era anual. Estas deudas están causadas casi todas por Cristóbal de Cardona o sus antecesores. Francisco de Mendoza y su mujer María, no tienen otros bienes en el Reino y no consiguen obtener nada de sus posesiones, ya que cada día aparecen nuevos acreedores, casi todos por deudas de Cristóbal. Por todo esto se ven forzados a pedir alimentos para poder sobrevivir y afirman que necesitan para ellos, la familia, sus criados y el mantenimiento de sus estados, al menos 6.000 libras (120.000 sueldos).12

En referencia al pleito por la posesión del marquesado de Guadalest entre María de Cardona y su primo hermano Felipe de Cardona y Borja, la Real Academia de la ciudad de Valencia falló en 1590 a favor de esta.13

Francisco de Mendoza estuvo largo tiempo preso en el castillo de Turégano, fue un duro castigo para su carácter inquieto y bullicioso y más todavía para el arreglo de su maltrecha hacienda y litigiosas pretensiones, que hacían su presencia en la corte de todo punto necesaria. Durante el tiempo que estuvo encarcelado el Almirante, sus acreedores aprovecharon su ausencia para hacerse con su hacienda.

Felipe II, le trasladó al castillo-convento de Calatrava la Nueva (Ciudad Real), por razones de salud, le sentaba mal el clima de Segovia y pidió un sitio más seco y templado. Estando poco tiempo en su nueva prisión, cuando dirigiéndose su esposa a Valencia a poner orden a sus haciendas y visitar antes al Almirante, cayó gravemente enferma en Calzada de Calatrava. Pidió a Felipe II licencia para que su marido la fuese a ver, le concedió permiso el 18 de mayo de 1591, para salir del convento y permanecer quince días al lado de su mujer, volviendo luego a la reclusión en que se hallaba. María de Cardona y Colón murió el 8 de agosto de 1591, sin dejar sucesión. El testamento lo hizo tan sólo dos días antes, estando doña María enferma del cuerpo y sana del entendimiento, el 6 de agosto en la villa de la Calzada. La muerte le sobrevino en Las Casas de la Encomienda de Castellanos a la edad de 36 años, poco más o menos. Entonces el marquesado de Guadalest fue asumido por Francisco, el marido de doña María, siguiendo las condiciones acordadas en los capítulos matrimoniales. Pero esta transmisión no estaba clara, presentaba problemas legales según las leyes y usos sucesorios de bienes vinculados.14 Sus restos mortales fueron llevados al convento de Calatrava la Nueva y fueron colocados encima del arco de la iglesia que comunica con la sacristía. Muerta su esposa vuelve otra vez a Calatrava hasta que el rey firma su cédula de libertad el 2 de julio de 1592, cumplida el 19 de agosto de ese año.

Al fallecer sin descendencia María de Cardona, la sucesión por el marquesado de Guadalest pasó a su primo hermano Felipe de Cardona y Borja, lo que ratificó la Real Audiencia en una sentencia del año 1598, siendo Felipe de Cardona y de Borja el IV marqués de Guadalest. Francisco de Mendoza, no quería deshacerse de la dignidad de Almirante de Aragón. Al final, el rey dispuso que Felipe de Cardona desempeñaría el cargo mientras, el marido de la difunta, Don Francisco de Mendoza seguiría disfrutando de los honores de Almirante de Aragón con carácter vitalicio.15

Aún preso y a sólo ocho meses de la muerte de su mujer, familiares, amigos y algún jesuita, intentaron organizarle un nuevo matrimonio con doña Mencía de la Cerda, hermana del conde de Chinchón, Diego Fernández de Cabrera, influyente personaje en la Corte de Felipe II y alguien capaz de hacer al Rey levantar al Almirante el pleito homenaje que lo tenía recluso en el convento de Calatrava. Pensaba Francisco de Mendoza que por este medio hallaba solución a su soltería y a su pésima situación económica, los planes de boda llegaron a estar bastante avanzados, pero a última hora, en enero de 1593, la novia rompió de forma inesperada el compromiso.

Durante 1593 y 1594 Francisco de Mendoza se fue rehabilitando en la Corte de Felipe II, a tal punto que en 1595 éste le nombró su Mayordomo, miembro de la Junta nombrada para la enseñanza de los moriscos de Valencia y Aragón, y, finalmente, Mayordomo Mayor de su sobrino el archiduque Alberto de Austria, a quien había nombrado Capitán General y Gobernador en Bruselas de los Estados de Flandes, que en esta época se encontraban inmersos en la guerra de los ochenta años (1568-1648), en la que los ejércitos de las Provincias Unidas estaban enfrentados con los tercios españoles. Antes de ponerse en camino para acompañar al archiduque Alberto, el Almirante de Aragón, dio bastante poder a sus hermanos para que le representasen en el pleito que sostenía sobre el Ducado de Veraguas y dejó en poder de Diego de Alfaro, vecino de Madrid y su agente, su selecta y numerosa librería.

