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Viernes, 18 Septiembre 2015 15:35

MONOGRÁFICO

Escrito por  José Francisco Blasco Cobeño
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El objetivo de este monográfico es la visita al Palau de Betxí, que realizamos el día 26 de agosto de 2015 los componentes de la revista digital local: Lataberna.eu.

MONOGRAFICO

Historia del Palau de Betxi

José Francisco Blasco Cobeño

El Palau de los marqueses de Guadalest o de los marqueses de Ariza, es popularmente conocido como la Casota o, simplemente, el Palau de Betxí, y se encuentra en la plaza Mayor, frente al Ayuntamiento de Betxí. Se trata de un castillo-palacio de origen medieval, uno de los más importantes edificios del renacimiento civil valenciano.

¿Por qué se construyó el Castell-Palau en este lugar?

Para explicarlo nos vamos a los indicios arqueológicos existentes en el término de Betxí. Carecemos de información acerca de los orígenes de los primeros pobladores musulmanes de Betxí, pero cabe suponer que al igual que en el resto del litoral levantino, fuesen beréberes del Magreb, poco numerosos, militarizados y que no generarían confrontación con la población preexistente. Tampoco sabemos con certeza en qué momento Betxí se convirtió en un asentamiento musulmán permanente.

En mi opinión cuando hacia el siglo XI los musulmanes llegaron a las tierras de Betxí, el primer lugar que ocuparon fue la muntanyeta de Sant Antoni, donde unos pocos monjes soldados edificaron una pequeña torre, existente hoy en día detrás del altar de la ermita. Esta rábida al estar cerca de la frontera cristiana, actuaba de fortaleza y de puesto de vigilancia por estar situado en un lugar estratégico, además de ser un lugar de oración. Al cabo de unos años llegarían a nuestras tierras musulmanes provenientes del norte de África y ocuparon la antigua villa romana de La Torrassa, que estaría desierta o habitada por unos pocos hispanorromanos. En ella edificaron una pequeña alquería. No se sabe el motivo de porqué abandonaron La Torrassa, pero podría ser por la falta de abastecimiento de agua o de filtraciones de la Bassa Seca o porque los musulmanes que llegaron a nuestras tierras, como eran eminentemente agricultores, vieron que las tierras de la Huerta eran más fértiles.

Los musulmanes abandonaron La Torrassa, y crearon una nueva alquería a unos 3 km más al norte. Construyeron en la parte alta de la Acequia Mayor una torre defensiva con su albacar y su pozo de agua (placeta de Sant Joan), y a su alrededor construyeron casas, que estarían dispersas. Los pobladores de la primitiva alquería supieron aprovechar el agua de la fuente de Fontanars (o de la Canaleta), que brotaba río Seco arriba a dos kilómetros al norte de la alquería, y construyeron las canalizaciones para el riego, con la Acequia Mayor de origen romano ya reformada como divisoria entre la huerta y el núcleo de la alquería. También construyeron una nueva balsa (la Bassa del Poble), situada al norte de la nueva alquería, para recoger el agua procedente de la fuente de Fontanars. La principal causa de la fundación de Betxí fue la construcción de la Acequia Mayor y de la Bassa del Poble, para poder regar la poca huerta que tenía el término: sólo se regaban 910 hanegadas.

La torre era el elemento que garantizaba la defensa a una alquería, era el lugar de refugio de la población, y además tenía funciones de casal o centro de transacciones comerciales y administrativas del territorio. Con el tiempo, la población se fue concentrando alrededor de la torre defensiva, se edificaron casas, siguiendo el camino que iba de Nules a Onda, de forma que el primer núcleo urbano de Betxí nació alrededor de la placeta de Sant Joan y de la calle Mayor.

En un momento dado el pueblo llegó a cerrarse, para mayor seguridad de sus habitantes, a base de un sencillo muro de tapial,1 de unos 60 cm de espesor, con unos portales de entrada que con el tiempo se complicarán con la acumulación de otros portales y muros, hasta quedar como un pueblo fortificado.

En los trabajos arqueológicos efectuados en El Castell-Palau de Betxí en los años 2007 y 2008, a cargo de los arqueólogos Rafael Martínez Porral y Lourdes Tamborero Capilla, se efectuaron excavaciones en la nave este, donde se encontraron restos humanos. Su orientación hace pensar que allí hubo un cementerio musulmán. Las necrópolis en época musulmana solían ubicarse fuera de la zona del área de poblamiento, es decir donde no había casas, hecho que permite deducir, que, en el momento en que la zona acogió los enterramientos, no estaba construido aún el Castillo de Betxí (BETXÍ, 2014, XXXIX, 17).

1 Es una técnica consistente en construir muros con tierra arcillosa húmeda, compactada a golpes mediante un pisón, empleando un encofrado para formarla.

 

 

 

1: calle San José

2: calle de los Dolores

3: calle de la Piedad

4: Horno

5: Mezquita

6: calle Mayor

7: Torre

8: plaza de la Mezquita (placeta de Sant Joan)

 

 

 

 

 

Plano de Betxí en época musulmana.

 

 

El 16 de julio de 1233 es tomada Borriana por las tropas de Jaime I, y desde allí las tropas cristianas iniciaron una serie de ataques contra Onda, Nules, Uixó y Almenara sin conseguir que se rindiesen. Betxí, sin defensas, no resistiría mucho sus incursiones y sus habitantes musulmanes se entregarían al rey cristiano. Tal vez la escasa resistencia ofrecida posibilitó que el rey conquistador mantuviera a los musulmanes de Betxí sus propiedades, usos y costumbres.

Betxí es señoreado hasta 1270 por Bernat d´Olivella, obispo de Tortosa, que vendió el 15 de julio de 1270 al arzobispado de Zaragoza la villa y la iglesia de Betxí, con sus diezmos y otros derechos, siendo arzobispo Arnaldo de Peralta.

Hay noticias que indican que en 1279 la alquería de Betxi aún estaría destruida, después de la tercera revuelta de los musulmanes de Al-Azraq en 1276.

El 14 de febrero de 1354, Pedro IV el Ceremonioso, rey de Aragón, donó a Rodrigo Diaz, señor de Artana, como premio por sus servicios, el mero y mixto imperio,1 la jurisdicción alta y baja y el derecho de monedaje del maravedí2 en la villa de Betxí. Como compensación estaba obligado a proporcionar al rey un caballero armado durante un mes, si pasaba más de un mes las expensas corrían a cargo del rey. De esta forma Rodrigo Díaz, se convertirá en el primer señor laico de Betxí; el rey también le otorgó los derechos de hueste3, ejército4 y cabalgada,5 según aclaración hecha el 10 de mayo del mismo año.

En el documento de donación del rey Pedro IV a Rodrigo Díaz nada más aparece “el loco de Bechin”, sin nombrar el castillo. En un documento fechado el 24 de abril de 1357, en que Pedro IV cede a Lope Fernández de Luna, arzobispo de Zaragoza, todo el derecho del castillo y pueblo de Betxí, ya aparece que Betxí tenía un castillo.6 Con estos datos podemos conjeturar que el castillo de Betxí lo construyó Rodrigo Díaz entre los años 1354 y 1357. El señorío de Betxí pasó de Rodrigo Díaz a Lope Fernández de Luna, arzobispo de Zaragoza.

El motivo de la construcción del castillo no fue la defensa de la población de Betxí, ya que ésta disponía de una torre de alquería destinada a este fin, sino la defensa del territorio frente a los revoltosos musulmanes de la Sierra de Espadán. En estas fechas la población de Betxí tenía entre los 150 y los 200 habitantes.

Era el lugar idóneo, ya que en la parte sur de la aljama musulmana había un barranco, por lo que si construían al otro lado (de este), el castillo se quedaba separado de la aljama musulmana por dicho barranco. Si lo construían al oeste de la aljama, el castillo se quedaba lejos de la Acequia Mayor, que era el objetivo principal. Si se construía al este de la población musulmana, ocupaba zona de huerta, cosa que no interesaba ya que estas tierras eran muy fértiles. Optaron por construir el castillo al norte de la aljama musulmana, arriba de la Acequia Mayor, ya que el terreno de arriba de la Acequia Mayor era más malo que el de abajo, y además no tenían ningún accidente natural que les impidiese construirlo.

No conocemos la fisonomía del primitivo castillo feudal, pero podemos deducir que se trataba de un edificio de planta cuadrada, de tres alzadas y con torres en los ángulos laterales, con un patio central, todo él rodeado de un foso y de un puente levadizo en la entrada. Sus dimensiones serían 31 metros por cada lado y una altura de 15 metros. Se trataba de una auténtica fortaleza (MESADO, 2009, 92-94). Los restos arqueológicos identificados en la campaña 2008 confirmarían parte de esta estructura.

La nobleza valenciana de la época, propietaria de estos castillos, era principalmente urbana, solía vivir en la capital del reino pasando algunas temporadas esporádicamente en sus señoríos, por lo cual es probable que la principal función del castillo no fuese residencial sino militar (BETXÍ, 2014, XXXIX, 20-21).

La técnica de tapial con que fue construido el castillo, requería trabajos periódicos de mantenimiento, que garantizaban su conservación, pues en caso contrario, una vez que la lluvia arrancaba la capa de cal que protegía los muros, su derrumbamiento era rápido (GARCÍA, 2011, 118-119). Este aspecto pudo ser una de las causas del declive del edificio (BETXÍ, 2014, XXXIX, 21).

En 1356 estalló la guerra de los Dos Pedros, entre Pedro I el Cruel, de Castilla y Pedro IV el Ceremonioso, de Aragón. Cuando las tropas castellanas de Pedro I hicieron acto de presencia en nuestras tierras, una gran parte de las aljamas musulmanas tomaron partido por estas. El rey castellano dominaba entre otros castillos el de Artana, y los musulmanes de Betxí se adhirieron a su causa. No sabemos bajo qué pactos verbales o escritos se formalizaría la alianza entre la aljama de Betxí y el rey castellano (A. FERRER, 1999, XLIX, 365-367).

En 1363 Pedro IV, declaró traidores a los musulmanes de Betxí, por su apoyo al rey de Castilla y por el daño hecho a sus vasallos. El rey pidió al comendador de Onda de la orden de Montesa ayudado por gente del Maestrazgo, que hiciese una incursión contra Betxí, cogiendo a los musulmanes y sus bienes (X. MESADO, 2009, 85-86).

Después de la guerra con los castellanos, el 12 de marzo de 1365 el rey Pedro IV, en Artana otorga carta de perdón a los musulmanes de la Sierra de Eslida, Betxí, el Valle de Segó, Alfara, Altura y Gaibiel, les da nuevas condiciones de poblamiento, otorgándoles una nueva carta de población. En dicha carta de perdón, una de las condiciones que pusieron los musulmanes de Betxí era que fuesen perdonados de todos los crímenes y excesos mientras permanecieron fieles a los castellanos, faltas en las cuales incluyen “tots robaments de castells”. Como es de suponer el único castillo del que se apoderaron era el propio de la villa, el perteneciente al señor de Betxí. (A. FERRER, 1999, XLIX, 370).

No sabemos el motivo de cambio de señor, lo más seguro es que el arzobispo de Zaragoza, Lope Fernández de Luna, lo vendiese a Ramón de Vilanova. Este aparece ya como señor de Betxí en un documento de 1369, donde se trata de la venta de un violario7 cargado por la villa de Betxí al cambista de Valencia Jaume Feliu. Según este documento vivían en Betxí 33 familias (149 habitantes) siendo 18 cristianas (81 habitantes) y 15 musulmanas (68 habitantes).

Pelegrí Guillem Catalá compró el señorío de Betxí a Violante Boïl esposa de Pedro Ladrón de Vilanova, entre el 11 y el 29 de marzo de 1386 (X. MESADO, 2009,107). Pelegrí Guillém en su testamento otorgado el día 17 de noviembre de 1393, nombra heredero a su primogénito Pedro Guillém o en su defecto su segundo hijo Bernardo, señor de Betxí (FERRANDIS, XLIII 1903, 429). La compra fue simplemente una transacción comercial, debido a que en pocos años vendió el señorío de Betxí a Gil Ruíz de Liori.

En el año 1396 se constituye la Baronía de Betxí bajo el patrimonio de los Ruíz de Liori, caballeros ricos hombres de mesnada, oriundos de Aragón. Gil Ruíz de Liori se casó con Teresa Fernández de Heredia, era señor de Cascante, gobernador general de Aragón, consejero y camarlengo de los reyes Martín el Humano y Fernando de Antequera. Su influencia en la Corte fue inmensa.

Al morir Gil Ruíz de Liori heredó su hijo Sancho Ruíz de Liori y Fernández (1396-1420), I Barón de Betxí. Este estuvo al servicio del rey Martín el Humano en Sicília, cuya isla contribuyó a apaciguar en 1396, y en recompensa de los muchos servicios que le había prestado, le otorgó el título de Almirante de Sicilia, en este tiempo tenía una gran fortuna, comprando el vizcondado de Gallano.

Sancho Ruíz de Liori y Fernández se casó con Ramona Centelles i Riusech, hija del señor de Nules, creando un mayorazgo sobre Betxí (BREVA, 1990, 16 y 99). Murió en Sicília siendo Almirante, otorgando testamento en el Castillo de la Motta de Sant´Anastásia (Sicília) ante el notario de Catania, Jaime Cumbulo, el 25 de diciembre de 1419. Instituía por heredero universal a su hijo Sancho Ruíz de Liori y Centelles (1420-1498) II Vizconde de Gallano y Señor de Riba-roja y de Betxí, bajo ciertos vínculos y condiciones de que si moría sin hijos, le sucedía su hija Catalina y si esta tampoco tenía descendencia, su hija Leonor, de tal modo que precedía el mayor al menor y los varones a las hembras (FERRANDIS, 1903, XLIII, 429-431).

Sancho Ruíz de Liori y Centelles se casó en 1441 con Beatriz de Mur y hacia 1445 vendió las posesiones que tenía en Sicília y volvió al Reino de Valencia, por lo que intercambió con Alfonso V el Magnánimo el vizcondado de Gallano por los Valles de Seta8 y Travadell9 así como la villa de Gorga que era la cabeza de los dos valles, situados en el Reino de Valencia (MESADO-NEBOT, 2010, 7).

