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Viernes, 16 Agosto 2013 12:22

Las deudas ilegítimas

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
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La historia de la deuda del Tercer Mundo es la de una formidable deducción operada por la finanza internacional sobre los pueblos más desfavorecidos” [Jean- Marie Harribey]

Deuda privada (principalmente de los bancos) transformada en deuda pública que, al fin y al cabo, pagamos los contribuyentes (clases populares) ¿Cómo? Mediante un Ajuste estructural brutal que repercute en un retroceso de los derechos sociales. Hoy ya es oficial que la Banca española, según el FMI, no devolverá 190 mil millones de euros. Pero dicho montante hay que devolverlo al BCE y a la UE.

El libro que tenemos entre manos nos viene a decir que tales deudas son ilegítimas. Añadiríamos que incluso son injustas, y que a la postre suponen un trasvase de rentas y un empobrecimiento de los pueblos (en este caso los del Sur de Europa). En el fondo nos lleva a una construcción de Europa a dos velocidades. Por una parte convierte a los países del Mediterráneo en países dependientes y subsidiarios del núcleo duro de la Unión, y rebaja al proletariado de estos países a la servidumbre y casi a la esclavitud.

Pero ¿Qué son las deudas? ¿Por qué son ilegítimas? Vayamos por partes, François Chesnais nos dice que “la situación actual tiene su origen en un largo proceso de reconstitución de un capital de inversión financiera, cuyos actores han sido los bancos y los gobiernos de forma simultánea. El endeudamiento de los países del Sur contribuyó en gran medida, en un momento dado, al crecimiento del capital de inversión financiera y al refuerzo del poder de la finanza” (pg., 41)

Hay que tener en cuenta el hecho de que los bancos se suelen comportar como cajeros de los capitalistas industriales, pero que su función se basa en el crédito y que juegan, desde el principio con dinero ficticio. Es decir, que parte de ciertos fondos de reserva para convertirlo en capital-préstamo y comenzar a actuar en el ciclo económico.

El capital necesita de acumulación: “La primera fase de reacumulación de dinero que permitió al capital de inversión financiera asentar de nuevo lo que Keynes llamó su “poder opresivo” se llevó a cabo en la City de Londres entre 1965 y 1973. Es preciso destacar dos aspectos. El primero es el papel del apoyo estatal, puesto que la reacumulación de dinero tuvo como base el mercado de préstamos a los Estados y a las grandes empresas, conocido como “eurodólares”, que fue radicado en la City…” (pg. 47) Este hecho es fundamental ya que el mercado financiero es un mercado casi virtual que tiene que estar imbricado en la economía real. Mientras fue así la economía puede funcionar. El problema es cuando sólo existe una parte del ciclo económico D-D’, en este momento se produce una cesura y la economía está supeditada y dominada por el sector financiero. Pero es que al mismo tiempo, para que se produzca esa reacumulación, es necesario que los salarios reales sean reducidos. De ahí que ya en la década de los 70 y 80 del siglo pasado sin impusieran por parte de los gobiernos (de cualquier color) las políticas de austeridad pues “los salarios reales son congelados o reducidos, no para permitir una extensión o una mejora cualitativa de la producción (por ejemplo la reducción de la intensidad energética o el respecto de las normas medio ambientales), sino para incrementar el capital de préstamo o más adelante distribuir dividendos a los accionistas” (pg. 48).

Por consiguiente, la base de la financiarización de la economía se asienta en un retroceso general de los salarios. Especialmente en Europa, los salarios han ido decreciendo de la década de los 80 del siglo pasado. Precisamente ha sido sobre esta base (es decir, sobre la espalda de los trabajadores) en la que se han basado las distintas recuperaciones hasta la actual crisis.

Para François Chesnais “el crecimiento de la deuda pública de los países industriales se remonta a la mitad de la década de los 80, y su importe superó rápidamente y por mucho a la de los países del Tercer Mundo. Sus efectos económicos y políticos tardaron más en manifestarse, pero resultaron ser más perversos en su empresa social” (pg. 51). Luego vendría la “trampa de las jubilaciones”. Es decir, se educó a las grandes masas para que aceptaran un nuevo ataque a sus derechos. Detrás iba a estar los planes de pensiones que fueron privatizados, con lo que de nuevo la crisis la pagarían los trabajadores asalariados. Era un ataque al “salario diferido” ya que esos planes iban a pasar a manos privadas para que pudieran “invertir”. Un nuevo robo, pues los planes podían desaparecer (como así fue) al quebrar algún que otro banco. Algo parecido a lo que en la primera década de este siglo iba a volver a ocurrir. Como dice François Chesnais “los fondos de pensiones fueron actores importantes de la financiarización. Debido a la “alquimia” propia de la centralización financiera, el ahorro acumulado en mano de los gestores se convierte en capital. Los planes de ahorro salarial hacen de sus beneficiarios individuos encarcelados, según la relación ya descrita por Marx hace mucho tiempo” (pg., 52).

¿Cómo ha repercutido todo lo dicho en la última crisis? O por plantearlo de otra forma ¿qué hace que la crisis se estanque? El problema es que, siguiendo a François Chesnais, podemos afirmar que hoy día se ha producido una novedad radical que consiste en la symploké de tres crisis: la crisis alimentaria que tiene un carácter agravado y que sirve para que las grandes multinacionales jueguen con nuestras vidas; la crisis del cambio climático que nos lleva a preguntarnos por qué tipo de relaciones de producción nos inclinamos. Una cambio climático que puede destruir el planeta. Y por último nos encontramos con las crisis de las deudas europeas y el euro. El problema de la construcción europea bajo la égida de la finanza y que va en detrimento de las clases populares. Que está suponiendo una crisis económica profunda con una deslegimitación de la democracia. Y que además nos está llevando a un callejón sin salida pues “la disminución de la parte de los salarios en el PIB, el incremento de las diferencias en la escala de los salarios, así como la polarización de los ingresos y los patrimonios desarrollados a partir de 1980, por efecto de la financiarización y agravados durante los años 90, han agudizado cada vez más este problema” (pg., 81) Es lo que algunos economistas conocen como la “acumulación por desposeimiento”.

Pero aún faltaba algo más. La desposesión de todo el Mediterráneo. A partir de 2011 todas las reuniones del FMI,el BCE, el BRIC tienen ese objetivo. Dejemos hablar a François Chesnais: “El único hecho cierto relativo a las reuniones sobre la crisis en Bruselas, Frankfurt o Berlín, así como las misiones del BCE y del FMI, es que los pueblos griego, portugués, español e irlandés van a ser sometidos a políticas de austeridad aún más drásticas. En el conjunto de la zona euro, Alemania incluida, los gobiernos y las organizaciones patronales están anunciando a los asalariados-ciudadanos recortes en los gastos públicos, congelación de salarios y reducción de poder adquisitivo, y disminución de la protección social” (pg. 109).

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