En cuanto a su carrera militar, la muerte en Luxemburgo a principios de 1596 de su pariente Rodrigo de Silva y Mendoza, duque de Pastrana, le abrió el camino al puesto de general de la caballería de Flandes. Los libros holandeses de entonces le llamaban “el terror de la cristiandad” por sus campañas y le describían como “un hombre pequeño peinado con largos rizos negros, una gran nariz encorvada y desmesurados ojos de siniestra mirada”.16

Entre enero y julio de 1596 el Almirante tomó parte en numerosas campañas militares, pero en julio el archiduque Alberto le mandó partir para la corte del Emperador. Durante el año siguiente (julio de 1596 a julio de 1597), Francisco de Mendoza se distinguió en varias embajadas: a Austria para conseguir el consentimiento del Emperador al matrimonio que Felipe II planeaba entre el archiduque Alberto y su hija Isabel Clara Eugenia y la del infante Felipe (futuro Felipe III) con la princesa Margarita de Austria. Estuvo comisionado en Francia para la firma de la Paz de Vervins (1598) entre España y Francia, siendo escogido por el archiduque Alberto como uno de los rehenes de Flandes para asegurar la paz. Participó en varias embajadas a Polonia, Hungría, Estiria, al Sacro Imperio Romano Germánico y a Bolonia “donde asistían con el Nuncio del Pontífice los embajadores de los príncipes para tratar de hacer liga contra el Turco”.17Como hombre de confianza del archiduque, quedó a cargo del gobierno de los Países Bajos durante la ausencia de éste con motivo de su boda.

A la muerte de Felipe II (1598) heredaron los Países Bajos el Archiduque Alberto y la infanta Isabel Clara Eugenia, siendo su jefe de gobierno el cardenal Andrés de Austria mientras Francisco de Mendoza llevó la dirección militar. A pesar de los motines de los tercios por falta de paga, el Almirante, obtuvo diversos éxitos, distinguiéndose en la toma de Monthulin y posteriormente en las de Rheinberg en 1598 y Schulemburg.

En su cargo de general se distinguió en varias batallas, entre ellas la batalla de Nieuport (1600) al mando de la caballería ligera destrozó al enemigo frente a él, pero ante la derrota del resto del ejército del archiduque Alberto por las fuerzas holandesas de Mauricio de Nassau fue hecho prisionero al cubrir con su caballería la retirada de las tropas. Tratado con gran respeto por sus captores en la Haya, el Almirante permaneció preso durante veintitrés meses (julio de 1600 a junio de 1602), hasta conseguir el pago de su rescate de más de 75.000 florines para obtener la libertad.18

La soldadesca decía que el Almirante era más propio para obispo que para militar, muchos le llamaban el Gran Capitán del Rosario, por sus continuas devociones, ya rezando dos veces al día el Rosario, ya oyendo misa diaria, ya llevando sobre su cuerpo considerable número de reliquias de santos y en el pomo de su espada un pequeño fragmento de la Santa Cruz. Para el historiador Ciriaco Pérez Bustamante, el Almirante era “hombre justo y sumamente piadoso, carecía de dotes militares y gozó de poco prestigio entre sus soldados”.

Cuando falleció Diego de Alfaro, el Almirante de Aragón mandó en mayo de 1600 a su viuda, Catalina de Escobar, que entregase todo a su hermano don Juan de Mendoza. Según Antonio Rodríguez Villa, se hizo inventario de todo, en el que “se enumeran detalladamente, no sólo el catálogo de sus libros impresos, principalmente relativos a historia general y de España, a literatura, religión, genealogía, milicia y veterinaria sino también el de los papeles manuscritos, referentes casi en su totalidad a la genealogía de los Colones, derechos y escrituras tocantes a Veragua, Jamaica y Almirantazgo de Indias”.

Recién liberado, fue encargado por el archiduque Alberto en el verano de 1602 de interceptar el avance de los holandeses, pero por su indecisión fue culpado de la pérdida de la ciudad de Grave en agosto de 1602 y Felipe II le mandó volver a España.

