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Sábado, 28 Febrero 2015 15:51

El Palau (7) Francisco de Cardona y Ligne, V Marqués de Guadalest

Escrito por  José Francisco Blasco Cobeño
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D. Francisco de Cardona y Ligne nació en Bruselas, hijo de D. Felipe de Cardona y Borja, IV marqués de Guadalest y de Dª. Ana María de Lygne, hija del Principe de Ligne, cuando su padre ejercía de embajador en Flandes, siendo sus padrinos de bautizo los Archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia. Ernesto Hurtado (AHUV, Genealogía de los Cardona) afirma que era hijo del primer matrimonio de D. Felipe de Cardona con Dª. Elisa de Bas. Según este investigador en el Archivo del Ministerio de Justicia, en los expedientes del marqués de Risbourg y del duque de Croy, existen copias de las capitulaciones matrimoniales de D. Felipe de Cardona y de Dª. Ana de Ligne de 8-12 de noviembre de 1613. Si esta fue la fecha del matrimonio, es difícil, aunque no imposible, cuadrar determinados datos de la biografía de D. Francisco de Cardona, como hijo de Dª. Ana de Ligne.1

Caballero de la Orden de Alcántara en 1618, Comendador de Quintana en ella y de Vinaròs en la de Montesa, Gentilhombre de la Cámara de Su Majestad, de su Consejo y Bayle General de la Ciudad y Reino de Valencia cuando se conmemoró el IV Centenario de la conquista. A la edad de quince años sirvió de Capitán de Caballos en Flandes.2 A la muerte de su padre, heredó el marquesado, siendo el V marqués de Guadalest.

D. Francisco de Cardona y Ligne, V marqués de Guadalest, fue uno de los máximos representantes de la nobleza valenciana junto al duque de Gandía y tuvo un papel determinante en el mundo del bandolerismo valenciano. A pesar de su posición social preeminente y el prestigio que disfrutaba entre sus compatriotas no evitarán, que a lo largo de su vida, toda una serie de medidas represivas contra el o sus familiares y amigos; medidas que arbitrarán los virreyes, el Consejo de Aragón y hasta el propio monarca. Medidas represivas que se alternarán con concesiones de más cargos y honores. Dada su condición de gran noble, estas medidas represivas, muy a menudo, se limitarán a apartarlo de Valencia, obligándole a residir en sus estados o en algún lugar de Castilla, incluida la misma corte.

En 1620 ante la imposibilidad de hacer frente a los pagos de las pensiones de los censales, Dª. Anna de Ligne, mujer de D. Felipe de Cardona, IV Marqués de Guadalest, ya fallecido, como administradora de su hijo D. Francisco de Cardona, firmó una concordia con los acreedores de la casa, en la que se afirma:

1º.- Que antes de la expulsión de los moriscos sus estados rendían más de 20.000 libras al año y en la actualidad, sólo 8.325.3
2º.- Que según la provisión hecha sobre los asuntos particulares de “las cosas del presente Reino de Valencia” promulgada en Madrid el 9 de junio de 1614, Su Majestad autorizó al Marqués de Guadalest a tomar para sus alimentos el tercio de todas sus rentas y, después de descontar otros alimentos y gastos, el resto se repartirá entre los acreedores de la casa, pero reduciendo las pensiones de los censales a un sueldo por libra, los que respondía directamente el Marqués; y aquellos censales a los que respondían la universidad y aljama a seis dinero por libra (5% y 2,5%, respectivamente).

3º.- Que, a pesar de la reducción mencionada, era imposible hacer frente al pago de las pensiones y demás deudas.

Por todo esto se acordó, entre otras cosas, los siguientes aspectos:

1º- Reducir las pensiones a seis dinero por libra de los censales que respondía el Marqués y a tres dinero por libra, los que respondían la universidad y aljama (2,5% y 1,25%, respectivamente).

2º.- Los marqueses se comprometían a pagar a sus acreedores 4.600 libras al año, en dos pagas, una por San Juan y otra en Navidad.

3º.- Esta cantidad se destinaría: 1.600 libras para pagar las pensiones; y las restantes 3.000 para dejar (redimir) censales.
4º.- Se habían de arrendar las posesiones de los marqueses, suficientes para cubrir las 4.600 libras anuales. Esta cantidad se depositaría en la Mesa de Cambios a disposición de los acreedores.

