Error
  • Error de carga de datos de alimentación
  • Error de carga de datos de alimentación
Jueves, 17 Octubre 2013 21:48

Política como estrategia

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
Valora este artículo
(6 votos)

No se trata de elaborar modelos normativos, sino hipótesis estratégicas. En el primer caso, parece que se quiera definir una norma que refleje la “verdad” de un proceso histórico: un modelo a copiar. Mientras que la hipótesis es una guía para la acción, construida sobre la base de las experiencias pasadas, y susceptible de evolucionar en función de nuevas experiencias” [Antoine Artous]

Bien dice Antoine Artous en prólogo para sintetizar lo que nos presenta Daniel Bensaid. No es el dogma de la burocracia, ni de cualquier diamat; sino más bien las hipótesis de un “marxismo abierto” que se prueba en la experiencia de la lucha de clases.

Este pequeño ensayo comienza con una crítica a las tesis de John Holloway sobre todo porque han inspirado la política del “postmodernismo izquierdista” de movimientos como el de los zapatistas y los movimientos altermundialistas e incluso nosotros diríamos que esta crítica también sirve para el 15M. Ya que todos estos movimientos se olvidan de la cuestión del poder (que es el eje de la lucha de clases): “Pretenden pasar una página de la historia de los movimientos de emancipación. Su punto común reside en eludir el poder político inspirándose explícitamente en Holoway, de forma más difusa en Day, en un deleuzismo y en un foucaldismo considerablemente simplificados” (pg., 23).

La confusión de estas teorías proviene en el hecho que piensan que algo terminó en 2001 con el atentado a las Torres Gemelas. Pero qué. Y los pensadores vuelven más acá de los bolcheviques, vuelven más acá de Marx y Engels. Al final reducen toda la sangre y sudor del movimiento obrero a la consecución de un estatismo. Como bien dice Bensaid este reduccionismo histórico a una “simple desviación histórica” les lleva a un confusionismo entre las revoluciones y su contrario.

Al final se nos dice que el cambio revolucionario hoy es más “desesperadamente urgente” que nunca, pero ya no se sabe qué es la “revolución”. Pero lo que olvidan estos “reformistas revolucionarios” es que la naturaleza aborrece el vacío. Por consiguiente, si este vació no es ocupado por una clase al final lo ocupa su contraria con todas sus consecuencias: “Una cosa es que una revolución social sea irreductible al acto de la toma del poder (o del acto de tomar las armas), que sea una confluencia política del acontecimiento y de la historia, del acto y del proceso, que sea no un salto al vacío sino el proceso de desenlace de un trabajo(de topo) en el que emergen los elementos de una hegemonía alternativa. Pero recordemos que todas las experiencias del siglo XX, desde la Alemania de 1923, al Chile de 1973, pasando por la España de 1936 o la Indonesia de 1965, recuerdan que la dominación no se inclina sin la prueba de fuerza” (pg., 28).

El libro continua con la crítica al concepto de totalitarismo, que le lleva a dialogar con Lenin. Ante el ataque al bolchevismo por parte de todos aquellos que piensan que la Revolución del 17 y el Nazismo son lo mismo, Bensaid nos habla del “totalitarismo con rostro humano del despotismo de mercado”. Aquí arremete contra las tesis del “fin de la historia”, o con los que defienden el “fin de la política”. Defendiendo a Lenin ya que “el pensamiento de Lenin es el de la política como estrategia, de sus momentos propicios y de sus eslabones débiles”.

Introduce conceptos como el de crisis revolucionaria que para Lenin la especificidad de la política se expresa en el concepto de la crisis revolucionaria, que no es la prolongación de un “movimiento social”, sino una crisis general de las relaciones recíprocas entre todas las clases de la sociedad” (pg., 36).

Esto viene a significar que existe un tiempo propio en las revoluciones que suponen flujos y reflujos (Gramsci hablará de guerra de movimientos). Pero al mismo tiempo en la lucha de clases y en especial en las revoluciones se produce una dialéctica entre la espontaneidad del movimiento y la disciplina de la dirección política (el partido).

Pero quizás el capítulo más denso y más importante sea el dedicado al Internacionalismo. Bensaid comienza con Marx para terminar con la III Internacional. Pues para Marx y Engels lo estratégico aparece de manera intermitente: “La cuestión estratégica emerge por tanto de forma intermitente, en estrecha relación con los momentos de intensidad revolucionaria (revoluciones de 1848, Comuna de París)”. Es lo que Marx denominará “partido efímero”.

Pero los debates estratégicos fundamentales se desarrollan en el primer tercio del siglo XX en las filas de la socialdemocracia alemana. En el debate aparece la utilización del Estado parlamentario. Es la II Internacional. Donde Bernstein desarrolla su teoría política, viendo una continuidad ideológica entre el liberalismo y el socialismo. Por consiguiente “relativiza la cuestión de la propiedad, sin embargo crucial desde el nacimiento del movimiento socialista, en provecho de una simple regulación jurídica de las relaciones sociales”. La socialdemocracia se centra en el movimiento y no en el todo. Pero esta estrategia, que no se diferencia mucho de todos los movimientos sociales se olvidan de un hecho crucial: “en situación crítica, la posesión del poder de Estado y de sus órganos represivos permite a los dominantes tomar la iniciativa y abortar de raíz la revolución naciente”. Y dicha represión nunca es pacífica ni es un cuento de hadas…

Bensaid continúa dialogando con Kautsky y con el debate que se produce a raíz de la Revoluciones rusas (1905/1917). Analiza cuál fue el papel de Rosa Luxemburgo en dicho debate y su enfrentamiento con Kautsky. Al final analiza el papel de Lenin y su evolución desde posturas ortodoxas de la II Internacional hasta su ruptura diciéndonos que: “Hasta la guerra Lenin mantendrá un kautskismo aparentemente ortodoxo. Habrá que llegar hasta la conmoción de la votación de los créditos de guerra (que en un primer momento le costó creer) para que tome conciencia de la fractura que se había producido entre su propia perspectiva estratégica y la orientación mayoritaria de la II Internacional. La noción de “crisis revolucionaria”, que había ido madurando en sus artículos desde 1905, cobra entonces plena dimensión. Dicha noción se halla en relación lógica con las de coyuntura y situación, que singularizan políticamente el momento oportuno y rompen la linealidad temporal del socialismo atemporal: la lucha tiene sus propios ritmos y pulsiones. Por tanto, fue el traumatismo de 1914 lo que condujo al pensamiento estratégico de Lenin a dar este decisivo paso, dando así coherencia a diferentes reflexiones teóricas: la toma de la consciencia repentina sobre la quiebra socialdemócrata y sus causas (…); la elaboración del concepto de imperialismo como sobredeterminación mundial de las formaciones sociales nacionales; el reexamen de la cuestión del Estado…”.

Deja un comentario

Noticias económicas

Noticias Conciertos