En las excavaciones realizadas en los años 2013 y 2014 en el Patio renacentista, han aparecido indicios de un incendio, que debió de afectar a buena parte del Castillo de Betxí. Podemos estar ante los restos de un incendio fortuito, pero también es posible que estén relacionados con algún episodio violento o de confrontación. Tenemos noticias de que a lo largo del siglo XV, el Castillo de Betxí continuó cumpliendo su función militar, durante la rebelión de Jaime de Aragón contra el rey Juan II. Así, el 18 de enero de 1463 los hombres de Jaime de Aragón habían tomado el Castillo de Eslida, fue liberado por Juan Ruiz de Liori y Mur, hijo del II vizconde de Gallano. Sin embargo, el 6 de julio de 1464, desde Valencia marchó hacia la señoría de Arenós, junto con Gilabert de Centelles, para combatir a los hombres de Jaime de Aragón, que eran venidos del lugar de Betxí, y alli habían quemado “certs forments e presos certs homes”, con los que se enfrentó el 12 de julio (BETXÍ, 2014, XXXIX, 21). Es muy posible que quemasen el castillo.

Como hemos mencionado anteriormente el incendio también pudo ser fortuito, este pudo estar relacionado con la alfarería que fue construida hacia 1812 por el vecino de Betxí, Francisco Nebot Oluja, situada en el muro Sur del Palau, y es muy probable que el horno que tenía la alfarería propagase el fuego al Palau.

En 1477 se produjeron fuertes lluvias que duraron cincuenta días y cincuenta noches, y provocaron en Betxí la caída de numerosas casas y otros edificios, hecho que podría haber hecho necesario un conjunto de reparaciones en el Castillo (BETXÍ, 2014, XXXIX, 23).

Tanto Sancho Ruíz de Liori y Centelles como su esposa Beatriz de Mur tuvieron larga vida, pues pasaron de los 70 años y no dejaron más hijo que Juan Ruíz de Liori y Mur. Este murió antes que sus padres, dejando de su mujer, Beatriz de Moncada, dos niñas: Isabel que sucedió en el vínculo, e Hipólita. Sancho Ruíz de Liori y Centelles otorgó testamento en Vich el 5 de enero de 1496, dejando el usufructo de todos sus bienes a su mujer Beatriz de Mur y nombrando heredera universal a su nieta Isabel.

Siendo todavía muy joven, pues no contaba más que unos 11 o 12 años de edad, se contrató matrimonio entre Isabel Ruíz de Liori i Montcada (1498-1510) y Alonso de Cardona, III barón de Guadalest, hijo de Juan Folch de Cardona y Navarra, II barón de Guadalest y barón de Caparroso y de María Fajardo, hermana de Pedro Fajardo, conde de Cartagena. La escritura de capitulaciones se otorgó en Betxí el 1 de septiembre de 1492, ante el notario de Valencia Luis Collar. El hecho de firmarse las capitulaciones matrimoniales en la villa de Betxí, hace suponer que la residencia de Isabel Ruíz de Liori, de sus padres o de sus abuelos, fue bastante frecuente en dicho pueblo y que harían habitable el Castillo (FERRANDIS, 1903, XLIV, 437-438). Por el casamiento de D. Alonso de Cardona con Dª. Isabel Ruíz de Liori, se unieron dos de las más importantes familias de la nobleza valenciana: los Ruíz de Liori, el origen de los cuales es aragonés, y los Cardona, de procedencia catalana.

Sancho Ruíz de Liori y Centelles murió el 3 de julio de 1498 en el Castillo de Betxí, con más de 80 años de edad (MESADO-NEBOT, 2010, 5). De todas las posesiones que tuvo, su predilecta fue Betxí.

El 6 de julio de 1498 se confeccionó un inventario post mortem en Betxí, tres días después de la muerte de Sancho Ruíz de Liori y Centelles, señor de las baronías de Betxí, Riba-roja, la villa de Gorga y los Valles de Seta y Travadell. Este inventario se hizo sobre todos los bienes que pertenecían a Sancho Ruíz de Liori y Centelles, entre los que se encontraban todos los existentes en el Castillo de Betxi (MESADO-NEBOT, 2010, 9).

Distribución hipotética del Castillo de Betxí

Hipotéticamente el Castillo de Betxí en 1498 tendría la siguiente distribución. La entrada daría al patio, en el que aún no se había hecho la reforma renacentista. En el rincón interior noroeste estaría situada una escalera, del tipo que utilizaban en los patios góticos para subir al primer piso. En el primer piso, en el ala norte del edificio se entraría en una habitación, situada delante del comedor y entre los dos espacios estaría la escalera. Cada habitación daba a la habitación continua; algunas habitaciones disponían de un cuarto destinado a guardar la ropa y las joyas y los dormitorios del servicio. En el primer piso habrían tres habitaciones y el comedor, además de cinco recámaras, dos cocinas y un armario. El comedor que estaba contiguo con la cocina, estaba situado en la fachada principal, que daba a la plaza Mayor. La primera habitación descrita serviría para recibir las visitas el señor. En dos habitaciones aparecen citados muchos tapices y alfombras, dándole un aspecto lujoso: serían las habitaciones del barón y de su mujer. Todas las habitaciones ocupaban las alas norte y este del edificio. Las habitaciones principales eran espaciosas, con paredes superiores a los 6 metros de largo y una altura de 4 metros. Los techos estarían provistos de artesonados de madera policromada. El aspecto de las habitaciones, todo el revestimiento y decoración estaban hechas a base de tejidos. El mueble principal de todas las habitaciones era la cama: se han contado hasta doce de diferentes medidas, solían ser más anchas que largas y estaban pensadas para que durmiesen más de una persona (MESADO-NEBOT, 2010, 12-17).

Del segundo piso sólo se describe la existencia de tres espacios, había una caseta subiendo por la escalera a mano derecha, y en ella estaba el gallinero. Además había un amasador y un dormitorio.

En la planta baja, en el ala este del edificio había un establo y una sala para la aljama musulmana, donde la comunidad musulmana tendría un depósito reservado para almacenar las cosechas y los instrumentos propios, fue retornada por la aljama de Betxí al Señor, para que se alojaran sus escuderos, sirvientes y esclavos, para que de esta forma no fueran alojados en las casas particulares musulmanas. Hay otra sala entrando a mano derecha, donde dormían los esclavos negros (habían nueve esclavos y cuatro esclavas, de los que once eran negros y dos mulatos). La planta baja se completaba por la casa de la leña y otra casita. Las salas de la planta baja no estaban comunicadas entre ellas y se accedía siempre por el patio del castillo, haciendo la función de una plaza interior (MESADO-NEBOT, 2010, 32-35).

Isabel Ruíz de Liori otorgó testamento en Valencia el 2 de agosto de 1507, ante el notario Juan Nadal. Nombró heredero universal de todos sus bienes a su primogénito Sancho de Cardona Ruiz de Liori (MARTÍNEZ-FORT, 2000, XVII, 23-24), instituyendo un vínculo en que a falta de sucesión de su hijo Sancho, sólo podría este testar libremente de 60.000 sueldos, y toda la herencia pasaría integra a su otro hijo Juan. Y así sucesivamente con los demás hijos o hijas, prefiriendo siempre los varones a las hembras y guardando el orden de primogenitura dentro de cada familia. Se excluían, sin embargo, los religiosos, los ordenados en sacris y los que no tenían entendimiento sano.

Isabel Ruíz de Liori murió en 1510. En 1513 a Alonso de Cardona le fue entregado con carácter hereditario el Almirantazgo de la Corona de Aragón, al morir sin hijos varones el II duque de Cardona, Fernando Juan Ramón Folch de Cardona y Enriquez (ORTICONI, 2011, 244). Alonso de Cardona otorgó testamento ante el mismo notario, en Valencia, el 17 de abril de 1517, nombrando heredero a su hijo Sancho de Cardona Ruiz de Liori con los mismos vínculos y condiciones que Isabel Ruíz de Liori. En virtud de estos dos testamentos, sus herederos estaban obligados a llevar el nombre y armas de Liori juntamente con el nombre y armas de Cardona (FERRANDIS, 1903, XLIV, 438-439).

El señorío de Sancho de Cardona Ruiz de Liori fue de los más largos y accidentados que conoció la villa de Betxí. Cuando murió su madre, Sancho de Cardona Ruiz de Liori era todavía menor de edad, siendo tutor y procurador su padre Alonso de Cardona. Este fue enterrado en Valencia el 1 de diciembre de 1534 (MARTÍNEZ-FORT, 2000, XVII, 23).

Los moriscos de Betxí participaron en la revuelta de la Sierra de Espadán (marzo-septiembre de 1526), y uno de los encargados de sofocarla fue Sancho de Cardona Ruíz de Liori. Una vez sofocada, el emperador Carlos I y su madre Juana I de Castilla, le recompensaron por los servicios prestados, elevando el 1 de mayo de 1543 a Marquesado la Baronía de Betxí, convirtiéndose Sancho de Cardona Ruíz de Liori en el I Marqués de Guadalest (BREVA, 1990, 18).

Sancho de Cardona Ruiz de Liori se casó en junio de 1544 con María de Colón y Toledo, hija de Diego Colón, primer duque de Veragua y Almirante de las Indias, y de María Álvarez de Toledo, por lo tanto nieta del descubridor de América (ORTICONI, 2011, 244). Eligió bien a su esposa, tanto en categoría social como económica. Por este casamiento a Betxí le cupo el honor de tener a los descendientes de Cristóbal Colón como señores de su baronía, durante el siglo XVI. De este matrimonio nacieron tres hijos: Cristóbal, Luis que fue señor del Alcudia y murió sin descendencia, y María que vino a suceder a su hermano mayor y que fue también Almirantesa de Aragón, duquesa de Veragua y III marquesa de Guadalest.

En una carta de Jerónimo de Cabanilles fechada en 1547, se recoge cómo Sancho de Cardona Ruiz de Liori estaba en Betxí mal dispuesto y quería trasladarse a Valencia. En la carta se indica que Betxí en este tiempo no es tan sano ni tan seguro como Valencia, debido a los ataques corsarios. Debido a estos, las poblaciones de la Plana empiezan a fortificarse, en 1553-54 Mascarell erige un nuevo circuito defensivo y Nules consolida el ya existente en 1561 (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 315-316).

Los Cardona señores de Betxí, establecieron alrededor del castillo sus establecimientos: la carnicería morisca (estaba en la esquina de la plaza Mayor con la calle mosén Manuel Belaire), la tienda, la taberna, el hostal, la bodega y el horno del señor, será aquí donde se hará el mercado semanal cada miércoles. En la plaza Mayor, llamada Enmig de la Vila, también estarán situados la casa de la villa, casa de la cort y la prisión. El señor de Betxí quería desde su Castillo controlar todos sus monopolios, y es el motivo por el que un pueblo como Betxí, tenga una plaza tan grande.

En 1548 los acreedores de sus abuelos paternos y de sus padres pretenden cobrar de Sancho de Cardona Ruiz de Liori, como heredero de éstos, las deudas contraídas. Los acreedores intentan resarcirse de los impagos ejecutando los bienes de los habitantes de los valles de Guadalest, Confrides, Seta y Travadell y de las villas de Gorga, Betxí y Ondara (MARTÍNEZ-FORT, 2000, XVII, 25).

A María de Colón y Toledo le gustaba pasar alguna temporada en Betxi, sabemos que en 1559 estaba en el pueblo cuando se redacta un documento sobre la venta de aceite, en el denominado “Castell de la villa” (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 313).

La transformación de un castillo medieval en un Palau renacentista vendría motivado al otorgar a Sancho de Cardona Ruiz de Liori el título de marqués, por lo que este querría tener una residencia en consonancia con su nuevo título. A Sancho de Cardona y a María de Colón habrán de atribuirles la construcción del palacio-fortaleza de Betxí.

El Portal rústico del Palau

Existe un compromiso de obras, fechado el 2 de marzo de 1559 por parte de Sancho de Cardona Ruiz de Liori, I marqués de Guadalest y Almirante de Aragón, y el cantero residente en ese momento en Valencia Jacques de Pomar,10 para su casa de Betxí en el que se compromete a la construcción de la portada del Palau en un plazo de cinco meses, portada cuyas características quedan perfectamente definidas en el compromiso ya que se indica que deberá construir “quaddam portale rusticu, lapidos lavoratum de puntes de diamants”, es decir, un portal rústico con piedras trabajadas como puntas de diamante. Para ello Sancho de Cardona Ruiz de Liori, se comprometía a la entrega de piedra necesaria, de la cal y arena, de las herramientas precisas y a otorgar habitación al cantero en la villa de Betxí, mientras durara su elaboración. Por todo ello, el maestro Jacques de Pomar recibiría 70 libras (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 317).

La puerta de entrada es un exponente del tratado de Serlio, “es una clásica portada a la rústica, con arco de amplio dovelaje acodado y pilastras toscanas con tambores desestructurados” (BÉRCHEZ-JARQUE, 1994, 104), en la que “el almohadillado rústico de hondas acanaladuras resalta el valor plástico del claroscuro” (GÓMEZ-FERRER, 1998, 385). En concreto, el modelo de esta portada de Betxí se encontraría en la lámina VIII del libro IV del Tratado de Serlio (Joaquín Bérchez, 1994, 104) o en la lámina XII del mismo libro (GÓMEZ-FERRER, 1998, 385, quien también recoge la posibilidad anterior).

En los sondeos arqueológicos realizados en los años 2007 y 2008 dirigidos por Lourdes Tamborero y Rafael Martínez Porral, se ha recuperado la altura original de la portada desde el inicio de los sillares inferiores sobre sus cimientos.11 Según estos autores, las dimensiones originales ahora documentadas permiten establecer que la proporción entre altura y anchura del vano de la portada se aproxima fuertemente a la dispuesta por Serlio en su libro IV, capítulo “Del Ornamento Rústico”, f. VIII: “La medida de la puerta principal ha de ser que lo que tuviere de ancho y la mitad más será el alto de ella. Esto se entienda en la abertura o claro de la puerta”. La portada estaría, además, próxima formal y estilísticamente, aunque a diferente escala, a la de la Puerta Nueva de la Bisagra en Toledo, obra de Alonso de Covarrubias, y basada, igualmente, en modelos serlianos (GRANDE-JUAN-PALAIA-TORMO, 2008, III, 318).

 

Es importante indicar que la fecha de 1559 es de las primeras en el medio valenciano en el que se especifica documentalmente este empleo de un vocabulario serliano. Las indicaciones de órdenes rústicos y puntas de diamante son mucho más tardías y por lo general no se emplean en casi ningún documento valenciano del siglo XVI (GÓMEZ- FERRER, 2014, XXIX, 327). Un estilo de portada de potente almohadillado rústico, solo tuvo un cierto eco, aunque con bastantes diferencias, en el acceso a la fortificación de Peñíscola, del denominado Portal Foto 1: Puerta entrada al Palau. Fosch (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 331).

 

La alteración de la piedra de la puerta de acceso, es probable que fuera por la mala calidad de la piedra empleada, posteriormente alterada debido a la acción del agua proveniente de un canalón en mal estado. Sobre la puerta de acceso existía un pequeño hueco que no se sabe si estaría ligado al accionamiento del puente levadizo de acceso para salvar el foso (X. MESADO, 2007, X, 886-887) o bien podría haber tenido otros usos y no ser coetáneo al uso del Palau en la época de los Cardona.