El regreso del Almirante a España en febrero de 1603, fue el comienzo de una sucesión de altibajos en su suerte. Antes de llegar a Madrid, Felipe III le ordenó permanecer alejado de la corte, receloso de su excesiva fidelidad hacia el archiduque Alberto. Acusado de traición por haber firmado junto con Juan del Águila la salida de las tropas españolas de Irlanda (1602) y la entrega de los castillos a los ingleses durante la guerra de Irlanda, fue absuelto. Estuvo propuesto para gobernador de Milán y virrey de Aragón, aunque ninguno de estos cargos llegó a materializarse.

Al tener prohibido entrar en Madrid, el Almirante se fue a Guadalajara para vivir en compañía de su hermano el Duque del Infantado. No curado todavía de la manía de los pleitos, volvió en noviembre de 1604 a emprender otro con motivo del fallecimiento del marqués de Mondéjar, Iñigo de Mendoza, y pretender sucederle en este título y Estados su sobrino Iñigo de Mendoza, alegando el Almirante tales pruebas de su derecho que llegaron a poner en peligro el de su contrincante, siendo al fin vencido el Almirante en 1606.

En 1606 solicitó audiencia con el conde de Villalonga, Pedro Franqueza, y al serle denegada por el portero se entabló entre éste y uno de los sirvientes del Almirante una discusión que terminó a palos. El asunto era un tema menor, pero el duque de Lerma, Francisco de Sandoval y Rojas y sus secuaces Rodrigo Calderón y Franqueza, con quienes el Almirante estaba enemistado, utilizaron este episodio como excusa para ponerle preso en el Castillo de Torrejón de Velasco (Madrid) en noviembre de 1606 y posteriormente desterrarlo de Madrid, pero no se dictó auto de libertad hasta el 25 de enero siguiente, saliendo en libertad el 29 de enero de 1607.

Estuvo de nuevo confinado por el duque de Lerma, debido también a sus denuncias contra Rodrigo Calderón. Se aprovechó un falso testimonio relacionado con su actuación en Flandes, siendo acusado de “alta traición” sin pruebas. También influyeron sus protestas porque Lerma diera la alcaidía de la Alhambra a su segundo hijo, una alcaidía que siempre había sido de su familia los Mendoza, hasta la muerte de su hermano mayor.

Para colmo de desdichas, en abril de 1608 el Consejo de Indias sentenció el pleito del Ducado de Veragua, que llevaba treinta años de tramitación, en favor de Nuño de Portugal, nieto de Isabel Colón y Toledo, perdiendo con esta sentencia el Almirante de Aragón la más bella esperanza de toda su vida. Quizás la falta de heredero influyera en la resolución de estos pleitos, en estos perdió su poca hacienda y ante su pobreza tuvo que alimentarle casi 20 años su hermano Juan, VI Duque consorte del Infantado.

No terminó aquí su persecución: tres años después fue detenido sin un motivo claro, señalándose su supuesta participación en la publicación de unos panfletos críticos con el gobierno, sus recomendaciones al archiduque Alberto para negarse a devolver los estados de Flandes a la corona de España, o simplemente la envidia de sus émulos. El caso fue que Francisco de Mendoza el 20 de mayo de 1609 fue prendido y encerrado en Santorcaz (Madrid). Cabrera de Córdoba escribió el 4 de julio de 1609 que la sentencia “no se ha publicado”, o sea que estaba encerrado sin sentencia en contra. A principios de 1610 las fuerzas físicas y morales del Almirante recayeron en una gran melancolía y enfermó de cuartanas, dada su avanzada edad los médicos temieron por su salud, su aspecto daba lastima, su barba le llegaba a la cintura, y los cabellos le caían sobre la espalda.

Por las malas condiciones de su prisión en Santorcaz, el Duque de Lerma dio orden el 29 de octubre de 1611 de llevar al Almirante a la fortaleza de Coca (Segovia), pero Felipe III ordenó que le llevaran a Calatrava la Nueva en vez de a Coca. Pero estaba tan enfermo que no pudo salir de Santorcaz. Intercedió repetidamente su hermano el duque consorte del Infantado y por ello le trasladaron al monasterio de San Bartolomé de Lupiana (Guadalajara), donde estuvo cinco años preso. Finalmente autorizaron que pasara desde Lupiana al monasterio de San Francisco de Guadalajara. Cabrera de Córdoba dice en mayo de 1614 que aún no había sentencia alguna.

