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Viernes, 10 Octubre 2014 16:29

El misterio del diente de oro VI.

Escrito por  VJMonC
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-Se nos va a volver a escapar. Rápido gira en esa esquina.

Le indico a Aritz que girara el volante del Smart por la siguiente callejuela y casi se introducen en una vía llena de restaurantes típicos, con sus manteles a cuadros. Sofía parecía desesperada tras tres noches intentando dar caza, por que no existía otro nombre a lo que estaban haciendo, a un misterioso hombre que se hacía llamar “el hurón” por las calles de Roma.

-Por aquí no puedo pasar.

-Inténtalo por la otra calle, no se nos puede escapar otra vez.

-Ves en el indicador por dónde anda Roger.

-Está en la paralela, pero va a gran velocidad.

-Vamos, lo intentaremos por la otra calle.

El plan, a priori, era sencillo. Los contactos de Aritz les habían proporcionado un nombre y una descripción. Al parecer como “el hurón” se conocía a un pequeño confidente de la policía metropolitana de Roma que se dedicaba al menudeo de cualquier sustancia ilícita, des de las más modernas drogas de diseño a células madres destinadas a algún oligarca de la iglesia que ansiaba la juventud eterna. El sujeto en cuestión solía moverse por el centro de la ciudad capitolina siempre de noche y en scooter, por lo que habían alquilado sendos Smart (el vehículo más pequeño y apropiado para moverse por el caótico tráfico de la capital italiana) con el fin de cortarle el paso entre dos vehículos en alguna de las callejuelas por las que solía moverse. Una vez atrapado, pues al parecer siempre andaba desarmado, simplemente le sonsacarían lo que necesitaban. “El hurón” era uno de los muchos enlaces entre la delincuencia que solía usar el Señor M para contentar a la Curia y al gobierno transalpino.

Casi lo habían conseguido la primera noche, sin duda por el factor sorpresa. Pero su presa había resultado un hábil piloto y les había esquivado en una bajada por escaleras, donde los Smart no podían acceder. Alertado de su acción pero confiado en sus posibilidades, esta era la tercera noche que les daba esquinazo, como si jugara con ellos como un ratón juega con un gato cuando consigue escapar. Giraron en la esquina y se toparon de bruces con Roger, apoyado en su vehículo con el motor aun en marcha.

-Esto no funciona.

-Eres buen piloto Roger, pero esa rata es mucho más hábil sobre dos ruedas. Además, conoce el terreno.

-Ni que lo digas, acaba de despistarme conduciendo por encima de ese acueducto de ahí.

-Deberíamos trazar otro plan-dijo Sofía- estamos alertando ya a la policía con tanto viaje en alta velocidad con los Smart.

-La chica tiene razón Roger –dijo Aritz- así solo vamos a conseguir alertar a la policía.

-¿Tienes alguna otra idea?

-Un coyote.

-Un coyote es peligroso.

-Lo sé, pero no nos queda otra.

-La última vez que lo intente no salió bien. No me gustaría jugármela con eso.

-Chicos, ¿podéis explicarme que es un coyote? Por qué entre hurones y coyotes empieza a parecerme un zoo esto.

-Sé que es peligroso, por eso esta vez la caza la haréis vosotros.

-Yo no soy tan buen conductor Roger.

-Lo sé, por eso se confiara más. Es el coyote o nada.

-No funcionará.

-¿Tenemos otro plan? ¿O tenemos otra forma de contactar con el Señor M?

-No.

-Entonces funcionara.

-¿Podéis explicarme que es el coyote?

-Mañana lo veras Sofía –dijo Roger_ ahora es tarde. Vamos a descansar y mañana por la noche, cazaremos a ese hurón.

El piso franco estaba situado en el mismo edificio que un albergue, cerca de la estación de tren de Termini. Tanto el trasiego de viajeros de la estación central de Roma como el de los hospedados en el albergue, el clásico establecimiento destinado a mochileros del mundo, ofrecía un anonimato que hubiera resultado sospechoso en cualquier otro barrio de la capital. Además por su ubicación contaban con abundantes locales donde proveerse de alimentos a cualquier hora de la noche, o donde disfrutar de una tranquila comida. Roger llamó a la habitación de Sofía.

-Vamos a ir a comer a la tratoría. ¿Vienes?

-Estoy muy cansada de anoche Roger-la voz sonaba casi como adormecida. , y esta noche se prevé movimiento. Así que si no os importa me quedare a dormir.

-¿Te traemos algo?

-Si gracias. Eres un cielo.

Aritz le esperaba en la puerta.

-Está cansada y se queda durmiendo.

-Mujeres…esta en Roma y se queda durmiendo.

Cerraron la puerta y Roger se quedó un momento junto a la misma, como escuchando su interior. Acto seguido continuo por las escaleras junto a Aritz (para variar el ascensor estaba estropeado). El tráfico no había mejorado con la llegada del mediodía y además un continuo hormigueo de gente pululaba por la calle, accediendo y saliendo al edificio de la terminal. Tomaron el camino opuesto y bajando por la Via Solferino giraron a la derecha, entrando en la poco concurrida Via Magenta. Esta transcurría paralela a la muy concurrida, abarrotada y saturada Vía Marsala, donde se encontraban las puertas principales de la mayoría de hoteles de que prestaban servicio junto a la estación de tren, pero contaba con numerosos locales de comida un tanto menos concurridos y con unos alimentos de mucha mayor calidad.