 

En agosto de 2014 se restauró el portal rústico. La restauración “non finito” duró cuatro semanas, y de ella han salido vestigios del pasado del edificio, como el rótulo “Fielato Central” de 1800, que evidencia la importancia social del edificio en etapas anteriores. Fielato era el nombre popular que recibían las casetas de cobro de los arbitrios y tasas municipales sobre el tráfico de mercancías, aunque su nombre oficial era el de estación sanitaria, ya que aparte de su finalidad recaudatoria servía para ejercer un cierto control sanitario sobre los alimentos que entraban en los pueblos y ciudades. En el Fielato Central se cobraba el impuesto de consumos, que era un impuesto indirecto. Sus diversas formas de gestión y su propia naturaleza, provocaron un alto grado de ineficiencia y fue durante mucho tiempo muy criticado por gravar los bienes de primera necesidad como la leche, carne, pescado, vino, aceite, jabón, trigo, paños, carbón, frutas y ganado bovino, lanar y cabrío entre otros. Las protestas contra el impuesto de consumos recibieron el nombre de motines de consumos, como el ocurrido en Betxí en los primeros días de agosto de 1879, en que las fuerzas de la Guardia Civil se reconcentraron en el pueblo, con el objeto de evitar la alteración del orden, amenazado a causa de la cobranza del impuesto de consumos (LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA, 5-8-1879, 2).

 

Los cuatro Baluartes del Palau

 

Los baluartes en las esquinas del Palau son necesarios al tratarse de un momento álgido de la actividad de los piratas berberiscos que asolaban las costas del Reino de Valencia. Sancho de Cardona Ruiz de Liori I marqués de Guadalest y Almirante de , era el encargado de la defensa de la costa norte de dicho reino (BETXÍ, 2014, XXXIX, 23).

 

El 7 de julio de 1559, el canterano Jacques de Pomar firmó un contrato con Sancho de Cardona Ruiz de Liori, para la construcción de 24 troneras; 12 de las cuales serían a la rústica, como las del portal rústico, y las otras 12 lisas, todas ellas de piedra de Onda; también se añade el compromiso de construcción de otras tres troneras pequeñas, de un arco y el cierre de una pared desde el piso de tierra hasta la sala, sala y arco que no se especifican. Para estas obras, el maestro se comprometía a arrancar la piedra con la ayuda de los peones que hicieran falta y a llevarla a la villa de Betxí en los carros del Almirante de Aragón. Sancho de Cardona le debía entregar ocho arrobas de aceite, todas las herramientas necesarias para su trabajo y un total de 2.750 reales castellanos. Para esta obra se preveía un plazo de 7 meses de trabajo (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 318).

 

Meneu describe que había cuatro baluartes y que comunicaban con el interior del edificio. Al exterior constaban de grandes sillares labrados y eran de fuerte argamasa en el interior y en la bóveda. En 1903 solamente quedaban bien conservadas dos caras de las cuatro del baluarte del ángulo noreste y dos caras mal conservadas del baluarte del ángulo sureste, y parte del foso de cuatro metros, que fue cegado al poco tiempo. Según Meneu los sillares de los baluartes del noroeste y suroeste, los que dan a la plaza Mayor, fueron vendidos al contratista constructor del azud nuevo del río Mijares y gracias a que tenían una mala calidad como piedras sillares, no se vendió el resto de las piedras de los otros baluartes y se mantuvieron en pie (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 325).

 

En las recientes obras de restauración realizadas entre los años 2013 y 2014, se han llevando a cabo excavaciones en la plaza y se han localizado los restos de los baluartes que se encontraban en dicha plaza. En cualquier caso, debieron resultar parte importante de la reforma del edificio en el siglo XVI y debían estar ya construidos en 1559 cuando se encarga a Jacques de Pomar las troneras. Lo más significativo es el hecho de la diferenciación de unas troneras a la rústica y de otras lisas, en número bastante abundante, 12 de cada tipo, que podemos quizá subdividir entre un número total de 4 baluartes porque éstos no son muy grandes y doce troneras en cada uno de ellos resultarían demasiadas. No sería descartable que las troneras a la rústica fueran las que se colocaron en los baluartes que miraban hacia la plaza. A fin de cuentas flanqueaban la puerta rústica recién construida en los meses inmediatamente anteriores (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 325-326).

 

Podemos entender que quizá fueran éstas las troneras que se situaron en los baluartes esquinados que flanqueaban el Palau, y que por tanto, podemos presuponer que ya estaban construidos en esta fecha. No sabemos si elevados mucho antes, o quizá por el mismo Jacques de Pomar en los años precedentes. Parecen responder a descripciones realizadas antes de que se hubieran perdido las partes altas de los baluartes donde presumiblemente estaban las troneras. En algunos textos se habla de la existencia en el palacio-fortaleza de unas obras defensivas que tenían “espigons amb troneres per a canons”. Las otras indicaciones de subir la pared hacia la sala y la construcción de un arco corroboran que se trataba de intervenciones en el edificio palaciego que ya se estaba remodelando y en el que presumiblemente luego se realizaría la transformación del interior del patio (GÓMEZ-  318).

 Los baluartes presentan muros de sillería, en talud coronada por un bordón grueso de piedra, sobre la que arranca una construcción de mampostería. Los cuatro baluartes a base de sillares estaban destinados seguramente a situar piezas de artillería.

 

En un documento hallado por los arqueólogos Lourdes Tamborero y Rafael Martínez se citan dos torreones con cubiertas a cuatro aguas, sin poder localizar su posición (PALAIA-TORMO, 2009, 1026).

 

Con el portal rústico y la construcción abaluartada, el Palau de Betxí se adelantaba a otros modelospalaciegos realizados en el ámbito nacional por artistas italianos, fundamentalmente genoveses. También Betxí es anterior al palacio de Benifairó de les Valls.

 

Un grupo importante de canteros franceses se concentraron en la zona castellonense y valenciana. Para todos ellos, su primera obra documentada en esta área geográfica es el Palau de los marqueses de Guadalest de Betxí. Jacques de Pomar, Joan de Ambuesa y Pere Maseres entraron en escena, el primero con seguridad a partir de 1559, con la construcción del portal rústico y de los cuatro baluartes, y los dos restantes a partir de 1567 con la construcción del patio renacentista. Podemos considerar que las principales obras realizadas en el Palau coinciden con este lapso cronológico, que se puede ampliar un poco por delante, si las de los baluartes son anteriores (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 323).

 

En 1567, se documentan varias ápocas1 de pago a canteros por unos trabajos que no se detallan, tan solo se indica que son obras en la casa que tiene el Almirante de Aragón en la villa de Betxí. Entre los que cobran, figura Juan de Ambuesa Avellán2 vecino de Mora de Rubielos, un cantero activo en la ciudad de Valencia en la segunda mitad del siglo XVI, y que aparece por primera vez en la documentación precisamente en esta obra, sin que se le hubiera reconocido trabajo anterior alguno. Sabemos que en ese año Ambuesa era ya vecino de la ciudad de Valencia y no recibe los pagos personalmente, sino a través de un procurador, el también cantero Jerónimo Martínez. Los pagos se repiten en varias ocasiones, el 24 de enero, el 4 y el 24 de abril de 1567. El primer pago es de 51 libras 4 sueldos y 2 dineros en parte de paga de lo que se debía por obras, el segundo de la misma cantidad y el último de 96 libras, 4 sueldos y 6 dineros. Se trata de cantidades bastante elevadas, si se tiene en cuenta que los pagos no son totales, sino partes de paga, y nos permiten pensar que se trataba de una obra de bastante magnitud. Junto a Ambuesa aparecen también mencionados otros canteros como el citado Jerónimo Martínez y Pedro de Villareal. Otras referencias son pagos de fuertes sumas como la del 2 de septiembre de 1568, en que el maestro Hieronimo y otros picapedreros de Betxí, sin especificar, posiblemente el mismo Jerónimo Martínez de los anteriores, reciben 187 libras por obras (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 316).

 

No sabemos a día de hoy quien fue el autor del proyecto del Palau, aunque la similitud del patio con el del Hospital de Tavera en Toledo, construido entre 1541 y 1603, obra de Alfonso de Covarrubias, podría darnos alguna pista. Mercedes Gómez-Ferrer sugiere los orígenes italianos de los arquitectos de la parte renacentista del Palau, ya que los contactos con Italia eran muy intensos y la presencia documentada de maestros italianos en palacios como el de Benifairó de les Valls podría no ser una excepción (BETXÍ, 2014, XXXIX, 25).

 

El Palau fue construido sobre un castillo. Es de planta casi cuadrada, de unos 32 metros de lado, tenía dos pisos, aunque tuvo un tercero recayente en la plaza con hilera de arquillos, alcanzando una altura de 15 metros. Está configurado por cuatro crujías,3 entorno a un gran patio rectangular, con cuatro torres en las esquinas y rodeado por un foso por motivos defensivos. Es muy posible que la planta del castillo anterior, según los restos encontrados en las catas arqueológicas realizadas por Lourdes Tamborero y Rafael Martínez, tuviera otra configuración.

 

El sistema constructivo era el tradicional en los palacios valencianos del siglo XV que rara vez se construían empleando piedras de sillería en las fachadas. Lo normal fue el empleo de un tapial de gran calidad, y la reserva de la sillería para las puertas, ventanas, arcos o escaleras. Algunos arcos también estaban construidos con ladrillo al igual que las bóvedas (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 311).

 

Debido a las reformas efectuadas por el catedrático de árabe y hebreo de la Universidad de Salamanca y de Granada, Pascual Meneu Meneu, la fisonomía del Palau cambió radicalmente. Para hacernos una idea de como era anteriormente, tenemos que basarnos en las características y rasgos comunes de otros palacios góticos valencianos coetáneos al Palau como son: el Palau-Castell d´Alaquàs y el de Albalat dels Sorells.

 

Foto 3: Como sería la fachada principal del Palau (Traver 1961).

 

FACHADA PRINCIPAL

 

La fachada principal era de tapial con argamasa de cal. La planta baja se abría solamente en el acceso. El entresuelo tenía ventanas rectangulares y la planta noble solía tener ventanas ajimezadas, de dos o tres arquillos de medio punto que descansaban en columnillas. En la andana, a efectos de ventilar, se habrían huecos pequeños, por lo general con arcos. La composición de la fachada no era simétrica. La planta baja y el semisótano podía carecer de ventanas o bien se ventilaban con ventanas rectangulares y rejas. El entresuelo presentaba ventanas rectangulares con dimensiones regulares y con decoración.

 

Traver en 1961 señalaba cómo en la parte baja de la crujía oeste, dando hacia la plaza, existía un semisótano con arcos transversales de sillería moldeada de perfil muy rebajado, que sustentaban un techo de madera. Una suerte de estancia con arcos diafragma que sustentarían un techo plano, y que se perdió en la citada demolición de 1969. Indicaba asimismo que por toda esa parte del edificio se conservaban techos y estructuras de marcado carácter gótico (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 310).

 

A la sala noble se accedía por una galería de arquillos. Esta sala daba a la fachada principal y ocupaba casi toda la planta. Las ventanas tendrían festejadores, desde donde se veía lo que pasaba en la plaza. Estas salas eran de techos muy altos, de hasta 8 metros de altura. Tenían alfarjes,4 y a las andanas se accedía por una escalera interior.

 

La estructura vertical de los muros exteriores e intermedios, de las diferentes alas, es de aproximadamente 1´10 metros de espesor y están constituidos de tapial de argamasa con mampuestos,5 sobre otro del mismo espesor que hace de cimentación, de tapial de tierra marrón oscuro. Tan sólo algunos cerramientos de la fachada del ala Oeste y Sur (zona de la vivienda de Pascual Meneu) son de 40 cm de espesor, de mampostería con verdugadas,6 siendo su construcción más reciente.

 

Por la tipología de los arcos, de forma apuntada, es posible que esta reforma se pueda datar hacia 1472-1477, momento en que el Castillo es citado en la documentación (MESADO, 2009). En las excavaciones realizadas en los años 2013 y 2014 han encontrado un nivel de pavimento de -38 cm, documentado también en diferentes puntos del patio renacentista.

 

Esta segunda fase de remodelación pudo ser obra de Sancho Ruiz de Liori y Centelles, II vizconde de Gallano, como consecuencia de su deseo de construir un nuevo palacio destinado a ser una de sus residencias habituales. Por lo que sugieren una cronología que abarca desde junio de 1472, fecha en que el vizconde donó la señoría de Ribarroja (lugar habitual de residencia de los vizcondes de Gallano hasta entonces) a su hijo Juan Ruiz de Liori y Mur, III vizconde de Gallano, en diciembre de 1477, fecha en que definitivamente está documentada la residencia del vizconde de Gallano en Betxí (BETXÍ, 2014, XXXIX, 22-23)

Antes de construirse la puerta almohadillada, la entrada principal al Castell-Palau, estaba situada en el muro Oeste del patio renacentista, donde está situado el arco apuntado medieval. Sobre el arco apuntado existe un tejadillo, que descansa sobre unos canes1 de piedra, y sobre estos un durmiente que da apoyo a cuatro trozos de madera. En una fotografía del patio realizada en 1919, no aparece el tejadillo, por lo que su construcción debe ser relativamente reciente. Respecto al sistema de canes, se plantea la hipótesis que podría haber servido de apoyo a una galería o a un pasillo en la planta noble.

Foto 4: Arco Apuntado medieval.

ALA SUR

El edificio que se encuentra hacia la derecha del portal de acceso principal al Palau, se vació completamente a finales del siglo XIX, constituye el ala Sur, y corresponde a una reforma de Pascual Meneu de finales del siglo XIX y comienzos del XX, para construir una casa característica de esa época. Para acceder a los niveles superiores Meneu introdujo una escalera que llega hasta el nivel de la andana. La cubierta de esta zona es a un agua, de teja con estructura leñosa, formada por viguetas sobre vigas con tablero cerámico. Por la documentación consultada se desprende que la forma de las cubiertas responde a la original del Palau. Dado que la portada de acceso se sitúa al Oeste, todo indica que esta zona no sería el ala principal del Palau. A falta de futuras catas, se sostiene la hipótesis de que la fachada conserva sus muros originales, mostrando una construcción de obra de ladrillos al exterior. No se puede precisar la extensión de la zona del muro de la fachada donde Meneu construyó su casa.

