Error
  • Error de carga de datos de alimentación
  • Error de carga de datos de alimentación
Viernes, 13 Septiembre 2013 12:17

La heterodoxia se abre camino

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
Valora este artículo
(2 votos)

La heterodoxia se abre camino. Y con ella una vuelta a Marx” [Prólogo]

 

¡ES EL CAPITALISMO!

Michel Husson es un economista [marxista] que ha militado en el Partido Socialista Unificado (PSU) y durante muchos años estuvo en la dirección de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR). Actualmente es asesor del Comité científico de ATTAC.


Ya en 1994 (en plena derrota del estalilismo, y la vuelta de un capitalismo salvaje a los países de la antigua órbita soviética) escribió junto a Christian Barsoc una Introducción a la Economía (marxista) que llevaba por título Les rouages du capitalisme. En aquella obra analizaba el capitalismo a la luz de los acontecimientos de aquella derrota y del nuevo horizonte que se avistaba para el imperialismo, criticando el papel que había desempeñado la casta burocrática para los países de planificación centralizada. Sin embargo, y al mismo tiempo, delimitaban claramente lo que aquella victoria sobre el estalinismo iba a significar para el capitalismo:

La “eficacia económica”, en las condiciones de la nueva expansión capitalista, va acompañada de regresiones sociales colosales en todos los países del mundo. Hasta el punto que se habla de “tercer-mundialización” de los países del Este y de “cuarto mundo” en el corazón mismo de los países ricos. Los gastos de productividad significan más paro y pobreza y no más placer o bienestar…”. Cómo recuerda la idea que tenía Leon Trotsky ya en su último libro La revolución traicionada (escrito en 1936) cuando pronosticaba que en caso del triunfo del capitalismo supondría un retroceso brutal: “La caída de la dictadura burocrática actual, sin que fuera reemplazada por un nuevo poder socialista, anunciaría, también, el regreso al sistema capitalista con una baja catastrófica de la economía y la cultura”.

Han pasado ya 20 años desde la derrota del estalinismo y la “nueva burguesía” de aquellos regímenes (que coincide con la burocracia estalinista) ha abrazado un capitalismo senil y dependiente. Una Clase Burguesa que se ha insertado en la mundialización (que para M. Husson no es más que una nueva etapa de la internacionalización del capital). Una internacionalización que está llevando al planeta hacia la destrucción y la barbarie.

En este libro, que se puede leer de varias formas, Michel Husson va desgranando las características del sistema capitalista. Un sistema que desde sus inicios no puede ser separado de la violencia que conlleva: “La atención a las relaciones sociales remite a la tesis de Marx según la cual “la expropiación que despoja de la tierra al trabajador, constituye el fundamento de todo el proceso [que conduce al capitalismo]… El punto de partida del desarrollo del capitalismo agrario en Inglaterra es, en efecto, el proceso de enclosure (cercamiento) que consistió en suprimir el derecho al acceso a los commons (las tierras comunales)” (pg., 41). El capitalismo no se puede entender sin este a priori histórico que fue la expropiación masiva y forzosa de grandes masas de campesinos que pasaría a engrosar las filas del proletariado.

Hoy nos encontramos con una nueva expropiación. Por poner un ejemplo, la derrota del estalinismo y la reestructuración capitalista supuso una apropiación de toda la propiedad estatal y a la vez la creación de un “ejército de reserva” mundializado que ha hecho posible lo que hoy conocemos como globalización: “la globalización, entendida como la puesta en competencia de los asalariados de todos los países, ejerce una presión permanente sobre el conjunto de las relaciones sociales, en el sentido de un endurecimiento. Sin embargo, no ha eliminado las diferencias: un verdadero abismo separa al trabajador chino del trabajador europeo… y aún así sorprende ver hasta qué punto están sometidos a mecanismos de competencia que reflejan la misma lógica. La carrera por la competitividad y la exclusión de sectores enteros de la población son procesos universales que se encuentran, bajo formas sociales completamente diferentes, en países cuyo nivel de desarrollo no se mide por el mismo rasero” (pg., 51).

El libro se va adentrando en cada lección sobre las características del capitalismo actual. Por esto es interesante detenernos en el capítulo que habla sobre la riqueza (capitalista). Entre otras cosas por el hecho de que cuando cayó el Muro (1989) los gurús económicos nos hablaban del “Fin de la Historia” o del “paraíso capitalista”. Aun resuenan las palabras de un Felipe González cuando nos decía “que prefería morir en manos de un delincuente en Harlem, que vivir en una dictadura de algún país del Este”. ¡Pero la mundialización nos demuestra que Paraíso sólo existe en las religiones y no en todas!