5º.- La marquesa y sus sucesores debían asumir los alimentos adjudicados o que se adjudicaron a D. Antonio de Cardona, Dª. María de Cardona, hija de los marqueses, D. Christophol y D. Felipe, hijos del Marqués, así como otros salarios y gastos, de manera que los acreedores recibieron dicha cantidad sin ningún detrimento.

A pesar de todo lo ventajoso y claro del acuerdo, en años sucesivos asistiremos a episodios de impago de la presente concordia. Hasta que en la segunda mitad del siglo XVIII, año 1776, se tuvo que vender Riba-roja, previa autorización del Monarca, para hacer frente a los pagos.4

El Rey Felipe IV, siguiendo la antigua costumbre de premiar los servicios prestados por personas de mérito relevante o por sus antepasados, hace merced del oficio de Almirante de los Reinos de la Corona de Aragón (exceptuadas las dos Sicilias), como prueba de amor y de gratitud, a su consanguíneo D. Francisco de Cardona, Marqués de Guadalest, sucesor de dicha Casa y estados, para el caso de morir o renunciar aquel cargo su actual poseedor D. Francisco Folch de Cardona (antes D. Francisco de Mendoza y Mendoza). Y para ejercer debidamente esa autoridad, le concede todos los fueros y prerrogativas propios de su jurisdicción, con poder de administrar justicia civil y criminal sobre personas y cosas a ella sometidas, por mar y tierra, así en causas primeras como en apelaciones; con obligación de prestarle obediencia cuantos funcionarios de cualquier índole y súbditos en general sean pertenecientes a la Corona. Esta concesión de derechos, sueldo y preeminencias correspondientes, se entienden previo juramento de conducirse bien y lealmente en el ejercicio de su cargo. Conmina con la pena de 10.000 florines de oro, de Aragón, a quien contravenga lo dispuesto en este documento, que firma y sella en Madrid, a 9 de Junio de 1622.5

Al morir en 1623 D. Francisco de Mendoza y Mendoza, el título de Almirante de Aragón pasa a Francisco de Cardona y Ligne, V marqués de Guadalest.

La trayectoria de D. Francisco de Cardona se reforzaría con el doble casamiento (el y su hermana María) con los hermanos Palafox (el III marqués de Ariza y su hermana Lucrecia de Palafox). Casamiento que venía acompañado de la concesión de 2.000 ducados de renta de la Encomienda de Montesa y a la futura sucesión a la Bailia General del Reino de Valencia a D. Francisco de Cardona por los servicios que su padre había prestado como embajador de Flandes. Unos casamientos que acabaron de condicionar la descendencia futura de la casa de Guadalest en los cruces de la línea sucesoria.6

D. Francisco de Cardona contrajo matrimonio en 1631 con Dª. Lucrecia de Palafox, hija de D. Jaime de Palafox, II marqués de Ariza, dama de la reina Dª. Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV. Este matrimonio, en el que siempre hubo problemas, convivía con Dª. Ana de Ligne, marquesa viuda de Guadalest, en la casa que los almirantes de Aragón poseían en Valencia, en la calle del Almirante. El matrimonio tuvo tres hijos: Jaime (futuro arzobispo de Palermo y Sevilla), Felipe (VI marqués de Guadalest) y Ana María.7

Cuando el rey visitó Valencia en 1632, como escala de alguno se sus viajes y en 1645, para celebrar cortes, D. Francisco de Cardona estará presente, ocupando un lugar preeminente y participando activamente en los actos, ceremonias o reuniones celebradas.

Por lo que respecta a sus vinculaciones con los bandos muy pronto se pusieron de manifiesto en el contexto de los enfrentamientos entre los Anglesola y los Minvarte. D. Francisco de Cardona y Ligne, V marqués de Guadalest y Almirante de Aragón tutelaba claramente a los Anglesola, mientras que los Minvarte contaban con la protección del arzobispo. Este por encargo del rey propiciará la firma de unas paces en julio de 1637, que al remate resultaron efímeras. Nuevos enfrentamientos harían saltar todas las alertas, ya que la situación de falta de control afectaba a la misma Audiencia. Sobre el estallido de los bandos en los informes y consultas entre la corte y Valencia, el Almirante ya figura como máximo protagonista. Hasta se le atribuye, sin ninguna duda, un asesinato, pero pese a las evidencias sólo era posible recurrir a medidas como el exilio por falta de pruebas, ya que ninguno se atrevía a declarar en su contra.

