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Jueves, 16 Enero 2014 20:42

RESISTENCIA Y LUCHA CONTRA LOS FUNDAMENTALISMOS

Escrito por  Javier Méndez- Vigo
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La crisis sistémica está suponiendo intolerancia, racismo, apartheid y un retroceso en derechos en las metrópolis. Hasta tal punto es cierto lo dicho que Daniel Bensaid, pensador marxista en la República de los “Derechos del Hombre”, llega a decir: “Alguna cosa podrida se descompone en la República. Controversias apasionadas sobre la ley de símbolos religiosos en el colegio

amargas divisiones en el movimiento de mujeres, indigestas culpabilidades coloniales, polémicas y ataques de nervios por el caso de TariqRamadan, proliferación de las judeo-islamo-héteros y otras fobias, neurosis de las sospecha, angustias del complot: la competencia liberal “no falseada” desencadena el sálvese quien pueda y el cada cual a lo suyo. Tribus contra tribus, camarillas contra camarillas, etnias contra etnias

A raíz del giro neoliberal en toda Europa, pero en especial en Francia se ha producido un retroceso en las libertades. Se sustituye el antisemitismo por la islamofobia. Cosa que no ha hecho más que reafirmarse a partir del 11S. El imperialismo ante la caída y derrota del stalinismo necesitaba encontrar otro enemigo exterior. El Islam sustituye al “comunismo”, pero también recupera el papel que tuvo el judaísmo. Daniel Bensaid relata uno de los hechos que precisamente marca el giro: el uso del velo por las muchachas musulmanas y su posible prohibición. Y más en un Estado que ha tenido un pasado colonial en el mundo musulmán. Pero incluso antes de 2001, sobre todo en la década de los 90 el poder no ha parado de criminalizar la protesta y más si esta no pasaba por el proletariado interior. Como bien afirma: “¿Desde esas leyes de sospechosos contra los extranjeros del invierno de 1997- 1997, que criminalizaban a los sin papeles y estigmatizaban la figura inquietante del irregular?”. Pero hay que tener en cuenta que el triunfo del neoliberalismo supuso la desaparición del universalismo y de los grandes relatos. Lo que interesa es lo concreto.

Pero a qué se debe el triunfo de esta ideología que supone que sólo existe el individuo y la competitividad; que afirma que la solidaridad solo se da entre los débiles y que sólo puede triunfar el  “mejor seleccionado”, el más fuerte. Para Daniel Bensaid parte de culpa la tiene cierta izquierda [reformista]: “Desde hace veinte años, entre renuncias discretas y ruidosas capitulaciones, la izquierda respetuosa no ha dejado de batirse en retirada ante la ofensiva liberal. No más proyectos, no más ambiciones. Ya nada más que  “valores” cotizados en Bolsa y la gestión leal de los mercados. Un obsceno strip-tease programático: me quito lo de arriba, me quito lo de abajo. De la “República social” no queda pues más que una soberanía autoritaria, una falsa constitución europea sin poder constituyente, una democracia sin demos”.

Todo lo dicho se ve en la Ley del Velo aprobada por el Gobierno de la República. Una ley que es inútil y discriminatoria. Inútil porque ya el Consejo de Estado afirmaba que se “debía tratar caso por caso” siguiendo la legislación vigente. Pues Daniel Bensaid entiende que “cada situación es singular al llevarse el velo, pudiendo mezclarse, con dosis variables, alienación religiosa, desafío cultural, distinción en la vestimenta juvenil, sumisión a las familias…

Y discriminatoria doblemente pues no va contra toda simbología religiosa (dentro de la escuela), sino solo contra el velo. Pero esto supone lo siguiente: “lo más grave, más allá de la discriminación escolar, es que la controversia contribuye a estigmatizar a poblaciones enteras. Lanza una sospecha general sobre el velo: rechazo de las madres con velo a la hora de participar en salidas escolares, en consejos de curso, en reuniones de padres y madres de alumnos….”.

El pasado colonial (no olvidemos que el Estado español también tiene su pasado colonial en el Norte de África, donde se acaban de colocar cuchillas en el “Muro” de Melilla) puede llevar al rechazo permanente del Otro y hacerlo invisible en los CEI que tenemos en las metrópolis: “A diferencia de las sociedades de casta, caracterizadas por una distribución jerárquica de los estatus sociales, estas poblaciones viven en una sociedad abierta, ciertamente (muy) desigualitaria, pero con una movilidad social relativa”. No nos olvidemos del Ejido ni de tantos pueblos donde la emigración trabaja casi en la semiesclavitud y donde los  “muros invisibles” se suceden y donde el hábitat se diferencia muy pocos de las cuadras de los animales.

Es en nuevo lumpe-proletariado que tenemos en la metrópolis. Es la infraclase que sirve de chivo expiatorio para los distintos fascismos, pero que también sirve de chantaje utilizado por la burguesía para aplastar la resistencia del proletariado de las metrópolis. 

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