Los trabajos de sustitución de los pavimentos realizados en los años 2013 y 2014 del patio renacentista, han permitido identificar restos de pavimentaciones antiguas por debajo, correspondiente en su mayor parte al edificio de los siglos XV y XVI, antes de la construcción del Palau en 1565. En la primera etapa del edificio, ya con el carácter propiamente de Palau, las puertas con arcos apuntado no estaban todavía construidas, pero podrían existir otras puertas diferentes, incluso en el lugar donde se encuentran las actuales. Parece que en caso de existir un acceso al patio, este no sería tan amplio como el que configurará después el gran arco apuntado de ladrillos que hoy se puede contemplar (BETXÍ, 2014, XXXIX, 18 y 21).

En el ángulo sudoeste del patio renacentista, justo al lado de la puerta con arco de medio punto, que daba acceso en su momento, a la que fue la vivienda de Pascual Meneu, se identificaron algunos vestigios que nos hablan de diversas remodelaciones desde los momentos más antiguos del Castell-Palau. Se encontraron hasta tres niveles de pavimentación a diferentes profundidades anteriores a 1565, que a veces se han podido relacionar con las lucidas de los muros y los niveles de funcionamiento de las diferentes puertas, lo que ha permitido establecer mejor la evolución del edificio. Las cerámicas más antiguas localizadas en el interior del Castell-Palau, concretamente del tipo que se conoce como loza azul, se remontan como máximo a la segunda mitad del siglo XIV, es decir, a partir del momento en que tenemos constancia documental de la existencia del Castillo (BETXÍ, 2014, XXXIX, 19-20).

Existe constancia arqueológica de una nueva reforma entrado ya el siglo XVI. Se trata de la instalación de la puerta, que desde el patio renacentista, da acceso a la parte Sur del Castell-Palau. Esta puerta de sillares de piedra con arco de medio punto, presenta síntomas claros de haber sido insertada sobre el muro preexistente, y por tipología y registro arqueológico identificado, debe pertenecer a un momento anterior a la reforma renacentista, con unos 8-10 cm por debajo de la base de columnas de 1565. Hay que asociarle a ese momento el pavimento enmarcado de guijarros identificado en diversos lugares del patio renacentista, en la entrada, por debajo de alguna columna y en el ángulo nordeste (BETXÍ, 2014, XXXIX, 23).

Foto 5: Puerta de acceso al ala Sur.   

 

  Se accede al ala Sur desde el patio, a través de una portada de piedra, en arco de medio punto de sillería, presentando un escudo de armas en su clave. Se cree que dicha portada debió ser el acceso de carruajes o de la caballería en época de los Cardona, debiendo de existir una escalera interior en proximidad a este vestíbulo para acceder a los niveles de la entreplanta. Esta escalera la utilizarían los marqueses y sus invitados. Esta portada con escudo de armas no es habitual que se encuentre en un patio interior (BETXÍ, 2014, XXXIX, 23), ya que en la mayoría de las casas y palacios señoriales el escudo está en el exterior.

 

Foto 5: Puerta de acceso al ala Sur. Se cree que el muro Sur es de nueva construcción, a partir de la primera planta dado que la base presenta grandes mampuestos que parecen originales. Los arqueólogos Lourdes Tamborero y Rafael Martínez han hallado un documento en el Archivo del Reino de Aragón, en que nos dicen que la cubierta era a dos aguas (TAMBORERO-MARTÍNEZ, 2008). Se plantea también que tuvieran faldones a un agua, vertiendo hacia el exterior del edificio.

 

ALA NORTE

 

Foto 6: Baluarte de la parte noroeste.

 

La parte del ala Norte que se conserva es la que mantiene todas las referencias constructivas y tipológicas que podían corresponder a la época medieval. Respecto a las bóvedas que se encuentran en el extremo Este del ala Norte, solamente tenemos el dato de que los senos de estas bóvedas estaban rellenos de tierra. Todo apunta a que Meneu realizó unas catas arqueológicas en el relleno de esta bóveda, para datar los restos musulmanes y de la reconquista que allí se encontraron. El semisótano del ala Norte está resuelto mediante arcos rebajados de ladrillo que Foto 6: Baluarte de la parte noroeste. soportan las bóvedas.

 

Los niveles que se aprecian en el ala Norte serían los que configuraban el edificio en esos tiempos. La distribución de los niveles en el Palau sería de: semisótano en todas las alas, entreplanta, planta noble y andana. En los accesos principal y de cocheras, habría planta baja, planta principal y andana. Los arqueólogos Lourdes Tamborero y Rafael Martínez han hallado un documento en el que se dice que en el ala Norte había una zona que tenía una cubierta plana, en el que se habla de la existencia de un terrado.

 

ALA ESTE

 

El ala Este es la más antigua del edificio. Las primeras noticias arqueológicas referidas al Palau de Betxí nos las transmitió Pascual Meneu en 1911, en la revista Artes y Letras (nº 12 del 1 de octubre de 1901). Nos dice que su origen es sin duda una construcción romana, su explicación se basa en el análisis de los materiales de construcción:“Construido el palacio o fortaleza en posición equidistante de los manantiales de la Torrasa, y en el centro de la línea superior de la faja de 1.000 hanegadas que riegan aquellos, parece que su misión fue proteger las aguas y tener una defensa y refugio de las tropas romanas que guarnecían la Plana, a la vez que un almacén en que se guardaban cereales, vino y aceite que se exportaban a Roma y Oriente por elpuerto de Burriana”. Meneu lo atribuye a los romanos, basándose en la solidez de la construcción es decir, en los materiales que forman sus muros principales, esto es, piedras de río mezcladas con cal viva, arena gruesa y ladrillos, formando todo un conglomerado de gran dureza. Meneu en 1901 empieza a investigar el yacimiento romano de La Torrassa, lo que pudo haber influido en su dictamen.

 

Vicente Traver (1961) aportó algunos datos sobre la aparición de restos arqueológicos relacionados con el Palau, al cual lo consideró de origen musulmán. Nos lo describe perfectamente: “Una larga nave rectangular con sus eje mayor orientado exactamente de Norte a Sur. Sus muros de tapial de grava, bolos, gruesos cantos rodados y cal, tienen un espesor de 1´10 metros y sostiene una bóveda de cañón semicircular sobre la cual hay un piso alto. Los huecos son escasísimos y las condiciones del local magníficas para un buen almacén de cosechas y hasta como albergue defensivo” (BREVA, 1990, 27-29).

 

En opinión de Norberto Mesado, esta cámara que se cree la más primitiva del inmueble pudo edificarse, como el resto del patio, por el I marqués de Guadalest, Sancho Cardona Ruíz de Liori.

Foto 7: Excavaciones parte Sur del ala Este.

 

De las excavaciones efectuadas en la nave este, se encontraron con restos musulmanes, anteriores a la construcción del Castell-Palau. En el extremo norte del ala Este se localizaron indicios de la presencia de un cementerio musulmán, con un enterramiento parcialmente conservado, encontraron un cráneo y parte del tercio superior del cuerpo, así como indicios de más enterramientos humanos dispersos, también se identificaron algunas cerámicas musulmanas muy fragmentadas. Los Foto 7: Excavaciones parte Sur del ala Este. restos encontrados y la orientación de la inhumación, nos permite determinar la cronología musulmana de los enterramientos(BETXÍ, 2014, 17).

 

El ala Este se pudo emplear para almacenar las cosechas y como almazara, aunque también pudo ser utilizada como aljibe, a pesar de contar el Palau con un pozo en el patio, y que la Acequia Mayor pasaba al lado del Palau. La bóveda que cubre el semisótano del ala Este es de época incierta, y está resuelta con ladrillo a sardinel1 siguiendo una curva de medio punto de directriz recta, aligerada con bóvedas transversales. Norberto Mesado dice que dicha nave no estaba cerrada, y que Meneu construyó una bóveda de tabiquillos conejeros para no darle peso y que los cerró con bóvedas de medio punto (N. MESADO, 2007, X, 844).

 

Meneu encontró que faltaba el extremo Sur de la bóveda de la nave Este. Esto pudo ser debido al desplome del muro, por un impacto de artillería, ya que durante la I Guerra Carlista (1833-1840), el abandono del Palau fue tan lamentable que en 1837 se llegó a utilizar como cuartel, por una compañía del Regimiento de Cazadores de Oporto2 y estos fuesen atacados por partidas carlistas.

 

En el siglo XX el ala Este se utilizó como espacio para espectáculos, unas veces como cine y otras como teatro en la planta superior. En su parte Este cuenta con un gran patio posterior denominado el Patiàs.

 

Foto 8: El Teatro del Palau.

 

El teatro estaba en el primer piso del ala Este. Se inauguró el día 14 de abril de 1906, con el aforo lleno e iluminado con luz eléctrica, con unas zarzuelas a cargo de la compañia del teatro Ruzafa de Valencia. La primera obra que se representó fue “Las guapas”, la segunda “Los bohemios” y para terminar la sesión cómica “El perro chico” (BAUTISTA, 2005, 52). Hay constancia de que en 1912 había un salón donde se hacían espectáculos públicos llamado “Palacio”. Manuel Almela Orenga instala en 1915 Foto 8: El Teatro del Palau. un cine llamado “El Palacio”, en el primer piso del local. Continuaba siendo propiedad de Pascual Meneu. El salón era rectangular de 33 metros de longitud, 6´15 metros de ancho y 5´35 metros de alto. Los asientos eran bancos de madera sujetos por un lado en la pared y por el otro en un espigón de hierro. Su capacidad era de 210 espectadores en la parte baja, y en el anfiteatro cabían 30 sillas. La cabina de cine estaba situada en el anfiteatro. Empezó a funcionar el 14 de agosto de 1915 (GÓMEZ-PLANELLES, 2005, 153-156).

En el salón de cine en 1927 había dos tipos de asientos: preferencia (200 butacas) y general (100 sillas), con un aforo de 300 personas. En ese año se realizaron 20 representaciones, la entrada costaba 0´25 pesetas. Durante estos años en el primer piso se hacía el cine y el teatro, y los musicales en la planta baja. El cine de verano se llamaba “Palacio” o bien “Teatro Liceo”. El local se alquilaó a finales de 1928 a la sociedad musical “La Filarmónica”,del Partido Radical de Lerroux, que hizo cine sólo para sus socios. En 1931 pasó a ser la sede del “Círculo Republicano Autonomista”, que lo tuvo hasta 1936.

EL PATIÀS

El Patiàs es un recinto al aire libre situado entre la bóveda del ala Este y la Acequia Mayor. En un principio el Patías era el huerto del Señor de Betxí. Posteriormente sirvió de caballerizas. En el siglo XX se utilizó como cine de verano y en alguna ocasión esporádica como lugar de conciertos. Que yo me acuerde, en él actuaron entre otros Antonio Molina, el Dúo Dinámico... En la últimas décadas del siglo XX, con la crisis de asistencia a los cines de Betxí, se cerró el cine de verano y el Patías poco a poco se fue deteriorando, hasta convertirse en un erial lleno de hierbas.

Los trabajos realizados en los años 2013 y 2014 en el Patiás, han permitido documentar la presencia del baluarte sudeste, el cual se presentó en mejor estado de conservación de lo previsto, de forma que se conserva todo su trazado en planta y unos 160 cm de estructura intacta bajo tierra (BETXÍ, 2014, XXXIX, 19).

PATIO RENACENTISTA

Al patio se entra por la puerta rústica. Contenía un claustro formado por 8 arcos arbotantes, 10 arcos carpaneles, distribuidos de la siguiente forma: tres arcos en los lados mayores (Norte-Sur) y dos de mayor anchura en los menores (Oeste-Este), con decoración de medallones en las enjutas y las claves marcadas característico del estilo renacentista, los arcos se prolongan en el claustro o corredor hasta apoyar en los muros que cierran perimentralmente el patio sobre ménsulas,1 estos arcos están sustentados por 10 columnas jónicas, formados por fustes de tres piezas, basas y capiteles bien trazados. Todos los capiteles tienen la misma orientación. Todos estos componentes no se ven hoy en su totalidad, debido a que su parte izquierda ha sido derribada para la construcción a partir de 1969 de dos edificios.

En la bibliografía consultada, se cita una escalera de caracol, que la situaban en el ángulo Noreste, que debía de estar próxima al patio, para uso del servicio. Los primeros peldaños de la escalera eran de mármol y los restantes de yeso. Debido al material empleado debió de estar en una zona bastante visible desde el acceso principal. Desde esta escalera se accedía a las dependencias de la planta superior.

Todo esto se ha confirmado en las excavaciones realizadas en 2013 y 2014. En el ángulo noreste del patio renacentista se encontró una estructura que se interpreta como el inicio de una escalera, que daba acceso al entresuelo del ala Norte. Esta escalera debió de estar en funcionamiento principalmente en los siglos XV y XVI, pero no se sabe el papel que cumplió a partir de 1565, momento en que se inicia la reforma renacentista del patio. La escalera de mármol pudo facilitar la acción de subir a caballo al piso de arriba, hecho habitual de los palacios de la época (BETXÍ, 2014, XXXIX, 19 y 22).

                                                                                  

Foto 9: Inicio de la escalera del siglo XV.                                                                                                                           Foto 10: Els Trulls del siglo XIX.

 

En las excavaciones realizadas en el 2007, en el ángulo sudeste del patio renacentista se identificaron parcialmente unas estructuras relacionadas con la producción y almacenamiento de vino. Los trabajos realizados en 2013 y 2014 han permitido identificar y documentar la presencia de dos depósitos subterráneos y una balsa de decantación, dividida en dos partes, conjunto que se le relaciona como el área del “Trull”, en buen estado de conservación. Esta actividad económica está constatada al Palau en el siglo XIX, en su momento de decadencia en que el edificio fue repartido entre diferentes vecinos (BETXÍ, 2014, XXXIX, 18).

 

En las excavaciones realizadas en los años 2013 y 2014, se ha localizado en el ángulo sudoeste del patio renacentista (debajo de la escalera que llevaba a la vivienda de Pascual Meneu) una puerta pequeña, que debió permitir el acceso de las salas ubicadas al oeste y puede ser que también al sur.

 

También se localizó en el ángulo sudeste del patio renacentista una curiosa cuneta, localizada por debajo del pavimento. La debemos relacionar a un primer momento del Palau y que debió de utilizarse en los trabajos de construcción a modo de pastera. Finalizadas las obras, la cuneta se rellenó de tejas y se cubrió con pavimento (BETXÍ, 2014, XXXIX, 21-22).

 

En el patio se situaba el pozo, y en la planta baja estaban las dependencias de servicio, los establos, la bodega y la leñera.