En 1637 a D, Francisco de Cardona se le ordenará, de forma fulminante, que pasase a residir en Guadalest hasta nueva orden real. El motivo era aparentemente fútil, pero había osado poner en cuestión las preeminencias de la autoridad virreinal. Ante sus ruegos y arrepentimiento, el Almirante de Aragón pronto volverá a Valencia, de tal modo que el 14 de diciembre de 1637 juró de Baile General de Valencia. J. Casey destaca que fue esta una de las pocas excepciones de confluencia de cargos importantes de la administración del reino en manos de miembros de la alta nobleza.

Aprovechando que el propio Almirante había presentado un memorial para poder acudir a la corte “a negocios que se le offrescian”, el Consejo de Aragón recomendaría su expulsión de sus territorios a finales de 1638.

La estancia y retención del Almirante en la corte desde principios de 1639, no evitaría que continuaran los graves enfrentamientos entre las facciones; enfrentamientos que tuvieron como resultado el asesinato de Minvarte a finales de 1638 y que culminaron con el homicidio de un juez de la Audiencia del bando contrario, en julio de 1642.

El Almirante intentará volver en mayo de 1641, pero el Consejo de Aragón informará negativamente no sólo “por los bandos de que es muy parcial”, sino porque además el virrey que gobernaba “es su pariente”. Sin embargo el Consell todavía confiaba en reconducir el carácter del Almirante, eso explica el nombramiento del Almirante como capitán del Regimiento del Príncipe en abril de 1642. Pero sin duda la máxima aspiración frustrada del V marqués de Guadalest fue obtener la “grandeza”, privilegio que solicitará en más de una ocasión sin conseguirlo.

En el contexto de una guerra próxima al Principado se recurrió a la mediación del Almirante para conseguir el fin de las hostilidades de los bandos y de este modo propiciar una mayor colaboración del reino en la guerra. Así a finales de 1642 se encuentra en Valencia titulando la firma de las paces entre los jefes de los bandos.8 D. Francisco de Cardona a lo largo de su vida mantendrá su liderato sobre una gran parte de los estamentos, como ocurrió en 1642, cuando los estamentos, por primera vez fuera de las Cortes, se comprometieron a reclutar un servicio de de 2.000 hombres. El Almirante será el encargado de llevarlo a buen fin. Una vez finalizada sus gestiones, tanto los estamentos como el propio virrey enviarán al monarca un informe muy elogioso.9

En esta época la pequeña población de Betxí, tenía una pequeña iglesia, orientada al este y bajo la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, estaba situada en la placeta de la Iglesía. En 1642 D. Francisco de Cardona y su madre Dª. Ana de Ligne, regalaron a la pequeña iglesia de Betxí una campana de 159 kg de peso y de 65 cm de diámetro, de nombre María.

En la parte superior pone:

“#ABE MARIA#GRATIA#PLENA#DOMINUS TECUM#1642”

En una línea inferior, con letra mas pequeña pone:

“#SIENDO IVSTICIA GERONIMO PUGAL# I IVRADOS BERNARDO BARBERA#pO MIRALES#”

En el medio pie pone, en dos líneas:

“#HIZOSE ESTA CAMPANA#SIENDO SENORA+LA M ILUSTRISIMA#SENORA DONA#ANA DE LIHNE I DE CARDONA#I SU HIJO#I MUI#ILUSTRE#SENOR DON FRANCISCO#DE CARDONA#ALMIRANTE#DE ARAGON#”

Se trata de una de las campanas más interesantes de la Comunidad Valenciana. La campana es de capital importancia por su epigrafía tan original, ya que combina el latín y el español, además de poner los nombres de varios personajes. Hace falta incoar expediente para declararla Bien de Interés Cultural.10

En 1644, para alejarse de sus indomables madre y esposa, D. Francisco de Cardona y Ligne solicitó licencia para irse al ejército, lo que consiguió del rey Felipe IV. A los pocos días de haberse marchado su hijo, Dª. Ana de Ligne, encontrándose de paso por el castillo de Guadalest, falleció de repente en este lugar,11fue enterrada en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Guadalest, en la cripta funeraria que hay al lado del evangelio.12

En la corte del año 1645 se tenía una opinión negativa de D. Francisco de Cardona, percepción que aumentará en los años siguientes, pese a que su prestigio personal en el seno del reino y especialmente entre la nobleza parece mantenerse durante toda su vida.