Tomaron asiento en la Tratoria da Nazzareno, donde Luigi Nazzareno era un viejo conocido de ambos. En sus años mozos, Luigi había trabajado para la camorra. Ahora, con ya sobrepasados holgadamente los setenta, era un honrado restaurador que no había roto sus vínculos con su antigua organización, pues hay uniones que son de por vida. Así mismo en su pequeño negocio familiar, con su esposa en la cocina junto al marido de su hija y está auditando las cuentas del negocio para evitar la ruina y haciendo las veces de maître, siempre eran bien recibidos sus antiguos socios o gente del mundillo en el que había hecho fortuna. Roger se quedó aparte un momento con la hija de Luigi mientras este conducía a Aritz, recordando viejas batallas, a una mesa lo suficientemente escondida como para no ser vistos, y lo suficientemente visible para estar alerta de cualquier cosa que ocurriera. Las buenas maneras del negocio siempre se respetan.

-Este Luigi se irá a la tumba siendo siempre un bravucón –comentó Aritz cuando Roger tomo asiento.

-Está ya muy crecido el tronco para cambiar su orientación, Aritz. Podemos decir lo mismo de ti.

-Sin embargo, tú crees que has escapado a eso, ¿me equivoco?

-Que quieres decir.

-Esa chica, Irene, sabes que no puede funcionar.

-Lo sé, pero no es lo que crees.

-¿Ha hecho algún progreso en Londres?

-Está en ello. Se ha complicado un poco el asunto, pero dice que en unos días lo tendrás resuelto.

-Ya, y que me dices de tu amiguita, la que tienes aquí en Roma. ¿Confías en ella?

-No tengo por qué dudar de ella.

-Dice que trabaja para el señor M.

-Sé que vas a decirme, nadie que trabaja para él es de confianza.

-Yo no confío en ella. ¿Por qué tu si?

-¿Me crees un tonto, Aritz?

-Sabes que te tengo en alta estima.

-Ella me mato una vez. Sería muy tonto si dejara que ocurriera una segunda vez.

En ese momento una joven camarera trajo el vino y el primer plato. Mientras descorchaba la botella, la hija de Luigi se acercó y depositó una nota en la mano de Roger, ante la mirada de su acompañante. Una vez leída, se la tendió para que el mismo pudiera leerla y acto seguid, la quemó. Una vez se hubo marchado la camarera, dejando bien aprovisionada de víveres y bebida la mesa, Aritz levantó su copa y le ofreció un brindis a Roger.

-Helena de Troya, Cleopatra, María…Las mayores tonterías de la humanidad se hicieron por una mujer.

-Algunas por muchas mujeres.

-Por nuestras amadas, por nuestras esposas y por nuestras amantes peligrosas. Y por qué no se conozcan entre ellas jamás.

Caída la noche, Aritz se concentraba en no perder de vista a “el hurón”. Este fiel a su desafío, seguía demostrando su pericia a lomos de su scooter por las callejuelas más retorcidas del centro de Roma. Sofía empezaba hasta a marearse de la velocidad y los bruscos giros que debían acometer para no perderle la pista, pero cuando parecía que iban a acercarse, este les dejaba con un quiebro que parecía imposible sobre dos ruedas.

-Se escapa.

-No lo hará.

-Acelera. ¿Dónde está Roger?

-Olvídate de él, concéntrate en la ruta.

-Si gira a la izquierda sigue recto, podremos interceptarle en la siguiente.

-El cabrón va a la derecha.

-Síguele, la calle es amplia.

Siguieron la persecución durante cinco minutos antes de adentrarse en una calle llena de restaurantes y con numerosos viandantes, donde le perdieron.

-El maldito se ha escapado otra vez.

-¿Roger dónde estás?-pregunto Sofía por el celular.

-¿No tienes su señal de GPS?

-No, y no contesta.

-Está ejecutando el coyote. Ese loco.

-¿Pero que es el coyote?

-Es cuando…

-¡Espera!, ¡por ahí va!, ¡síguelo!

Enfilaron de nuevo por la calle haciendo rugir el motor del Smart, que se acercaba al cada vez más confiado motociclista, cuando como un rayo, un coche se abalanzó contra el motorista llevándoselo por delante. El scooter acabo bajo el coche, que resultó ser el Smart de Roger. El coche acabo estampado contra una pared, pero por suerte el airbag saltó a tiempo y Roger solo estaba algo conmocionado. Aritz y Sofía corrieron a sacarlo.

-¿Se puede saber qué haces? Pregunto entre angustiada y encolerizada Sofía.

-El coyote.

-Estás loco muchacho.

-¿el coyote es matarte? Dijo Sofía aun sin entender.

-Solo atropellarle, confiando en que como el coyote de los dibujos, al final siga vivo.

-Podías haberte matado y ha salido mal.

Roger sonrió mientras señalaba con el dedo a una figura que lanzaba alaridos con una pierna rota y algunas fracturas internas, lo que le impedía levantarse. No podía escapar, pero había sobrevivido al brutal impacto que había destrozado tanto el scooter como el Smart.

-Yo diría que ha salido muy bien, ¿verdad Aritz?

-Muy bien, espero que no tengas ninguna costilla rota. Carguémoslo en el maletero antes de que esto se llene de policías.

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