 

Su planta cuadrada presenta alas ocupadas por las distintas dependencias alrededor del patio central. Estas son de dos plantas y andanas, con arcadas en el patio de una sola planta, sobre la que en el siglo XX se construyó otra de ladrillo, siguiendo la composición del nivel inferior. Una de las intervenciones más radicales que ha experimentado El Palau la realizó Pascual Meneu, con la construcción en 1927 de una escalera que arranca del corredor del claustro y que lleva directamente a la planta superior. Por una foto antigua sabemos que el acceso del patio interior en el muro intermedio Este, estaba situado en el extremo Sudeste, verificándose su posición original.

 

Los pavimentos son de cemento en ciertas estancias de la planta baja y en el patio; de baldosa hidráulica en las galerías del claustro y salas principales. Los pavimentos más antiguos son de ladrillo en espina de pez, localizándose en la entreplanta del ala Norte y bajo la escalera de la vivienda de Meneu. En dos de las catas del subsuelo los arqueólogos han documentado los restos de dos pavimentos empedrados de cantos rodados, a la altura correspondiente a las obras renacentistas del siglo XVI, en la zona del zaguán de la entrada y en la zona del patio bajo las arcadas.

 

La estructura horizontal es de forjados de madera con revoltones de ladrillo, apoyados según zonas en vigas intermedias del mismo material o en los muros intermedios y exteriores. La madera empleada en los forjados de la zona de la vivienda de Meneu puede identificarse como mobila de muy buena calidad, mientras que la empleada en las cubiertas y en el extremo Nordeste se identifica como pino silvestre y es de calidad variable.

 

Los revestimientos son de mortero de cal y áridos redondeados de espesor variable y sobre este presenta otro de yesón al interior, o mixtos en la zona de la vivienda de Meneu (GRANDE-JUAN-PALAIA-TORMO, 2008, 305-337).

 

A día de hoy no sabemos porque no se construyó un segundo piso en el patio renacentista, como también desconocemos si en un principio estuvo proyectado su construcción. Si que sabemos que estas se interrumpieron en 1568 y quizá aún durarían un poco más, pero no pasarían de 1569 que es cuando se produce el proceso inquisitorial contra Sancho de Cardona Ruiz de Liori, por proteger y animar en sus costumbres a los moriscos de sus estados.

 

Sancho de Cardona solía residir más en Betxí que en otros lugares suyos y es en esta villa cuando fue hecho prisionero por la Inquisición, estuvo preso desde enero de 1569 en las casa que se situaban al lado del Palacio de la Inquisición en Valencia, por lo que no pudo continuar con las obras. Un año antes en 1568 Sancho de Cardona Ruíz de Liori, junto a su hijo Cristóbal Cardona y Colón, debían a Francisco de Aragón y a su esposa Ángela Cárdenas y de Velasco, duques de Segorbe, la cantidad de 3.382 libras, 6 sueldos y 8 dinero. Para poder pagarlas les cedieron los derechos que aquellos tenían sobre las baronías de Betxí, Guadalest y Confrides entre los años 1569 y 1571, aunque la recaudación de las rentas de estos lugares había sido cedida por contratos a arrendadores, colectores y procuradores, conculcando entonces, los derechos de estos últimos sobre las mismas (MARTÍNEZ-FORT, 2000, XVII, 25). Este puede ser el motivo por el que no se terminasen las obras del Palau.

 

Pequeña historia de los marqueses de Guadalest

 

El 3 de junio de 1568 la Inquisición pidió prisión para el Almirante de Aragón, Sancho de Cardona Ruiz de Liori (BORONAT, 1901, I, 262-263). El 12 de enero de 1569 la Suprema, después de haberlo consultado con Felipe II, dió el visto bueno al encarcelamiento de Sancho de Cardona Ruiz de Liori. La orden se ejecutará sin dilación, nada más llegar a Valencia el día 24 de enero y servirá, según opinan los inquisidores, “para quietar algunos ánimos desasosegados”. Los ánimos estaban desasosegados con las noticias del levantamiento de los moriscos granadinos, que consta se conocían en Valencia el 7 de enero. El encarcelamiento de Sancho de Cardona y de Cosme de Abenamir (riquísimo morisco de Benaguasil), que respondían a procesos abiertos con anterioridad, dejaba descabezada la posible agitación morisca en el Reino de Valencia (BENÍTEZ, 1998, XXIV, 97).

 

Sancho de Cardona, se conviertió así en la victima nobiliaria que el inquisidor Manrique, había buscado para domar o doblegar el estamento nobiliario valenciano. El Almirante de Aragón no era una víctima cualquiera, se trataba de uno de los más importantes, y fue el primero, al que seguirán procesos a otros nobles: en 1573 están procesados Francisco de Castellví, señor de Carlet; Luis de Pallás y Hieromina Blanes, señores de Cortes... (GIL, 1999).

 

María de Colón y Toledo frecuentaba muchas veces Betxí y fue en esta villa donde en 1570 hizo su testamento (GÓMEZ-FERRER, 2014, XXIX, 313).

 

El 12 de marzo de 1570 se celebró el auto de fe en Valencia contra Sancho de Cardona Ruíz de Liori (DANVILA, 1889, 181). Fue acusado de dar permiso a sus vasallos moriscos para reconstruir una mezquita derribada en sus tierras, en Adzaneta, en el Valle de Guadalest. Debido a su edad avanzada, linaje y posición, la pena impuesta al Almirante fue más que suave. Las principales acusaciones que le hizo la Inquisición fueron las de fomentar las manifestaciones religiosas musulmanas de los moriscos, heréticas desde su conversión al cristianismo; facilitar su huida al Magreb, donde tornaban a ser musulmanes; incitarles a ponerse en contacto con el sultán de Turquía, con la finalidad de poder tener un valioso apoyo en el exterior que presionase en favor del respeto, para ellos y su antigua religión, a cambio del buen trato de los cristianos del Imperio Turco (FRANCO, 1992, 229).

 

Los Inquisidores le hicieron saber que tenía que confesar y comulgar una vez al mes en el Monasterio de San Pablo de la ciudad de Cuenca, donde debería cumplirlo por el tiempo que dijera el Consejo. La reclusión resulta perpetua a voluntad de la Inquisición, y el 4 de marzo de 1570 tuvo que ir, con 73 años de edad al convento de San Pablo de Cuenca. Debido a su mal estado de salud el Inquisidor general dictó una orden el 20 de octubre en el que se le conmutan la reclusión al Monasterio de Jesús o en el de San Francisco de Valencia. Otra orden, del 24 de julio de 1571, le otorgó otra conmutación, teniendo por cárcel y reclusión la ciudad de Valencia y sus arrabales y con la prohibición de ir a cualquiera de sus valles y baronías (BORONAT, 1889, I, 126). Sancho de Cardona murió la mañana del domingo 27 de agosto de 1573, en su casa de Valencia, en la calle Almirante, a la edad de 75 años.

 

A Sancho de Cardona Ruiz de Liori le sucedió su primogénito Cristóbal de Cardona y Colón, II marqués de Guadalest y Almirante de Aragón. Durante su señorío las finanzas fueron de mal en peor. Para aliviar su situación económica, se casó con Ana de Centelles, hija del I conde de Oliva (MARTÍNEZ-FORT, 2000, XVII, 26). Por los registros parroquiales sabemos que los marqueses de Guadalest residieron continuamente en Betxí desde 1573 a 1579 y también en 1583 (X. MESADO, 2007, X, 887). A pesar de ser una residencia más o menos estable y certificarse su uso continuado, las numerosas deudas y los continuos pleitos imposibilitaron que pudieran hacerse cargo de la finalización de las obras del Palau. La corte de Cristóbal de Cardona, durante las temporadas que pasaba en el Palau de Betxí, estaba compuesta por más de 30 personas entre familiares, sirvientes y criados.

 

Los bandos nobiliarios, o bandosidades, era un derecho reconocido en “Els Furs”, en el que los caballeros, nobles, ricos-hombres, hombres de paraje y hombres honrados podían guerrear entre sí en todo el Reino de Valencia, con la única condición de que previamente se hubieran desafiado (Furs IX, VIII, 15). Ello acarreaba que, a la menor ofensa, los poderosos recurrieran a las armas para lavar la afrenta recibida, a las cuales se añadían sus parientes y amigos, formando bandos muy numerosos.

 

La lucha de los bandos llegó a tal extremo en el Reino de Valencia que en, no pocos casos, algunos nobles tenían atemorizados a los habitantes de Valencia. La actuación del Almirante de Aragón, Cristóbal de Cardona, II marqués de Guadalest, ilustra el malestar y desasosiego que provocaba su sola presencia. Se le acusaba de oprimir no sólo a los testimonios sino también a los jueces, por lo que era imposible, al menos judicialmente, actuar contra él. Además, amenazaba de muerte a aquellos acreedores que reclamaban sus dineros, y los ministros de justicia no se atrevían a entrar en su casa ni en sus tierras a hacer las ejecuciones, ni a prender a los delincuentes que allí encontraban cobijo, por miedo al Almirante y a sus ayudantes (BELCHI, 2006, 194).

 

La implicación de los nobles en las bandosidades respondía a diferentes motivos. En unos casos a la persistencia de rivalidades de antaño, en otros los hábitos de violencia perseguían fines de entretenimiento y diversión, como fue el rapto de dos monjas del monasterio de la Concepción de Valencia. Al parecer, dos caballeros, cuya identidad se sospechaba, habían secuestrado a una monja de dicho monasterio, repitiéndose la operación poco después. Finalmente, fue inculpado Juan de Cardona, hijo ilegítimo de Sancho de Cardona Ruíz de Liori, I marqués de Guadalest y Almirante de Aragón, considerado erroneamente por algunos como marqués de Guadalest, el cual confesó el delito. El jueves 21 de febrero de 1577, segundo día de cuaresma, en la plaza de la Seo de Valencia fue sentenciado a muerte, a la edad de treinta años (GUÍA, 2003, XXVIII, 290).También fue condenado su hermanastro, Cristóbal de Cardona, II marqués de Guadalest, por colaborar con él, a la pena de tres años de destierro. En este caso, la actitud de la Corona fue determinante. Era necesario controlar los márgenes de descontrol público y en esta ocasión se estaba llegando demasiado lejos. Por ello, cuando Juan de Cardona suplicó clemencia al monarca para que le perdonase la pena, el monarca no accedió (BELCHI, 2006, 196-197).

 

Litigio de herencia entre los descendientes de Cristóbal Colón Fontanarossa por el mayorazgo instituido por él.

 

Cristóbal de Cardona y Colón, II marqués de Guadalest y Almirante de Aragón, por ser biznieto materno del descubridor de América pleiteó por el mayorazgo instituido por Colón. Desde 1578, en ejecución de las cláusulas del testamento del II Almirante de las Indias, Diego Colón y Pravia, muerto sin descendencia en 1573, Cristóbal de Cardona y Colón pasó a asumir los títulos de duque de Veragua, marqués de Jamaica y Almirante de las Indias propios del mayorazgo colombino. Al principio de la contienda los litigantes más importantes fueron tres:

 

- Cristóbal de Cardona y Colón, Almirante de Aragón. Hijo de María de Colón y Toledo.

 

- Alvaro de Colón y Portugal, conde de Gelves. Hijo de Isabel Colón y Toledo, primo hermano de Cristóbal de Cardona y Colón.

 

- Francisca Colón y Pravia. Hija de Cristóbal Colón y Toledo, prima hermana de Cristóbal de Cardona y Colón.

 

El primer fallo de posesión del mayorazgo colombino se dio a favor de Cristóbal de Cardona en 1579. Los litigantes apelaron a la justicia y luego siguió una larga contienda que duró treinta años.

 

Entre los años 1573 al 1611 los gobernadores de los Cardona en el Palau fueron: Juan de Mur (1573-1576), Mosén Monserrate Loberia (1579-1580), Pedro Garin (1583-1584), Vicent de la Torre (1606-1607), y en 1611 Joachim de Mur (X. MESADO, 2007, X, 887-888).

 

En 1580 Cristóbal de Cardona y Colón se vio obligado a pedir el secuestro1 de sus posesiones para hacer frente a sus acreedores.

 

Cristóbal de Cardona y Colón murió asesinado a traición, en el marco de los enfrentamientos de los bandos nobiliarios, la noche del 7 de noviembre de 1583. Nos describe el Llibre de Memories que Cristóbal de Cardona iba cabalgando ya de noche por la calle Alboraya de Valencia llevando a la grupa a Claudio de Grillet, cuando les salieron al encuentro varios jinetes que les dispararon sendos arcabuzazos, uno de los cuales atravesó la garganta del Almirante de Aragón, que expiró enseguida, sin poder articular palabra, y otro hirió en el vientre a Grillet, que falleció a los dos días. Se comentó que ocurrió el hecho por los galanteos de Cristóbal de Cardona con María de Castellvi (BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURIONES, 1943, XLVII, 64).

 

Cristóbal de Cardona y Colón, como no dejó descendencia directa, y su hermano Luis había fallecido con anterioridad, heredó el patrimonio familiar su hermana María de Cardona y Colón. (MARTÍNEZ-FORT, 2000, XVII, 27).

 

Tras la muerte de Cristóbal de Cardona y Colón, su esposa reclamó su dote correspondiente, que juntos sumaban 18.525 libras. Frente la imposibilidad de pagarlo por la escasa herencia de bienes muebles dejada por Cristóbal, su mujer, Ana Centelles exigió que se le librara la baronía de Betxí. Esta opción quedaba invalidada por el vínculo que pesaba sobre la baronía, que al estar vinculada no podía ser segregada del patrimonio familiar. Por la dificultad de poner en práctica, se le pagó con censales sobre las baronías de Betxí, Riba-roja, Ondara, Benidoleig y Gorga y los valles de Seta, Travadell y Confrides.

 

Desde la muerte de Cristóbal de Cardona y Colón, la situación económica del marquesado de Guadalest era muy precaria, a pesar de que el marquesado de Guadalest representaba un importante patrimonio dentro del Reino de Valencia. Los Cardona llevaban un nivel de vida muy alto. Además debemos de añadir los gastos ocasionados por los pleitos interpuestos entre los miembros del mismo linaje, por la posesión de los bienes del patrimonio de la familia, Las rentas que aportaban los derechos señoriales no eran suficientes para abarcar los gastos ocasionados, por lo que la casa señorial se endeudaba, forzando a sus vasallos a endeudarse también (X. MESADO, 2011, 147).

 

María de Cardona y Colón, dama de débil salud, se casó con Juan Felipe Fernández de Heredia e Hijar VI Conde de Fuentes, señor de Masia, Mediana, Fuendetodos y Abortón, todos lugares próximos a Zaragoza (MARTÍNEZ-FORT, 2000, XVII, 27). Este matrimonio duró bien poco ya que su marido fallecía en Valencia el 15 de enero de 1583 (ANALES DE LA REAL, 2004, Vol VIII/2, 626-627). De este matrimonio no hubo descendencia. María de Cardona tuvo grandes dificultades para recuperar la dote, pues el conde de Fuentes era señor de muchos lugares, pero el más pobre de renta de todo Aragón (MARTÍNEZ-FORT, 2000, XVII, 28).