Después de cinco años de prisión. Decidió consagrarse a Dios. El Rey le concedió el permiso para ordenarse sacerdote, mientras arregló mediante escrituras y contratos sus asuntos económicos para el pago de sus cuantiosas deudas. Se ordenó sacerdote a mediados de 1617 a los 70 años de edad, firmando los documentos en adelante con los títulos de Presbítero-Almirante.

Mientras estuvo en prisión su lectura favorita fueron los libros sagrados, afición que conservó desde joven. En su vejez se entregó por completo al estudio de la historia sagrada. De todas las ramas de la ciencia su predilecta era la genealogía, como nos revela sus relaciones y amistades con algunos de los más famosos historiadores de su tiempo como Antonio de Herrera, Cabrera de Córdoba, López de Haro, Luis de Castilla, Baltasar Porreño, que le citan con encomio y aplauso.

De los trabajos históricos y genealógicos realizados por el Almirante de Aragón se ha conservado el libro titulado: “ Augustísima Genealogía de Jesu Christo nuestro señor, según su sacratísima humanidad, sacada literalmente de los Evangelios de San Matheo, y San Lucas y comprobada con las historias de los libros sagrados del testamento viejo”. Este libro se encuentra en la sala de Manuscritos de la Biblioteca Nacional.

En 1622 el rey Felipe IV en uno de sus primeros actos le propuso para obispo de Sigüenza, en premio de sus grandes méritos y como recompensa a la injusta persecución y casi martirio que sufrió en el anterior reinado. Además pidió el Almirante al Consejo de Castilla que examinasen e informasen sobre este libro al Rector y al Claustro de la Universidad de Alcalá de Henares, la contestación fue que por ellos merecía el grado de Doctor y de Maestro.

En 1622 le consagró en la parroquia de San Andrés, el Inquisidor General, Andrés Pacheco. Estando de partida para su iglesia, murió en Madrid el 1 de marzo de 1623, a los 76 años de edad. Mandó que se le diese sepultura en la Capilla de las Santas Formas del Colegio Máximo que la Compañía de Jesús tenía en la Universidad de Alcalá de Henares y del que era cofundadora su hermana Catalina de Mendoza. En 1632 fue trasladado a la bóveda principal de la iglesia, debajo del altar mayor, sin más epitafio que su fama. Asimismo dispuso se entregasen a este Colegio de su peculio 6.000 ducados, para emplearlos en el templo y en la casa.19

Francisco de Mendoza poseyó dos bibliotecas, una suya y otra que heredó de su hermano, Pedro González de Mendoza, bailío de Lora. Desafortunadamente no se ha encontrado el inventario individual de esta biblioteca, por lo que no hay manera de saber que libros pertenecían al Presbítero- Almirante y cuáles al Bailío.20 Dos años después de su muerte se puso en venta su biblioteca.

1 MARTINEZ IBAÑEZ, Enrique i FORT NAVARRO, Albert. Ondara: Canvis després de l´expulsio dels moriscos (1). Aguaits, nº 17, pag 27.

2 ANALES DE LA REAL ACADEMIA MATRITENSE DE HERALDICA Y GENEALOGIA. Homenaje a don Faustino Menéndez Pidal. Volumen VIII/2. Madrid 2004, pags 626-627.

3 MARTINEZ IBAÑEZ, Enrique i FORT NAVARRO, Albert. Ondara: Canvis després de l´expulsio dels moriscos (1). Aguaits núm 17, pag 28.

4 ORTICONI, Jean Christophe. Marqués de Massa. El marquesado de Guadalest, pag 246.

5 MARTINEZ IBAÑEZ, Enrique i FORT NAVARRO, Albert. Ondara: Canvis després de l´expulsio dels moriscos (1). Aguaits núm 17, pag 29.

