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Lunes, 07 Marzo 2016 20:22

EL TTIP

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
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Usurpador  es todo aquél que  roba a alguien y le quita el reconocimiento. Y esto se agrava cuando se hace a una institución o a una colectividad. De esto trata el libro, ¿Pero qué? ¿A quién? ¿Y quién? Está realizando semejante injuria o incluso crimen.

En primer lugar habría que decir que esta práctica no es nueva, tiene su origen precisamente con el nacimiento del capitalismo. Ya los clásicos de la Ilustración como Rousseau nos decían que  “la propiedad es un robo. El problema radica en el hecho de que en esta segunda internacionalización del capital que el neoliberalismo prefiere llamar mundialización ya no existe límites para dicho robo, pues se nos quiere usurpar hasta la vida misma. Ya algunos economistas como David Harvey denominan a esto la “acumulación por desposesión”. Habría que expropiar todo aquello que se pueda vender y sacar beneficio y hoy día para este capitalismo salvaje y senil hasta el mismo futuro puede ser hipotecado (las patentes). Pero para todo lo dicho hay que acabar, finiquitar todo lo existente.

Ya Susan George en este informe nos da la clave: “¿Pero qué busca la autoridad ilegítima? Primero, y tal vez paradójicamente, pretende establecer un nuevo tipo de legitimidad para el sistema alternativo que está imponiendo. Segundo, intenta utilizar esa pseudolegitimidad con la intención de eliminar los servicios públicos, el interés general y el bien común, y así incrementar los beneficios de las corporaciones e interponer reglas que favorezcan el monopolio de la riqueza, a la vez que proscribe cualquier forma de propiedad ciudadana, común, incluyendo la protección de la ciudadanía

La primera víctima: La democracia. Este proyecto sólo es posible llevarlo a buen puerto si desparece la democracia tal y como la conocemos. La opinión pública  es la de los medias, la otra es criminalizada y reprimida.  Quizás por esto las negociaciones se realizan en habitaciones herméticas y a espaldas de la población y mediante la presión de los lobbys. 

Los gobiernos ya no tienen autoridad y la legitimidad queda supeditada al “gran hermano” de la  Troika. Ha sido necesario que estos poderes (transnacionales) haya provocado, ellos mismos, la Gran Recesión de 2007 para ver cuál es su legitimidad. Ministros nombrados por aquellos poderes, no salidos de la elección democrática. Y cuando no se hace caso se provoca la crisis y se infligen una  “derrota” para que se vuelva a redil con una claudicación (Syriza).

Existe un Rediseño Global que necesariamente ha de ser autoritario y con una deriva facistoide llevado a cabo por esos poderes que tienen nombre y apellidos –las transnacionales-, y que por supuesto  requieren del Estado. Pero este Estado es el Estado mínimo que propugna la ideología neoliberal. Ya no es un Estado que sirve para  “redistribuir” la riqueza ni para  paliar las desigualdades (Estado que es muy posible que ya no veamos en varias generaciones). El Estado que se vislumbra es otro muy distinto en los que los valores sean la jerarquía, el secretismo, y la falta de democracia.

El peligro reside en que estas políticas necesitan otro tipo de sociedad, además que se encuentren legitimadas con el beneplácito de la población. Y esto se consigue en primer lugar infligiendo una derrota  al Movimiento Obrero y a sus aliados. De ahí, que desde sus comienzos (1980 esta ideología neoliberal ha tenido un objetivo fundamental: la desaparición de los sindicatos de clase y, por supuesto de sus conquistas sociales. Y para esto sirvió fundamentalmente una de las peores imposiciones de las  [contra] reformas laborales: la legalización de las ETTs, ya que supusieron la institucionalización de la trata de personas. Fue la base de la desaparición del fijo y la aparición del precariado.

La desaparición de las conquistas sociales, la división profunda del proletariado en dos fracciones y  la aparición de los trabajadores pobres. El Estado de Bienestar para este capitalismo salvaje y senil ya no es necesario  Y esto lo tienen muy claro: “A través de sus varias organizaciones y entidades, más o menos públicas, las empresas nunca se han desviado de su curso; reducir y eliminar regulaciones, presionar a la baja los estándares, adecuar el sendero para las empresas, armonizar o integrar las reglas de juego del comercio, y en última instancia guiar a las economías

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