 

Al morir sin sucesión Cristóbal de Cardona el 7 de noviembre de 1583, su hermana María de Cardona y Colón, viuda del Conde de Fuentes, heredó la casa, títulos y honores. María de Cardona y Colón será la III marquesa de Guadalest, Almirantesa de Aragón, duquesa de Veragua , marquesa de Jamaica y Almirantesa de las Indias.

 

Primer pleito por la posesión del marquesado de Guadalest.

 

La sucesión a favor de María de Cardona originó el primer pleito por el marquesado de Guadalest. Nada más entrar María de Cardona en posesión de las propiedades, su primo hermano Felipe de Cardona y Borja (hijo de Juan de Cardona, hermano del I marqués de Guadalest) alegó que se trataba de un mayorazgo nobiliario de rigurosa agnación, según las voluntades que había expresado, Juan Folch de Cardona, Almirante de Aragón, en su testamento otorgado el 23 de diciembre de 1479 (ORTICONI, 2011, 246).

 

Este pleito por la posesión del marquesado de Guadalest se inició ante la Real Audiencia por la casa de Liori el 19 de noviembre de 1583 y por la casa de Cardona el 24 de los mismos mes y año. Llevó 6 años, 6 meses y 3 días hasta el 27 de junio de 1590, día en que se publicaron las sentencias condenatorias para Felipe: la herencia sí podía pertenecer a una mujer y, en consecuencia, María poseyó los dichos vínculos hasta su muerte. Los gastos que tuvo que hacer frente Felipe de Cardona y Borja por dichos pleitos fueron muy elevados, incluso tuvo que ir en dos ocasiones a Madrid, a pesar de que él no tenía ningún bien, sólo los que le había constituido en dote a su esposa Isabel Bas, por lo que tuvo que empeñar cantidades importantes de censales y violarios. La suma de los gastos ascendía a 4.000 libras (MARTÍNEZ-FORT, 2000, XVII, 29).

 

La Real Audiencia de la ciudad de Valencia dictó el 27 de junio de 1590 un fallo, por el que a la muerte de María de Cardona sin sucesión, ocuparía el marquesado de Guadalest su primo hermano Felipe de Cardona y Borja, y el de Almirante de Aragón su marido Francisco de Mendoza y Mendoza.

 

Al enviudar, María de Cardona y Colón contrajo segundas nupcias con Francisco López de Mendoza y Mendoza. Este era de los hombres mejor mirados y aceptados de los que había en la corte de Felipe II, y en Castilla formaba parte de los señores principales y mejor nacidos, aunque fuera un “segundón” de la familia de los Mendoza. Su padre fue el Marqués de Mondejar, Capitán General y Virrey del Reino de Granada, y más tarde Virrey de Nápoles. Su madre, doña María de Mendoza y de Aragón, era hermana del duque del Infantado y descendiente de “grandes” de Castilla y de la casa real de Aragón.

 

Sancho de Cardona, padre de la novia, impuso por testamento como condición al casamiento, que Francisco tomase el nombre y armas de los Cardona “sin mixtura alguna”, pasando a llamarse desde entonces Francisco de Cardona durante el tiempo que duró su matrimonio, titulándose desde entonces Francisco como Almirante de Aragón y marqués consorte de Guadalest. Quizás la falta de dinero de Francisco de Mendoza fue el motivo de pasar por condición tan humillante y poco decorosa de un Mendoza, hijo del marqués de Mondéjar, de cambiarse el apellido.

 

María de Cardona, para poder tomar posesión de Betxí tuvo que devolverle a Ana de Centelles, viuda de Cristóbal de Cardona, su dote, para lo que tuvo que usar el dinero que su marido Francisco le remitía desde Castilla (MARTÍNEZ-FORT, 2000, XVII, 29).

 

Empezaron para Francisco de Mendoza y Mendoza, un largo y angustioso periodo de pleitos, que fueron, andando el tiempo, complicándose y creciendo en número tan considerable que no sólo acabaron con su escasa fortuna y la de su mujer, sino que le produjeron graves disgustos y amarguras sin cuento. Francisco de Mendoza tuvo una existencia desgraciada, “cuantos pleitos entabló, otros tantos perdió”. Tenía pendientes el pleito sobre la sucesión en los bienes de su abuelo Luis Hurtado de Mendoza, marqués de Mondéjar, y el de su mujer por la herencia sobre los bienes de la casa de Liori. Pero el pleito que mayores gastos exigía y más crecimiento de gloria, honores y hacienda le prometía, y a la vez el que más le preocupaba, era el de sucesión en el Ducado de Veragua, Marquesado de Jamaica y Almirantazgo de las Indias.

 

Desde 1578 se venía litigando tan importante sucesión por María de Cardona y Colón, su mujer, ya en la Real Audiencia de Santo Domingo, ya en el Consejo de Indias. Agotados los recursos del matrimonio en este costoso pleito, se concertó Francisco de Mendoza con el licenciado Agustín Álvarez de Toledo, de notoria reputación en la corte, para llevar la dirección del negocio y que le representase en los tribunales, mediante pago de 36.000 ducados si obtenía resultados favorables. Obtuvo sentencia en la Audiencia de Santo Domingo, y también en el Consejo de Indias el 3 de octubre de 1586, llegando ya a titularse Francisco de Mendoza, no sólo marqués de Guadalest, sino duque de Veragua, marqués de Jamaica y Almirante de las Indias, a la vez que de Aragón.

 

De las rentas e intereses que se ventilaban en este pleito, baste decir que sólo de lo situado en la Caja de Panamá, había de percibir María de Cardona y Colón una renta de 17.000 ducados anuales. Y como esta no se había cobrado desde que empezó el pleito, en 1591 importaba 230.000 ducados; más 41.600 a que ascendían los frutos de la isla de Jamaica, que se calculaba que valdrían al menos 3.000 ducados al año; más 30.000 ducados por los derechos de entrada de los negros vendidos en Jamaica en los años 1589 y 1590; más otras sumas, que sería extenso enumeraraquí. Brillante era, por tanto, el porvenir que le esperaba a Francisco de Mendoza, que fue el que sin duda soñó al casarse con María de Cardona. Pero se disipó como el humo, motivado por las intrigas palaciegas y por increíbles deslealtades. Obtenida la sentencia del Consejo, el licenciado Álvarez de Toledo reclamó con urgencia la suma convenida; pero como al Almirante de Aragón no se le había dado posesión de los Estados ni de los frutos corridos y no tenía con que pagar tan crecida suma, se convino con el abogado en abonarle considerables réditos hasta el cobro de aquella. Réditos que ascendían tiempo después a la cantidad de 23.157 ducados. Y no pagándole ni el capital ni los intereses, no sólo le puso pleito, sino que con armas y bagajes, como suele decirse, se pasó a sus contrarios, obteniendo para ellos definitiva victoria.

 

Solicitó Francisco de Mendoza al Consejo que se le librase ejecutoria de la sentencia en su favor. En esta revisión se emplearon no pocos años, y Francisco de Mendoza, con la seguridad del triunfo, fue empeñándose más y más, pidiendo dinero a sus adeudos y amigos, y, por último a los banqueros genoveses y otros, con hipoteca de sus bienes y de los de su mujer; de suerte que lo que estimó origen de su grandeza, lo fue de su miseria e infelicidad.

 

María de Cardona y Colón obtuvo sentencia favorable el 12 de junio de 1589 del ducado de Veragua y Almirantazgo de las Indias, por fallecimiento de sus propios hermanos (BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES, 1943, XLVII, 61-68).

 

En 1590 ante la difícil situación económica en que se encontraban los estados que recibía María de Cardona y Colón, se optó por intentar un proceso de secuestro. Estas deudas estaban causadas casi todas por Cristóbal de Cardona o sus antecesores. Francisco de Mendoza y su mujer María, no tenían otros bienes en el Reino y no consiguieron obtener nada de sus posesiones, ya que cada día aparecían nuevos acreedores, casi todos por deudas de su hermano Cristóbal. Por todo esto se ven forzados a pedir alimentos para poder sobrevivir y afirmaban que necesitaban para ellos, la familia, sus criados y el mantenimiento de sus estados, al menos 6.000 libras (120.000 sueldos) (MARTÍNEZ-FORT, 2000, XVII, 28, 29).

 

María de Cardona y Colón murió el 8 de agosto de 1591, sin dejar sucesión. El marquesado de Guadalest fue asumido por Francisco de Mendoza, marido de María de Cardona, siguiendo las condiciones acordadas en los capítulos matrimoniales. Pero esta transmisión no estaba clara, presentaba problemas legales según las leyes y usos sucesorios de bienes vinculados (MARTÍNEZ-FORT, 2000, XVII, 29).

 

Segundo pleito por la posesión del marquesado de Guadalest.

 

Muerta María de Cardona y Colón, III marquesa de Guadalest, Felipe de Cardona y Borja inició de nuevo los pleitos para conseguir la herencia de los vínculos de las dos casas. El 17 de agosto de 1591 solicitó la posesión de todos los bienes de las dos casas y el 7 de septiembre del mismo año se le ordenó por la Real Audiencia tomar posesión de los bienes de la casa de Liori, exceptuando Riba-roja, para la que se dio un término de 20 días para aportar testimonios sobre su propiedad. Los bienes de la casa de Cardona no los obtuvo tan fácilmente. Tuvieron que seguir una serie de pleitos entre Felipe de Cardona y Francisco de Mendoza por la posesión de dichos vínculos; pleitos que duraron varios años y durante los cuales se recurrirá a todos los medios imaginables. Al final Felipe de Cardona y Borja, después de 15 años, 8 meses y 17 días de pleitos, se hizo con todas las posesiones y títulos, exceptuando el de Almirante de Aragón, que pasó a Francisco de Mendoza con carácter vitalicio. Ondara, junto con Confrides y Guadalest se obtuvieron por sentencia del 25 de junio de 1598.

 

Felipe de Cardona y Borja, IV marqués de Guadalest, se casó en primeras nupcias con Elisa de Bas y Borja. Este matrimonio no tuvo descendencia.

 

Durante el siglo XVI el arrendamiento de las baronías se convirtió en una práctica habitual. Los nobles se fueron a vivir a las ciudades y dejaron sus señorías, primero en administradores y más tarde arrendaron el cobro de los derechos y las rentas señoriales. De esta forma les resultaban más fácil y cómoda la supervisión de sus posesiones, ya que sólo habría de controlar al arrendador y no a todos los habitantes de la señoría, trabajo que quedaba en manos del arrendador si quería obtener beneficios. Con estos usos los nobles se desentendían cada vez más de los habitantes de sus posesiones y se hacían paulatinamente menos participes en el proceso económico y social (MARTÍNEZ-FORT, 2000, 29-33). Así, el 16 de enero de 1601 se firmó un acuerdo entre Felipe de Cardona y Borja y Juan Benet Bonium, comerciante, por el que el segundo llevaría la administración de los estados del primer y el arrendamiento de Riba-roja. El acuerdo fue rubricado por Antonio, hermano de Felipe, como presunto heredero de los estados mencionados. Por este acuerdo, Benedicto recibiría las cantidades por las que estaban arrendados los derechos de las baronías y se obligaba a pagar las cifras que estaban reseñadas en un memorial adjunto al contrato.

 

No curado todavía de la manía de los pleitos, Francisco de Mendoza volvió en noviembre de 1604 a emprender otro, con motivo del fallecimiento del marqués de Mondéjar, Iñigo de Mendoza, y pretender sucederle en este título y estados su sobrino Iñigo de Mendoza, alegó Francisco de Mendoza tales pruebas de su derecho que llegaron a poner en peligro el de su contrincante, siendo al fin vencido el Almirante de Aragón en 1606.

 

Cuando no estaban los señores en el Palau, vivía un gobernador con su familia y otros sirvientes. Por ejemplo, en 1606 son: Pº en palatio, Vicent de la Torre (gobernador), Julia Sants y de la Torre, Laura Francisco donzella, M. Marco, Gº Namarca, Diego de Ayala ministro, Susana Serdan muger (X.MESADO, 2007, X, 888).

 

En 1606, Felipe de Cardona estaba desesperado por su situación económica; no sabía cómo solucionar los múltiples problemas que tenía e intentaba vender alguna de las posesiones que tiene vinculadas, pero contaba con la oposición de su hermano, Antonio de Cardona, que, como heredero de la casa y de los vínculos, pues Felipe en este momento no tenía descendencia, se sentía perjudicado por las pretensiones de aquél. Se entabló un pleito entre los dos hermanos; de nuevo un pleito patrimonial, entablado en el seno mismo de la familia, que grabó con los gastos judiciales las ya de por sí comprometidas rentas señoriales. Simplemente para mantener este tren de vida, socialmente necesario, el titular de la casa señorial endeudaba e incluso forzaba a sus vasallos a endeudarse en su nombre. Las deudas obligaban a los señores a entrar en pleitos, para defenderse de los prestamos de los acreedores o para, a través del secuestro, garantizarse un mínimo de rentas. Pero los pleitos también suponen nuevos gastos, grababan unas rentas ya insuficientes. (MARTÍNEZ-FORT, 2000, 32).

 

El 15 de mayo de 1607 partió de Valencia Felipe de Cardona, IV marqués de Guadalest, como embajador del rey de España para Flandes, a la corte del Archiduque Alberto de Austria y la infanta Isabel Clara Eugenia, y salió con gran acompañamiento de caballeros. A pesar del prestigio que este cargo conllevaba, la presencia de Felipe de Cardona en Flandes significará un fuerte endeudamiento de la casa de Guadalest2 (GUÍA, 2003, XXVIII, 292). Desempeñó durante más de diez años la embajada en Flandes (ORTICONI, 2011, 247).

 

Debido a todos los cargos que tenía, residía en Bruselas, por lo que le impedía vivir en Betxí y en Valencia como hicieron sus antepasados. Para la administración de Betxí designó a su hermano Antonio de Cardona, casado con Catalina Milá, hija de los barones de Massalavés (ORTICONI, 2011, 253). Tales acontecimientos terminaron con la página brillante del marquesado y su pequeña corte de aristócratas en Betxí, que a partir de ahora se trasladaría a Valencia y a Madrid.

 

Para colmo de desdichas, en abril de 1608 el Consejo de Indias sentenció el pleito del Ducado de Veragua, que llevaba treinta años de tramitación, en favor de Nuño de Portugal, nieto de Isabel Colón y Toledo, perdiendo con esta sentencia Francisco de Mendoza la más bella esperanza de toda su vida. Quizás la falta de heredero influyera en la resolución de estos pleitos. En estos perdió su poca hacienda, y ante su pobreza tuvo que alimentarle casi 20 años su hermano Juan, VI Duque consorte del Infantado.