6 Francisco López de Mendoza y Mendoza, nació en 1547 en Granada donde su padre era el Alcaide de la Alhambra, en su calidad de Capitán General de Granada. Era el tercer hijo de Íñigo López de Mendoza y de María de Mendoza, marqueses de Mondéjar, y hermano del VI duque del Infantado, Juan Hurtado de Mendoza. A menudo se le menciona como Francisco de Mendoza y durante su matrimonio con María de Cardona y Colón como Francisco de Cardona. A la edad de doce años recibió el hábito de Caballero de la Orden de Calatrava; a los quince años estudió Artes en la Universidad de Alcalá de Henares y después Filosofía y Derecho en la de Salamanca junto con sus hermanos. Después de licenciarse en 1565 y bajo la tutela del que después sería obispo de Coria (Cáceres), Pedro García de Galarza, estudió las sagradas escrituras con el deseo de continuarlos. Pero no pudo, ya que en 1567 se rebelaron los moriscos en las Alpujarras. Francisco de Mendoza intervino en esta contienda bélica a las órdenes de su padre, a tanto llegó su valor y pericia que pronto fue nombrado capitán y veedor general de las tropas de su padre. Dos años después, su padre, fue relevado en el mando del ejército por Juan de Austria, hermanastro del rey Felipe II. Acompañó a su padre en su cargo como embajador en Roma, virrey de Valencia (1572-1575) y de Nápoles (1575-1579), por cuyos servicios le fue concedida la Encomienda de Valdepeñas en la Orden de Calatrava. Aunque durante estos años vino a España unas cuantas veces, no fijó definitivamente su residencia en España hasta la primavera de 1580, cuando su padre volvió, para morir poco después en Mondéjar. A la muerte de su padre, le ocupó por bastante tiempo en asuntos personales, referentes a la herencia del marqués de Mondéjar, cuya hacienda no estaba en próspero estado.

7 MARTINEZ IBAÑEZ, Enrique i FORT NAVARRO, Albert. Ondara: Canvis després de l´expulsio dels moriscos (1). Aguaits núm 17, pag 28.

8 MARTINEZ IBAÑEZ, Enrique i FORT NAVARRO, Albert. Ondara: Canvis després de l´expulsio dels moriscos (1). Aguaits núm 17, pag 29

9 MARTINEZ IBAÑEZ, Enrique i FORT NAVARRO, Albert. Ondara: Canvis després de l´expulsio dels moriscos (1). Aguaits núm 17, pag 29.

10 De las rentas e intereses que se ventilaban en este pleito, baste decir que sólo de lo situado en la Caja de Panamá, había de percibir María de Cardona y Colón una renta de 17.000 ducados anuales; y como esta no se había cobrado desde que empezó el pleito, en 1591 importaba 230.000 ducados; más 41.600 a que ascendían los frutos de la isla de Jamaica, que se calculaba que valdrían al menos 3.000 ducados al año, más 30.000 ducados por los derechos de entrada de los negros vendidos en Jamaica en los años 1589 y 1590; más otras sumas, que sería extenso enumerar aquí.

11 BOLETIN DE LA ASOCIACION ESPAÑOLA DE EXCURSIONES. Tomo I. Madrid marzo de 1893 a febrero de 1894, pag 65.

12 MARTINEZ IBAÑEZ, Enrique i FORT NAVARRO, Albert. Ondara: Canvis després de l´expulsio dels moriscos (1). Aguaits núm 17, pags 28-29.

13 ORTICONI, Jean Christophe. Marqués de Massa. El marquesado de Guadalest, pag 246.

14 MARTINEZ IBAÑEZ, Enrique i FORT NAVARRO, Albert. Ondara: Canvis després de l´expulsio dels moriscos (1). Aguaits núm 17, pag 29.

15 ORTICONI, Jean Christophe. Marqués de Massa. El marquesado de Guadalest, pag 246.

16 GARCIA DE PAZ, José Luis. Los Mendoza: Francisco, el Almirante de Aragón. Universidad Autónoma de Madrid, 2012.

17 EGIDO, Aurora y LAPLANA, José Enrique. Mecenazgo y humanidades en tiempos de Lastanosa. Homenaje a Domingo Yndurain. Trevor J. Dadson. Las bibliotecas de la nobleza: dos inventarios y un librero, año de 1625. Instituto de estudios Altoaragoneses. Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 2008, pag 257.

18 EGIDO, Aurora y LAPLANA, José Enrique. Mecenazgo y humanidades en tiempos de Lastanosa. Homenaje a Domingo Yndurain. Trevor J. Dadson. Las bibliotecas de la nobleza: dos inventarios y un librero, año de 1625. Instituto de estudios Altoaragoneses. Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 2008, pag 257-258.

19 RODRIGUEZ VILLA, Antonio. Don Francisco de Mendoza, Almirante de Aragón. En homenaje a Menéndez Pelayo en el año vigésimo de su profesorado. Estudios de erudición española, 2 vols. Librería General de Victoriano Suárez, Madrid 1899, II pags 487-610.

20 TREVOR J. DADSON. Las bibliotecas de la nobleza: dos inventarios y un librero, año de 1625. Quenn Mary, Universidad de Londres. Mecenazgo y Humanidades en tiempos de la nobleza. Homenaje a Miguel Yndurain, Aurora Egido y José Enrique Laplana. Institución Fernando el Católico. Instituto de estudios altoaragoneses. Zaragoza, 2008, pags 253-302.

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