El capitalismo actual se basa en un aumento de la productividad y en una explotación sin precedentes. “Un aumento de la productividad supone que con el mismo trabajo una sociedad produce más riqueza”. Ahora bien, esto supone también un aumento del excedente, el problema reside en quien se queda dicho excedente ya que si a esto le añadimos una rebaja de los salarios lo que encontramos es una transferencia de la riqueza hacia la manos de la clase capitalista (la burguesía). Es decir, que “la realidad contemporánea, en los países desarrollados, es el acaparamiento de los “frutos del crecimiento” por parte de una estrecha capa social”(pg., 82)

El capitalismo desde la crisis del 74-75 se ha basado precisamente en dicha transferencia de riqueza hacia las manos de la clase burguesa: “La crisis de 1974-75 instala el paro masivo en el paisaje y esto es sin duda el principal factor de degradación de la relación de fuerzas, que permite implantar un régimen neoliberal que favorece el aumento de las desigualdades” (pg., 85)

¿Qué es una mercancía? Con dicha pregunta comenzaba el primer capítulo de El Capital de Marx. Michel Husson tiene todo un capítulo dedicado a contestar dicha pregunta y nos dice que “para el capitalismo, todo puede (y debe) convertirse en mercancía o volver a serlo. Su pretensión de garantizar y difundir el progreso social es muy discutible. Al contrario, se podría sostener que todo progreso social ha pasado por procesos de desmercantilización, forzosamente impuestos al capitalismo pues van en contra de su lógica profunda” (pg., 133).

El neoliberalismo (política económica hegemónica) ha revertido la situación. Precisamente en los países desarrollados las grandes luchas se basan en la defensa de lo público (Sanidad y educación). Ahora bien, todo este proceso ha pasado sobre todo por la “mercantilización del trabajo” utilizando el instrumento de las reformas laborales ya que “aspiran a reducir las rigideces introduciendo la flexibilidad en los salarios y haciendo más fáciles y menos costosos los despidos”. Tan sólo habría que hacer un recorrido histórico desde los Pactos de la Moncloa hasta hoy para darnos cuenta de la veracidad de tal aserto. La flexibilidad es lo que permite quitar todos los obstáculos (sindicatos, derechos, negociación colectiva) para hacer posible la mercantilización del trabajo.

La economía capitalista tiene un principio que a veces olvidamos: sólo hay que pagar al asalariado cuando produce. La historia de las conquistas sociales y del pacto keynesiano de postguerra consiguió que los trabajadores tuvieran una serie de derechos económicos y sociales. Qué además tuviera un salario indirecto [que no diferido], por el que cotizaba para tener derecho al subsidio de paro y para tener derecho a la Seguridad Social. Por tanto el trabajador tiene una serie de cotizaciones que le daban derecho al paro. Con la última [contra]reforma esto desaparece y ahora toca una segunda parte del pastel que dejará sólo el salario directo/neto para el trabajador; sólo se tiene el derecho a reproducirse como mercancía. Por consiguiente, la patronal desde hace mucho tiempo está apuntando contra esa Seguridad Social, e intenta introducir la noción del riesgo y la incertidumbre; aunque para esto tenga que forzar el lenguaje. La burguesía europea ya no habla de la mercancía de la fuerza del trabajo, sino que la sustituye por el término de capital humano y a partir de ahí introduce un mito, un fetiche: “si el capital (capitalista) arriesga, también debe arriesgarse el capital humano”. El problema es que esto es pura mitología y la burguesía esconde lo que sucede: “la relación entre el capitalista y el trabajador es una relación social y que dicha relación es asimétrica”. En última instancia es una relación de poder.

Pero la mercantilización del trabajo conlleva una serie de retos y a la vez un ataque a todos los derechos conquistados por el movimiento obrero y algo fundamental: “Detrás de todo esto hay una fuerte oposición ideológica a cualquier idea de gestión pública de bienes que retome las justificaciones dadas al movimiento de las enclosures, o lo que es lo mismo: a la primera privatización” (pg., 155). Por tanto el capitalismo senil y bárbaro del siglo XXI va camino de una nueva “acumulación por desposesión” que lleva de nuevo a una privatización de los recursos humanos incluyendo esta vez también la vida.

Deja un comentario

Noticias económicas

Noticias Conciertos