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Lunes, 15 Julio 2013 19:15

Un fantasma recorre Europa

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
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Un fantasma recorre Europa”, nos decía el Manifiesto Comunista hace más de 150 años. Y desde entonces ha llovido tanto, tantas victorias y derrotas, tanto levantarse y Espartacus siempre ha vuelto. Ya desde la derrota del estalinismo, del bloque soviético, el capitalismo se veía a si mismo invencible. Hasta tal punto que su ideología ha carcomido las raíces mismas de una izquierda parlamentaria y reformista, que se creía aquello de que el capitalismo podría tener un rostro humano, y por eso mismo aquella izquierda abrazó los postulados del liberalismo económico, y ya no duda de que lo realmente posible es lo que existe realmente. Los conceptos de explotación, propiedad y socialismo desaparecen del horizonte de aquella izquierda parlamentaria.

Hoy, como ayer (en la crisis de los 80) se nos habla de austeridad y se defiende el hecho de que “sin las leyes del mercado [capitalista] no puede existir el trabajo [asalariado]. El reformismo siempre se ha olvidado de que mercado y propiedad siempre suponen relaciones de poder: “La apropiación privada de los medios de producción e intercambio no es una técnica de gestión entre otras. Implica una relación de poder, tanto en la empresa como en la sociedad” (p 106).

Tenemos en nuestras manos un libro que describe al fantasma que nunca se fue. El libro de Daniel Bensaid nos adentra en un análisis del capitalismo tardío y senil. Un capitalismo que no es el que era, pero que sin embargo no deja de ser capitalismo, y a la postre, que se ha internacionalizado en este tránsito de siglo hasta convertirse en mundializado. Es el Sistema-Mundo. Por tanto: “la cuestión crucial, la cuestión siempre nueva, “no es el comunismo, sino el capital”: la acumulación capitalista de plusvalía a través de nuevas formas. Obviamente, el capital no opera como en el siglo XIX, sólo los estúpidos lo desconocen. Pero sigue operando. Comprender sus jugadas, desbaratar sus fantasmagorías, resolver sus enigmas: en esto consiste la tarea de Marx, y del comunismo. Y así, mientras el capital siga trabajando” (p13).

Cómo domina el capital: en primer lugar con esa palabreja que ha acuñado la burguesía llamada globalización [y que en la terminología marxista se denomina internacionalización del capital] y esto en realidad no es otra cosa que la generalización a escala planetaria de las relaciones mercantiles. Nos vendría muy bien volver a la terminología desarrollada por Rosa Luxemburgo en su análisis del capitalismo llevado a cabo a principios del Siglo XX en su obra La acumulación del capital donde describe lo que es el militarismo que sirve para una apropiación privada y para la destrucción de relaciones sociales y comparemos con lo que dice Daniel Bensaid cuando nos habla sobre esta nueva etapa del capitalismo senil. La globalización capitalista “convierte todo en mercancía: la tierra y el agua, la salud y el saber, el cuerpo y los órganos, lo vivo y lo inanimado”. Antes que armonizar un mundo en el que los últimos se acercarían a los primeros, esta universalización mutilada ahonda en nuevas desigualdades, en nuevas divisiones. El imperial dominio transforma, no desaparece. Lejos de suavizar las costumbres, el comercio de todos con todos, sometido a la implacable ley de la competencia, provoca la guerra de todos contra todos” (p 16).

La verdad es que estas palabras no distan mucho de otras dichas 150 años antes: “Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes. Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países” [Karl Marx- Friedrich Engels,  El Manifiesto comunista. Fundación Federico Engels, Madrid 1997 p., 42]

A lo largo del libro Daniel Bensaid  arremete contra aquellas ideologías como el postmodernismo que han influido en el Movimiento obrero y que incluso han llegado a cuajar en posturas como la desaparición del proletariado como sujeto político.

Pero hay una ideología en la que quiero detenerme en este comentario, y que es central en el pensamiento de Daniel Bensaid. No es otra que la ideología del fin del trabajo. Ideología que ha sellado a cierto reformismo que termina por claudicar. Frente a ella nos explica que con la nueva internacionalización del capital, lo que realmente se ha producido no ha sido otra cosa que una  “proletarización del mundo” hasta términos insospechados que ha hecho retroceder siglos las relaciones sociales. Lo que se ha producido es la metamorfosis del trabajo asalariado.

Como bien nos dice: “la “crisis del trabajo no es otra cosa que la crisis del trabajo explotado y de las relaciones capitalistas de producción. El discurso mediático al uso se complace denunciando el arcaísmo de la crítica marxista de la economía política: en la era de las redes, la informática y los robots, el tiempo de trabajo habría dejado de ser la medida de la producción social. Lo cierto es que, antes por el contrario, la reducción de las relaciones sociales al tiempo de trabajo abstracto sigue marcando la pauta”.

Hoy después de más de treinta años de política neoliberal ya no se oye nada sobre una de las reivindicaciones centrales de la izquierda: la reducción del tiempo de trabajo. Lo que vemos es la aparición de nuevas figuras: la precariedad, el trabajador pobre. Nos encontramos con que el capitalismo nos a una tercermundialización de la fuerza de trabajo. Se traslada las relaciones de los países del Tercer Mundo a la metrópoli. Se rechazan derechos y se precarizan las relaciones sociales hasta el punto de que el trabajador “ha de ceder su propia persona, su propia disponibilidad”.

El fantasma ha vuelto y recorre el mundo con alternativas nuevas y prepara el camino para que el “viejo topo” realice su trabajo.

Modificado por última vez en Martes, 16 Julio 2013 13:40

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