En la primavera de 1648 hubo una fuerte represión del mundo del bandolerismo. Esta represión, si bien no pudo liquidar la complicada red de los bandos, si que mermó la influencia del Almirante en la vida diaria de la Valencia del siglo XVII. Con esto, las clientelas que daban apoyo al Almirante sufrieron un fuerte golpe. En este año, cuando se prevé la posibilidad de nombrar un general para las tropas reales en la frontera, los diputados, el reino y la ciudad de Valencia librarán sendos memoriales solicitando la plaza para el Almirante de Aragón. Esta consulta fue realizada en unos momentos en que el Almirante estaba exiliado de nuevo en Madrid, por orden del rey.

En 1651 el Almirante de Aragón renunciará al cargo de Baile General de Valencia, en favor de D. Cristóbal de Cardona, nieto en la línea bastarda del II marqués de Guadalest, del mismo nombre y por tanto sobrino en tercer grado del propio Almirante. Este Cardona morirá el mismo año que D. Francisco de Cardona, V marqués de Guadalest, en 1664, y con motivo de la nueva sucesión al cargo, se presentarán numerosos memoriales para obtener el nombramiento, incluso para el nuevo Almirante de Aragón, el VI marqués de Guadalest, D. Felipe de Cardona y Palafox.13

En marzo de 1653 se autorizó al Almirante de Aragón a volver a Valencia para cuidar de su hacienda. Su llegada a la ciudad coincidió con un nuevo periodo de crispaciones de todo tipo. La gestión del nuevo virrey, el duque de Montalto, provocó de inmediato una reacción contraria de casi toda la nobleza, y el Almirante se puso en medio del conflicto. A primeros de octubre de 1653 llegaba el Almirante a Valencia. Haciendo honor a su fama de hombre violento y sin escrúpulos, el Almirante protagonizó uno de sus “desordres” más clamorosos; se trataba del primero de una serie de delitos, en el que las mujeres son el motivo aparente de la discordia o del enfrentamiento. A los pocos días Vicente Ayerve, escribano de la corte eclesiástica, era asesinado por orden suya. Las razones según el virrey y sus confidentes, radicaban en los deseos de venganza de una mujer Paula Verger, amante del Almirante, despechada de que su anterior amante, Vicente de Aragón, lo hubiese abandonada.

La vuelta de Madrid a mitad de marzo de 1654, provocaría una serie de escándalos sucedidos en el convento de la Encarnación, algunas monjas se tuvieron que cambiar a otros de la ciudad de Valencia. En el caso de Paula Verger el cambio fue al convento de Santa Ana. La priora y el resto de las monjas “quedaron temerosísimas de las amenazas del Almirante conociendo que no hay sagrado ni sacerdocio que le embarace para sus violencias”. Las amenazas se habían dirigido también contra los familiares de estas monjas si dificultaban la relación. Debemos tener en cuenta que muchas monjas eran miembros de la nobleza y el peligro de nuevos enfrentamientos era evidente.14 Por otra parte, el Almirante volvía a participar directamente en las actividades de los bandos, recibiendo en su casa a toda clase de delincuentes. El Almirante para materializar sus amenazas recurría a sicarios como José Valterra, según el virrey, José Valterra fue el encargado de matar al síndico de la ciudad de Valencia, Francisco Romero, por oponerse a unas peticiones del Almirante. Acción que finalmente se quedó en una simple amenaza.

El virrey, duque de Montalto, en julio de 1655 ordenó el encarcelamiento del marqués de Benavites y de su tío en el castillo de Xàtiva. Debemos considerar que el hijo del Almirante, D. Felipe de Cardona y Palafox, era cuñado del marqués de Benavites, con lo cual la colaboración en la defensa de la familia era obligada para el clan Cardona, lo que obligaría al Almirante a situarse en la primera línea de oposición a la gestión del virrey Montalto.