 

Al morir Felipe de Cardona en 1619 antes que Francisco de Mendoza y Mendoza (murió en 1623), no poseyó nunca el título de Almirante de Aragón, que si lo poseerá su hijo y heredero Francisco de Cardona y Ligne, V marqués de Guadalest. Este nació en Bruselas cuando su padre ejercía de embajador en Flandes, siendo sus padrinos de bautizo los Archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia.

 

Francisco de Cardona y Ligne, V marqués de Guadalest, fue uno de los máximos representantes de la nobleza valenciana junto al duque de Gandía, y tuvo un papel determinante en el mundo del bandolerismo valenciano. Su posición social preeminente y el prestigio que disfrutaba entre sus compatriotas no evitarán a lo largo de su vida toda una serie de medidas represivas contra él o sus familiares y amigos. Medidas que arbitrarán los virreyes, el Consejo de Aragón y hasta el propio monarca. Medidas represivas que se alternaron con concesiones de más cargos y honores. Dada su condición de gran noble, estas medidas represivas, muy a menudo, se limitaron a apartarlo de Valencia, obligándole a residir en sus estados o en algún lugar de Castilla, incluida la misma corte.

 

En 1620, ante la imposibilidad de hacer frente a los pagos de las pensiones de los censales, Ana de Ligne, mujer de Felipe de Cardona y Borja, IV Marqués de Guadalest, ya fallecido, como administradora de su hijo Francisco de Cardona, firmó una concordia con los acreedores de la casa. A pesar de todo lo ventajoso y claro del acuerdo, en años sucesivos asistiremos a episodios de impago de la presente concordia. Hasta que en la segunda mitad del siglo XVIII, año 1776, se tuvo que vender Riba-roja, previa autorización del Monarca, para hacer frente a los pagos (MARTÍNEZ-FORT, 2001, XVIII, 58-59).

 

Al morir en 1623 Francisco de Mendoza y Mendoza, el título de Almirante de Aragón pasó a Francisco de Cardona y Ligne, V marqués de Guadalest.

 

La trayectoria de Francisco de Cardona se reforzaría con el doble casamiento (él y su hermana María) con los hermanos Palafox (el III marqués de Ariza y su hermana Lucrecia de Palafox). Casamiento que venía acompañado de la concesión de 2.000 ducados de renta de la Encomienda de Montesa y a la futura sucesión a la Bailia General del Reino de Valencia a Francisco de Cardona por los servicios que su padre había prestado como embajador de Flandes. Unos casamientos que acabaron de condicionar la descendencia futura de la casa de Guadalest en los cruces de la línea sucesoria (GUÍA, 2003, XXVIII, 293).

 

Francisco de Cardona contrajo matrimonio en 1631 con Lucrecia de Palafox, hija de Jaime de Palafox, II marqués de Ariza, dama de la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV. Este matrimonio, en el que siempre hubo problemas, convivía con Ana de Ligne, marquesa viuda de Guadalest, en la casa que los almirantes de Aragón poseían en Valencia, en la calle del Almirante. El matrimonio tuvo tres hijos: Jaime (futuro arzobispo de Palermo y Sevilla), Felipe (VI marqués de Guadalest) y Ana María (ORTICONI, 2011, 247).

 

En 1644, para alejarse de sus indomables madre y esposa, Francisco de Cardona y Ligne solicitó licencia para irse al ejército, lo que consiguió del rey Felipe IV. A los pocos días de haberse marchado su hijo, Ana de Ligne, encontrándose de paso por el castillo de Guadalest, falleció (ORTICONI, 2011, 247-248).Fue enterrada en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Guadalest, en la cripta funeraria que hay al lado del evangelio (CASTELL DE GUADALEST). Por unas cartas escritas por Lucrecia de Palafox, en las que se quejaba de la lejanía de su marido y de su hijo Felipe, sabemos que esta residió sola en Betxi (salvo una o dos visitas esporádicas que le hizo su hijo) entre enero de 1644 y diciembre de 1645.3

 

En 1651 el Almirante de Aragón renunciará al cargo de Baile General de Valencia, en favor de Cristóbal de Cardona, nieto en la línea bastarda del II marqués de Guadalest (GUÍA, 2003, XXVIII, 291).

 

En marzo de 1653 se autorizó al Almirante de Aragón a volver a Valencia para cuidar de su hacienda. Su llegada a la ciudad coincidió con un nuevo periodo de crispaciones de todo tipo. La gestión del nuevo virrey, el duque de Montalto, provocó de inmediato una reacción contraria de casi toda la nobleza, y el Almirante se puso en medio del conflicto. A primeros de octubre de 1653 llegaba el Almirante a Valencia. Haciendo honor a su fama de hombre violento y sin escrúpulos, el Almirante protagonizó uno de sus “desordres” más clamorosos; se trataba del primero de una serie de delitos, en el que las mujeres son el motivo aparente de la discordia o del enfrentamiento. A los pocos días Vicente Ayerve, escribano de la corte eclesiástica, era asesinado por orden suya. Las razones, según el virrey y sus confidentes, radicaban en los deseos de venganza de una mujer, Paula Verger, amante del Almirante, despechada de que su anterior amante, Vicente de Aragón, la hubiese abandonado.

 

La vuelta de Madrid a mitad de marzo de 1654, provocaría una serie de escándalos sucedidos en el convento de la Encarnación. Algunas monjas se tuvieron que cambiar a otros de la ciudad de Valencia. En el caso de Paula Verger el cambio fue al convento de Santa Ana. La priora y el resto de las monjas “quedaron temerosísimas de las amenazas del Almirante conociendo que no hay sagrado ni sacerdocio que le embarace para sus violencias”. Las amenazas se habían dirigido también contra los familiares de estas monjas si dificultaban la relación. Debemos tener en cuenta que muchas monjas eran miembros de la nobleza y el peligro de nuevos enfrentamientos era evidente (GUÍA, 2003, XXVIII, 303). Por otra parte, el Almirante volvía a participar directamente en las actividades de los bandos, recibiendo en su casa a toda clase de delincuentes. El Almirante, para materializar sus amenazas recurría a sicarios como José Valterra. Según el virrey, José Valterra fue el encargado de matar al síndico de la ciudad de Valencia, Francisco Romero, por oponerse a unas peticiones del Almirante. Acción que finalmente se quedó en una simple amenaza.

 

Felipe de Cardona y Palafox era hijo de Francisco de Cardona y Ligne, V marqués de Guadalest y Almirante de Aragón, y de Lucrecia de Palafox, hija de Jaime de Palafox, II marqués de Ariza. El 2 de junio de 1656 Felipe de Cardona hizo gala de su carácter violento, al agredir a oficiales de justicia por haber encarcelado a un criado suyo. El nivel de inmunidad que disfrutaban los Cardona se hizo patente a los pocos meses: el 15 de noviembre de 1656 Felipe de Cardona fue arrestado por su enfrentamiento con Francisco Fuster, coadjutor del Maestre Racional; sin embargo, Felipe de Cardona cumplió su condena en su casa, por decisión del Gobernador de Valencia, Basilio de Castellvi; el otro, Francisco Fuster la cumplió en la prisión. El diferente trato provocó la protesta del virrey (GUÍA, 2003, XXVIII, 303-306).

 

Más revelador aún de la temeridad de padre e hijo, y de su correspondencia con bandos y malhechores, es el episodio de los amoríos del V marqués de Guadalest con la actriz Luisa Romero. En noviembre de 1658, Francisco de Cardona y Ligne, rendido a los encantos de esta mujer, que había conocido durante su estancia en la corte, decidió llevarla consigo a Valencia. Informado el virrey Montalto, conminó al Almirante con el embargo de la renta que disfrutaba sobre el tercio diezmo de Morella si no devolvía de inmediato a la actriz a su casa paterna en Castilla. Este, por el contrario, se dio a la fuga con su amada, y escoltados por treinta hombres atravesaron sus dominios más meridionales hasta arribar, en enero de 1659, a las puertas del monasterio de Santa Clara de Elche, donde, pese a la resistencia inicial de las religiosas franciscanas, quedaron recogidas la comediante y sus tres criadas. De allí partió hacia Murcia el Almirante de Aragón con la intención de obtener del provincial de la orden garantía del ingreso de Luisa, encareciéndole los graves daños y las muchas muertes que se producirían si el juez que les perseguía llegaba a prenderla, porque en el reino tenía a más de quinientos hombres de armas a su devoción. En junio en I659, Luisa Romero volvió a la corte, y el V marqués de Guadalest, arrepentido, purgó sus faltas con el arresto en su palacio de Ondara y una fianza de 4.000 ducados. Cuestión bien distinta es que D. Francisco de Cardona cortara además sus lazos con las partidas de bandoleros (CATALÁ, 1996, XIV, 160-161).

 

Restablecida la armonía en el matrimonio, los marqueses se fueron a vivir en la Corte de Madrid. Desde entonces, los Cardona vivieron habitualmente en Valencia, realizando muy cortas estancias en sus posesiones valencianas (ORTICONI, 2011, 248).

 

Francisco de Cardona y Ligne protagonizará uno de los “desordres” más dramáticos de su vida, enfurecido porque D. Ventura Ferrer, chantre de la catedral de Valencia, galanteaba a su hija bastarda María Isabel de Cardona. El Almirante hizo que dos de sus allegados, Vicente Adell y Jaime de Próxita, relacionados de antiguo con facciones y parcialidades, lo asesinaran el 1 de marzo de l66l, a las doce y media del mediodía cuando regresaba a casa, después de haber pasado casi toda la mañana en la Catedral. A la altura del trinquete de Caballeros Ventura Ferrer se topó con un par de desconocidos, que sin mediar palabra le descerrajaron dos carabinazos en el vientre antes de darse a la fuga.

 

Al día siguiente se inició la investigación, en la que desde el primer momento hasta el final faltó colaboración por parte de testigos y familiares de la víctima, silenciados por miedo o afán de venganza (CALLADO, 2014, LXVI/133, 119-120). Aunque la voz pública y un anónimo recibido por el virrey Camarasa guiaron a la Justicia hasta ellos, ambos pudieron sortear su garra. Las cartas de Francisco de Cardona y Ligne que los oficiales requisaron en casa de Adell probaban su amistad y su común trato con bandidos, pero no su participación en el crimen. Y por su parte, Jaime de Próxita tomó la prevención de deshacerse de uno de los ejecutores del asesinato, un pobre diablo llamado Gaspar Diana, que cometió el error de irse de la lengua. De nada sirvió que el juez Melchor Sistemes de Oblites indagara durante dos meses en Xátiva, donde Próxita vivía a sus anchas; el caso, como tantos otros, acabó resolviéndose con el prendimiento y destierro de Adell por la vía económica, por “razón de bandos”.

 

Una semana más tarde del asesinato de Ventura Ferrer, Francisco de Cardona y Ligne obligaba a su hija, Isabel de Cardona, a ingresar en el convento de Nuestra Señora de Gracia, en la Zaida, donde permanecería al menos hasta 1668 (CATALÁ, 1996, XIV, 119-120).

 

Francisco de Cardona y Ligne, V marqués de Guadalest y Almirante de Aragón, no rendiría más cuentas por ordenar el asesinato de Ventura Ferrer. Su condición le libró nuevamente de la prisión y el destierro que hubieron de padecer la mayoría de los encausados en el suceso. Sólo fue llamado a la Corte, donde permanecerá hasta el final de sus días (CALLADO, 2014, LXVI/133, 127). El final de sus días tendrá lugar en 1664, después de una intensa, y para muchos desordenada vida, tanto desde la perspectiva personal como de la pública (GUÍA, 2003, XXVIII, 294).Nombró heredero a su hijo Felipe Folch de Cardona y Palafox, que será el VI marqués de Guadalest.

 

Felipe de Cardona Borja y Palafox, Almirante de Aragón, VI marqués de Guadalest, se casó con Luisa de Sotomayor y Lima, y tuvieron dos hijos: Isidro Tomás y Antonio de Cardona y Sotomayor (ORTICONI, 2011, 247). Felipe de Cardona Borja y Palafox falleció en 1672 (GUÍA, 2003, XXVIII, 314). Le sucedió su hijo Isidro Tomás de Cardona y Sotomayor.

 

Isidro Tomás de Cardona y Sotomayor, VII marqués de Guadalest, se casó en primeras nupcias con Elvira de Navarra y Rocafull Tojalto y Aragón, hija segunda de Melchor de Navarra y de la Princesa de la Palata, Principes de Massa. De esta unión nació una hija. El 7 de abril de 1693 Elvira de Navarra hizo testamento y dejaba los cien mil reales de a ocho a su hija María Luisa de Cardona y Navarra, muerta poco después. Al morir su primera mujer, el Almirante de Aragón vivió en Madrid.

 

Isidro Tomás de Cardona y Sotomayor contrajo una enfermedad mucho antes de venir a Valencia, para casarse en segundas nupcias en 1697 con María del Patrocinio de Ligne y Arenberg, Princesa de Barbanzón, duquesa de Arenberg, condesa de la Roche, vizcondesa de Dave, dama de las Reinas Dª. María Ana de Neoburg y de D.ª Mariana de Baviera. Con esta boda el Almirante de Aragón se empeñó mucho, y por hallarse tan corto de dinero vivieron en casa de su tío, el conde de Aguilar, asistiéndolos hasta la muerte de D. Isidro Tomás de Cardona. De este matrimonio tampoco tuvo descendencia. En contemplación de este matrimonio, su Majestad hizo merced del Gobierno de Galicia a Tomás Isidro de Cardona (MEMORIAL AJUSTADO).

 

Isidro Tomás de Cardona murió el 5 de agosto de 1699. Pocos días antes de su muerte, fue nombrado por el rey Capitán General del Reino de Galícia. Falleció antes del día establecido para la toma de posesión y será el último que ostentará el marquesado de Guadalest (ORTICONI, 2011, 249).

 

Por tener Isidro Tomás de Cardona, sus rentas empeñadas, hizo los gastos del entierro su tío, el Conde de Aguilar. Tras su muerte quedó debiendo sumas considerables a diferentes personas (MEMORIAL AJUSTADO). Al morir sin descendencia dio lugar al tercer pleito por la sucesión del marquesado de Guadalest, muy complejo esta vez, entre las casas de Ariza y de Castelnovo (MEMORIAL AJUSTADO).

 

Tercer Pleito por la posesión del marquesado de Guadalest.

 

En dicho pleito intervinieron seis personas:

 

  • Vicente Folch de Cardona Borja y Milá, marqués de Castelnovo y de Pons, alegando la agnación como biznieto que era de Antonio de Cardona y Borja (hermano del IV marqués de Guadalest, Felipe Folch de Cardona y Borja-Lanzol).