A primeros de octubre de 1655 el Almirante había recibido la orden de marchar hacia Castilla y detenerse a 20 leguas antes de entrar en la corte. Finalmente sería confinado en Ocaña; un confinamiento que concluiría a finales de 1656, cuando el Almirante mostró oficialmente su arrepentimiento. En realidad el Almirante transgredió el mandato real, presentándose de incógnito en Valencia en más de una ocasión y paseándose por la corte a la vista de todos.15

Más revelador aún de la temeridad de padre e hijo y de su correspondencia con bandos y malhechores es el episodio de los amoríos del V marqués de Guadalest con la actriz Luisa Romero. En noviembre de 1658, D. Francisco de Cardona y Ligne, rendido a los encantos de esta mujer, que había conocido durante su estancia en la corte, decidió llevarla consigo a Valencia. Informado el virrey Montalto, conminó al Almirante con el embargo de la renta que disfrutaba sobre el tercio diezmo de Morella si no devolvía de inmediato a la actriz a su casa paterna en Castilla. Este, por el contrario, se dio a la fuga con su amada, y escoltados por treinta hombres atravesaron sus dominios más meridionales hasta arribar, en enero de 1659, a las puertas del monasterio de Santa Clara de Elche, donde, pese a la resistencia inicial de las religiosas franciscanas, quedaron recogidas la comediante y sus tres criadas. De allí partió hacia Murcia el Almirante de Aragón con la intención de obtener del provincial de la orden garantía del ingreso de Luisa, encareciéndole los graves daños y las muchas muertes que se producirían si el juez que les perseguía llegaba a prenderla, porque en el reino tenía a más de quinientos hombres de armas a su devoción. Cuando el nuevo virrey Manuel de los Cobos, marqués de Camarasa, tuvo noticia de esta doble violencia, optó, lejos de avivar la captura del Almirante, por obrar con prudencia. En primer lugar, porque sabía que sería imposible probar los excesos cometidos en el convento ni las amenazas hechas al provincial, ya que los religiosos no testificarían ante la jurisdicción real, ni se podría apremiar a los seglares a declarar, por ser todos criados o deudos del Almirante. Y en segundo lugar, porque no era conveniente para la paz pública que este magnate se perdiera, pues si sus parciales le empujaban a darse la mano con D. Jaime Ruiz de Castellblanch, (señor de la Torre Baixa, auténtico amo de Ademuz), podrían encenderse unos bandos que comprendiesen lo más de la nobleza de este reino, y seguirse muchos daños con pocos medios para remediarlos. Así pues, Camarasa se limitó a aguardar que el deseo se enfriara, lo que no tardó mucho en ocurrir. En junio en I659, Luisa Romero volvió a la corte, y el V marqués de Guadalest, arrepentido, purgó sus faltas con el arresto en su palacio de Ondara y una fianza de 4.000 ducados. Cuestión bien distinta es que D. Francisco de Cardona cortara además sus lazos con las partidas de bandoleros.16

Restablecida la armonía en el matrimonio, los marqueses se fueron a vivir en la Corte de Madrid, desde entonces, los Cardona vivieron habitualmente en la capital, realizando muy cortas estancias en sus posesiones valencianas.17

El clero de la Seo no fue ajeno a las bandosidadesque aglutinaron a buena parte de la sociedad valenciana durante el siglo XVII. Se trataba a menudo de hombres de escasa vocación religiosa, ingresados en las filas del clero para hacerse con pingues beneficios o para obtener las ventajas inherentes al privilegium fori, lo que les eximía de la justicia ordinaria sin necesidad de renunciar a una vida seglar poco honesta. Lo demuestra el caso del chantre18 D. Ventura Ferrer, líder de una de las facciones catedralicias que, con el apoyo externo del bando de los Vallterra, luchaba por el control de la primera iglesia del reino. Frente a él, el grupo de canónigos patrocinado por el Almirante de Aragón, a la cabeza de la parcialidad contraria y responsable último del asesinato del chantre en 1661, suceso este que pondría al descubierto la imbricación entre el mundo eclesiástico y el fenómeno del bandolerismo.