  • Juan Antonio de Palafox Zúñiga y Folch de Cardona, V Marqués de Ariza, como nieto de María Felipa Folch de Cardona y Ligne (hermana de Francisco Cardona y Ligne, V Marqués de Guadalest (C. PÉREZ, 2002, XXVIII, 439), puso la demanda de inmisión en posesión de las Villas, Baronías y Lugares de Betxí, Riba-roja, Gorga, Cuatretonda, Balones, Valles de Seta y Travadell, jurisdicciones y anexos.

  • María del Patrocinio de Ligne y Arenberg, Princesa de Barbazón, como segunda esposa que fue de Isidro Tomás de Cardona alegando nulidades contra las provisiones hechas de la referida demanda del ilustre marqués de Ariza.

  • El conde de Belchite, padre y legítimo administrador de Antonio Melchor Fernández de Hijar, su hijo, intitulándole sucesor en el vínculo instituido por Melchor de Navarra (padre de Elvira de Navarra, primera esposa de Isidro Tomás de Cardona).

  • Juan Pardo de la Casta Ruíz de Liori, marqués de la Casta, como inmediato sucesor de Juan de Palafox, marqués de Ariza, que se hallaba sin hijos varones (MEMORIAL AJUSTADO).

 

En 1704 moría sin sucesión masculina Vicente Folch de Cardona Borja y Milá, III marqués de Castelnovo. Le sucedió en el pleito su tío José Folch de Cardona Erill y Borja, conde de Cardona del Sacro Imperio (biznieto de Juan de Cardona Ruiz de Liori). José Folch de Cardona Erill y Borja reclamó en justicia la herencia del marquesado de Guadalest, aduciendo que extinguidas las líneas masculinas de las dos ramas valencianas de la Casa de Cardona, la de Guadalest y la de Castelnovo, pasaba a ocupar la primogenitura de ella por agnación y sucesiva masculinidad (C. PÉREZ, 2002, XXVIII, 440).

 

La justicia de Felipe V resolvió el litigio por el marquesado de Guadalest a favor de Juan Antonio de Palafox Zúñiga y Folch de Cardona, V Marqués de Ariza, según Real Cédula dada en el Palacio del Buen Retiro de 20 de junio de 1707 (C. PÉREZ, 2002, XXVIII, 440). El marqués de Ariza había arrebatado a los Cardona una dignidad que ellos habían ostentado durante siglos.

 

El marqués de Ariza, Almirante de Aragón, obtuvo sentencia a su favor el 17 de agosto de 1709 y el 1 de diciembre de 1712. En su virtud, su procurador tomó posesión de todos sus estados. Así pues el marqués de Ariza arrebató primero la dignidad del almirantazgo a Vicente Folch de Cardona y después expulsó judicialmente a José de Cardona Erill y Borja de la sucesión en el marquesado de Guadalest.

 

Árbol familiar de los Cardona: los Marqueses de Guadalest y Almirantes de la Corona de Aragón. (ORTICONI, 2011, 252).

Árbol familiar de los Cardona: los Marqueses de Castelnovo. Principes del Sacro Romano Imperio.

(ORTICONI, 2011, 253).

A comienzos del XVII, la casa de Guadalest era la más endeudada del territorio valenciano, después de la de los duques de Gandía. Sus censualistas incoaron pleito contra la casa de Guadalest en 1709. Los acreedores de Guadalest se repartieron los ingresos producto del arrendamiento de los derechos señoriales de la villa de Betxí “a cuenta de las muchas sumas que se les deben...”, y con los siguientes resultados entre 1710 y 1717:

IMPORTE DE LOS ARRENDAMIENTOS DE LOS DERECHOS DOMINICALES EN BETXI 1710-1717

Año

1710

1711

1712

1713

1714

1715

1716

1717

Valor arrendamiento en libras

1516

2052

1400

1320

1500

1200

1400

1350

Juan Francisco de Palafox Cardona y Rebolledo, por su fidelidad y adhesión a la nueva dinastía borbónica, le otorgaron en 1721 “la grandeza de España”.

En 1725 moría Juan Antonio de Palafox Zúñiga y Folch de Cardona, V Marqués de Ariza, VIII marqués de Guadalest y Almirante de Aragón. Le sucedió en los títulos su hijo Joaquín Antonio Ximenez de Palafox Centurión de Cordoba, VI Marqués de Ariza, IX marqués de Guadalest y Almirante de Aragón.

Cuarto Pleito por la posesión del marquesado de Guadalest.

José Ignacio de Solis Grand-Vilain, duque de Montellano, estaba casado con Josefa Folch de Cardona y Bellvís de Moncada, marquesa de Castelnovo y de Pons. El duque de Montellano, que era marqués de Castelnovo por el derecho de su mujer, siguió con sus reclamaciones por la sucesión del marquesado de Guadalest y entabló pleito con Joaquín Antonio Ximenez de Palafox Centurión de Cordoba, VI marqués de Ariza. El duque de Montellano en enero de 1738, gracias a una sentencia de la Audiencia de Valencia, consiguió el marquesado de Guadalest pero en 1753, ya definitivamente, volvió otra vez a Joaquín Antonio Ximenez de Palafox Centurión de Cordoba, VI Marqués de Ariza. (ORTICONI, 2O11, 250).

La revolución burguesa llega a la nobleza con la ley de desvinculación de 1820 con la que se acaba con los señoríos, aunque los propietarios mantengan la tierra en su poder. Es el final del feudalismo. Se termina con el señorío de los Palafox con María Elena de Palafox y Silva que no dejó sucesión. Como nos dice Traver: “los títulos pasan a la casa de los duques de Granada y con estos a los Artega Palafox, duques del Infantado y marqueses de Santillana al heredar en 1882 a D. Mariano Tellez-Girón el espléndido Duque de Osuna” (BREVA, 1990, 22).

El inicio de la decadencia del Palau se debe a la pérdida de interés por parte de sus propietarios. Las visitas de los señores cada vez fueron más esporádicas, y esta situación se prolongaría durante el siglo XVIII hasta la supresión definitiva de los señoríos en 1837. Dejó de interesar a sus señores, quedando en completo abandono.

1 Sala del gobernador

2 Prisiones y cochera

3 Patiàs

4 Sala de las andanas o la seda

5 Corrales de Beltrán y de Personat

6 Baluartes

7 Patio de las columnas

8 Entrada al Palau

9 Casa de Joaquín Franch Canelles

Reconstrucción de la planta del palacio realizada por el arquitecto Llop (Mesado i Gimeno 2003-2005).

 

Posteriormente, se vendió para comerciar con sus vigas, pavimentos y materiales nobles. A finales del régimen feudal los dueños del Palau lo vendieron fraccionado a José Meneu y Queralt (abuelo de Pascual Meneu), que compró parte del Palau en sociedad con Pascual Personat, Cristóbal Beltrán y el Sr. Adsuara, antepasados de José Doñate, carpintero, Bartolomé Franch, y los Personat-Franch, que después lo vendieron al vecino de Betxí Pascual Meneu Meneu, Catedrático de Árabe y Hebreo de las Universidades de Salamanca y Granada (M. FRANCH, 1996, 139). El antiguo almacén del Palau se utilizó como almazara o molino de aceite; en el patio se hacía vino y aceite, en la andana se criaban gusanos de seda, las otras dependencias se usaban como corrales, almacenes y cocheras para los carros. También se utilizó como carpintería.

 

Los nuevos propietarios para resarcirse de la compra derribaron cubiertas, muros, suelos y vendieron sus materiales, sobre todo vigas de madera a familias ricas de los municipios vecinos, en especial de Onda, que fueron a parar a nuevas construcciones. La mayor parte de la madera vendida se aprovechó en hacer la casa de los Sancho en Onda (ESTEVE, 1993, VI, 28).

 

A finales del siglo XIX Pascual Meneu Meneu compró el Palau ayudado con el dinero de su mujer María Octavia Reboredo Machado. Empezó a realizar obras, estas afectaron a la parte sudoeste, dando una nueva fachada en la cara que recae a la plaza, produciéndose la principal modificación en el patio renacentista, siendo esta obra poco afortunada. Su estado actual es bastante deplorable, debido a que en la parte norte se construyó un moderno edificio que rompió la belleza del patio.

 

 

                                                                                            

 

Foto 11: Escalera que mandó construir en 1927 Meneu.                                                                                          Foto 12: Demolición Ala Norte del Palau en 1969.

 

En la foto 12 podemos apreciar arriba en la parte izquierda, una antigua ventana ajimezada, tipo de ventana habitual en los palacios de la Corona de Aragón, mientras que el resto de huecos se habían transformado en ventanas y balcones.

Durante toda su vida el Palau fue para Pascual Meneu, su obsesión, le llevó a su ruina tanto económica como física. Si no fuese por Pascual Meneu el Palau, ya no existiría y solamente algunos viejos recordarían que había habido un palacio.

                        

Foto 13: Techo de una habitación de la residencia de Pascual Meneu.                         Foto 14: Pintura bucólica en una habitación de la residencia . de Pascual Meneu.    

El Palau también lo habitaron familias en otra planta del edificio, donde instalaron chimeneas y los muros estaban decorados con pinturas bucólicas.

Lourdes Burdeus nos dice sobre el Palau: “Es de imaginar que no habría entre sus paredes, ni alfombras, ni tapices, ni cortinas adamascadas. No habría en aquella casa grandes riquezas, obras de arte y objetos de producto de viajes por lugares remotos. Pero si habrían azulejos de Onda y loza doméstica de Ribesalbes y de las propias alfarerías del pueblo, y … libros y más libros que se hallarían perfectamente ubicadas en biblioteca y armario” (BURDEUS, 2007, X, 921).

El edificio cuenta con la declaración de monumento desde 1995 dentro de la tipología Edificios militares-Edificios agrícolas o residenciales fortificados. Estilo: Gótico-Renacimiento. Después de muchos años de deterioro y de una parcial destrucción, lo adquirió el Ayuntamiento a sus antiguos propietarios a finales del año 2002, por el importe de 210 millones de pesetas (1.260.000 euros). La Consellería de Cultura lo ha declarado BIC (Bien de Interés Cultural).1

En el año 2003 el Ayuntamiento de Betxí encargó el Plan Especial del monumento del Palau elaborado por los arquitectos Francisco Grande y Enric Llop.

Las autoridades locales compraron y derribaron dos antiguos corrales adosados a la muralla por valor de 180.000 euros y firmaron en 2006 un contrato con la Universitat Politècnica de València para elaborar los estudios topográficos que desvelasen la estructura que se conserva del Palau y delimitasen la zona que queda afectada directamente por la declaración de Bien de Interés Cultural, como un paso previo imprescindible para poder aprobar el Plan Especial y actuar en la restauración del edificio renacentista.

Los arqueólogos Rafael Martínez y Lourdes Tamborero trabajaron en el Palau en el año 2007-2008, dos de los hallazgos más importantes han sido los cimientos de lo que podría ser una torre de 10 metros de diámetro de la fortaleza medieval con una datación aproximada de mediados del siglo XIV. El otro hallazgo corresponde a restos humanos, más concretamente un cráneo, unas vértebras y restos de huesos diseminados que podrían corresponder a una antigua necrópolis islámica anterior al castillo, es decir, entre el siglo XI y XIII. Los restos de la torre podrían corresponder al periodo entre 1354 a 1357. Además, han aparecido varios molinos de mano y un barreño de grandes dimensiones, que con toda seguridad fue utilizado para guardar el trigo, lo que definiría el uso de la sala como silo.

Para el arquitecto Francisco Grande “el Palau es el único ejemplar que se conserva del siglo XVI en su género y es el de mayor autenticidad de todo el territorio valenciano, más incluso que el palacio del Embajador Vich de Valencia”.

En el año 2008 se hicieron los estudios previos del Palau a cargo de profesores y técnicos especializados de la Universitat Politécnica de Valencia dirigido por Francisco Grande, Francisco Juan Vidal, Liliana Palaia y Santiago Tormo junto con los arqueólogos Lourdes Tamborero y Rafael Martínez.

Entre diciembre de 2013 hasta junio de 2014 realizaron trabajos en el Palau, con el objetivo de recuperar el interior del claustro renacentista, a cargo de la oficina de arquitectos El fabricante de Espheras (M. Amparo Sebastiá, Eduardo J. Solaz, Pasqual Herrero, Fernando Navarro y Victor Muñoz) con la colaboración de los arquitectos Fernando Gómez, Antonio Martínez, Lluis Bort, Ana Morro y Federico Iborra. La dirección técnica ha estado a cargo del arquitecto técnico y profesor de la UJI, Fermín Font, y la supervisión arqueológica del arqueólogo de la Diputación de Castellón, Gustau Aguilella.

En diciembre de 2014 el Ayuntamiento de Betxí derribó la casa aneja al Palau, construida en la década de los cincuenta, para liberar el lateral Sur del Palau.

El empedrado de la mitad de la plaza, la que da al Palau, se inauguró el 7 de marzo de 2015. El 17 de julio de 2015 los ministerios de Fomento y Cultura han aprobado la aportación de 418.821 euros para la Fase II de recuperación del Palau. Los trabajos a realizar consistirán en la recuperación de la zona del antiguo cine al aire libre (el Patiàs) y la adecuación de una sala polifuncional en la nave Este del Palau.

El 26 de julio de 2015 la Diputación Provincial de Castellón ha anunciado una nueva inversión de 75.000 euros en el Palau de Betxí, para completar la actuación que se llevará a cabo con la subvención del 1´5% del Ministerio de Fomento en la Fase II de Rehabilitación del Palau.

Quiero dar las gracias a: Vicente José Nebot Nebot director de la revista digital Lataberna.eu, por la gran oportunidad y libertad que me ha dado para poder publicar mis artículos durante casi dos años en su revista; a Enric Sorribes, encargado de la Biblioteca Municipal de Betxí, por las facilidades dadas para la visita al Palau y para terminar quiero agradecer la ayuda desinteresada de Miquel Àngel Badenes Martín, en la redacción de este monográfico sobre la Historia del Palau de Betxí.

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MEMORIAL AJUSTADO del pleyto que en este... entre el ilustre Don Juan Antonio Palafos Ruiz de Liori, Marqués de Ariza, el ilustre Don Vicente Folch de Cardona Ruiz de Liori, Marqués de Castelnovo, y Don Juan Pardo de la Casta Ruiz de Liori, Marqués de la Casta, por la sucesión de la Baronia de Betxí y sus anexos.

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1 Información oral facilitada por Manuel Peirats Blasco.

          

 

 

 

 

Modificado por última vez en Miércoles, 30 Septiembre 2015 17:55

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