El Almirante protagonizará uno de los “desordres” más dramáticos de su vida, enfurecido porque D. Ventura Ferrer, chantre de la catedral de Valencia, galanteaba a su hija bastarda D. María Isabel de Cardona, el Almirante hizo que dos de sus allegados, D. Vicente Adell y D. Jaime de Próxita, relacionados de antiguo con facciones y parcialidades, lo asesinaran el 1 de marzo de l66l, a las doce y media del mediodía cuando regresaba a casa, después de haber pasado casi toda la mañana en la Catedral. A la altura del trinquete de Caballeros D. Ventura Ferrer se topó con un par de desconocidos, que sin mediar palabra le descerrajaron dos carabinazos en el vientre antes de darse a la fuga.19

Al día siguiente se inició la investigación, en la que desde el primer momento hasta el final faltó colaboración por parte de testigos y familiares de la victima, silenciados por miedo o afán de venganza.20 Aunque la voz pública y un anónimo recibido por el virrey Camarasa guiaron a la justicia hasta ellos, ambos pudieron sortear su garra. Las cartas de D. Francisco de Cardona y Ligne que los oficiales requisaron en casa de Adell probaban su amistad y su común trato con bandidos, pero no su participación en el crimen. Y por su parte, D. Jaime de Próxita tomó la prevención de deshacerse de uno de los ejecutores del asesinato, un pobre diablo llamado Gaspar Diana, que cometió el error de irse de la lengua. De nada sirvió que el juez Melchor Sistemes de Oblites indagara durante dos meses en Xátiva, donde Próxita vivía a sus anchas; el caso, como tantos otros, acabó resolviéndose con el prendimiento y destierro de Adell por la vía económica, por "razón de bandos". Por lo demás el Almirante y su hijo siguieron, como ya observamos, receptando malhechores.21

Una semana más tarde del asesinato de D. Ventura Ferrer, D. Francisco de Cardona y Ligne obligaba a su hija, Dª. Isabel de Cardona a ingresar en el convento de Nuestra Señora de Gracia, en la Zaida, donde permanecería al menos hasta 1668.22

Una vez más D. Francisco de Cardona y Ligne, V marqués de Guadalest y Almirante de Aragón, no rendiría más cuentas por ordenar el asesinato de D. Ventura Ferrer. Su condición le libró nuevamente de la prisión y el destierro que hubieron de padecer la mayoría de los encausados en el suceso. Sólo fue llamado a la Corte, donde permanecerá hasta el final de sus días.23

Durante la Revolta dels Llauradors de l´Horta de 1663, los electos de los tres estamentos se valdrán de su persona para hacer llegar a la corte diversos memoriales.24

De D. Francisco de Cardona se conserva manuscrito en la Biblioteca Nacional un extenso memorial al Rey Carlos II, alegando la importancia del Almirantazgo de Aragón, el lustre de la Casa de Cardona y de sus allegados, y los propios merecimientos del exponente para que se concediese al Marquesado de Guadalest, la Grandeza de España.

El final de sus días tendrá lugar en 1664, después de una intensa, y para muchos, desordenada vida, tanto desde la perspectiva personal como de la pública.25

1 GUIA MARIN, Lluis-J. Dona, honor i bandolerisme: els “desodres” de l´Almirall d´Aragó en la Valencia del sigle XVII. Revista de Estudis nº 28. Universidad de Valencia, (2003), pags 292-293.

2 DE UHAGON,Francisco Rafael,Marqués de Laurencin. Informes Generales. Los Almirantes de Aragón. Datos para su cronología. Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 74, Madrid abril 1919, pag 361.

3 En el Archivo del Reino de Valencia RA Procesos parte II, letra M, exp. 1.333, pag. 329 y ss., Encuentran otros valores: 16.385 libras, para antes de la expulsión y 8.626 para después. Las diferencias podrían ser debidas a que los datos se tomaron en años diferentes y los arrendamientos solían cambiar cada cuatro años.

4 MARTINEZ IBAÑEZ, Enrique i FORT NAVARRO, Albert. Ondara: Canvis desprès de l´expulsió dels moriscos (II). Aguaits nº18, pags 58-59.

5 DE UHAGON,Francisco Rafael,Marqués de Laurencin. Informes Generales. Los Almirantes de Aragón. Datos para su cronología. Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 74, Madrid abril 1919, pags 361-362.

6 GUIA MARIN, Lluis-J. Dona, honor i bandolerisme: els “desodres” de l´Almirall d´Aragó en la Valencia del sigle XVII. Revista de Estudis nº 28. Universidad de Valencia, (2003), pag 293.

7 ORTICONI, Jean Christophe. Marqués de Massa. El marquesado de Guadalest, pag 247.

8 GUIA MARIN, Lluis-J. Dona, honor i bandolerisme: els “desodres” de l´Almirall d´Aragó en la Valencia del sigle XVII. Revista de Estudis nº 28. Universidad de Valencia, (2003), pags 294-297.

9 GUIA MARIN, Lluis-J. Dona, honor i bandolerisme: els “desodres” de l´Almirall d´Aragó en la Valencia del sigle XVII. Revista de Estudis nº 28. Universidad de Valencia, (2003), pag 290.

10 CAMPANERS DE LA CATEDRAL DE VALENCIA.

11 ORTICONI, Jean Christophe. Marqués de Massa. El marquesado de Guadalest, pag 248

12 CASTELL DE GUADALEST - NOSTRA VALENCIA. Wwwnostravalencia.com/cultural/castelldeGuadalest/.../caracteristicas.htm

13 GUIA MARIN, Lluis-J. Dona, honor i bandolerisme: els “desodres” de l´Almirall d´Aragó en la Valencia del sigle XVII. Revista de Estudis nº 28. Universidad de Valencia, (2003), pag 291.

14 GUIA MARIN, Lluis-J. Dona, honor i bandolerisme: els “desodres” de l´Almirall d´Aragó en la Valencia del sigle XVII. Revista de Estudis nº 28. Universidad de Valencia, (2003), pag 303.

15 GUIA MARIN, Lluis-J. Dona, honor i bandolerisme: els “desodres” de l´Almirall d´Aragó en la Valencia del sigle XVII. Revista de Estudis nº 28. Universidad de Valencia, (2003), pag 295-307.

16 CATALA SANZ, Jorge Antonio. Consideraciones sobre el desenlace del proceso de pacificación de la nobleza valenciana. Studia Histórica: Historia Moderna nº 14. Ediciones de la Universidad de Salamanca (1996), pgs 160-161.

17 ORTICONI, Jean Christophe. Marqués de Massa. El marquesado de Guadalest, pag 248

18 Es un canónigo de las iglesias catedrales, a cuyo cargo estaba antiguamente la dirección del canto en el coro.

19 CALLADO ESTELA, Emilio. El asesinato del Chantre Don Ventura Ferrer. Clérigos y bandos en la Seo valentina seiscentista. Hispania Sacra, Vol 66, nº 133 (2014), pag 119.

20 CALLADO ESTELA, Emilio. El asesinato del Chantre Don Ventura Ferrer. Clérigos y bandos en la Seo valentina seiscentista. Hispania Sacra, Vol 66, nº 133 (2014), pag 120.

21 CATALA SANZ, Jorge Antonio. Consideraciones sobre el desenlace del proceso de pacificación de la nobleza valenciana. Studia Histórica: Historia Moderna nº 14. Ediciones de la Universidad de Salamanca (1996), pgs 160-161.

22 CALLADO ESTELA, Emilio. El asesinato del Chantre Don Ventura Ferrer. Clérigos y bandos en la Seo valentina seiscentista. Hispania Sacra, Vol 66, nº 133 (2014), pag 122.

23 CALLADO ESTELA, Emilio. El asesinato del Chantre Don Ventura Ferrer. Clérigos y bandos en la Seo valentina seiscentista. Hispania Sacra, Vol 66, nº 133 (2014), pag 127.

24 GUIA MARIN, Lluis-J. Dona, honor i bandolerisme: els “desodres” de l´Almirall d´Aragó en la Valencia del sigle XVII. Revista de Estudis nº 28. Universidad de Valencia, (2003), pag 291.

25 GUIA MARIN, Lluis-J. Dona, honor i bandolerisme: els “desodres” de l´Almirall d´Aragó en la Valencia del sigle XVII. Revista de Estudis nº 28. Universidad de Valencia, (2003), pag 294.

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