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Viernes, 16 Mayo 2014 18:08

LA BESTIA, O ADIOS A LOS DERECHOS

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
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Al final de la legislatura socialista de ZP hubo un “Gran pacto” entre los dos Partidos mayoritarios. Siempre la razón del Estado [en este caso de la Europa del Euro] frente a la razón de los pueblos. Se lleva a cabo una “reforma constitucional” que sirve al poder de los ricos, de las élites de siempre y mientras tanto se aparca o se entierra la única reforma  que desean los pueblos del Reino de España. La República, la democratización y tantas cosas necesarias. Lo importante residía en ese momento dar un “cheque en blanco” a la burguesía y al imperialismo europeo, arrodillándonos ante el imperio alemán. Se reformaba el artículo 135 de nuestra Constitución. La Europa neoliberal ponía un corsé por no decir un bozal al Estado y al pueblo. Cualquier tipo de política económica y social se supeditaba al cumplimiento del déficit. [Un inciso, mientras la Alemania Federal de H. Kolh se anexionaba y privatizaba todas las empresas de la Alemania Democrática, se saltaban el déficit y lo hicieron con gusto].

El problema reside en el hecho que detrás de los recortes de derechos sociales, siempre viene el recorte de derechos políticos y por tanto adentrarnos hacia un Estado autoritario. De esto trata el libro que tenemos entre manos. Pero además hay que tener en cuenta que el “pacto constitucional” institucionalizaba una economía mixta de mercado. A todo esto deberemos decir adiós. Una verdadera contrarreforma es lo que se produce bajo el cobijo de la Europa de los mercaderes.

En la Introducción se nos dice: “la protesta, en suma, puede ir a menudo más allá de los límites legales previstos. No obstante, no es igual tratarla como una falta que como un delito, como un delito grave que como un delito leve, del mismo modo que no es igual pretender sancionarla con la cárcel que con una multa”. El libro trata precisamente de describir como, desde la contrarreforma constitucional  hahabido una deriva hacia la criminalización de la protesta y de la diferencia. Uno a veces se hace la pregunta ¿es delito luchar por los derechos humanos? ¿soy un criminal porque lucho por la justicia?. Esta burguesía decadente y senil confunde la justicia con la legalidad, confunde la protesta colectiva con terrorismo. Una burguesía que no se inmuta cuando la miseria –gracias a los recortes cabalga por doquier-; en un momento en que nuestro Quijote se colectiviza y ya no ve  “molinos de vientos” ni gigantes. La que ve nuestro Quijote colectivo es la usurpación de los derechos sociales.  Por eso, como bien dicen los autores: “En el caso español, como en buena parte de la Europa del Sur, las protestas masivas de los últimos años han sido protestas dirigidas, sobre todo a exigir derechos. Derechos civiles, políticos y sociales, que no expresan un simple capricho de quienes los reclaman. Que se encuentran, por el contrario, reconocidos en constituciones y tratados internacionales”.

Desde el 15M, pasando por las distintas Mareas, la Marcha de los Mineros, hasta la aparición del 15M Obrero (la Marcha por la Dignidad) los movimientos sociales y populares defendían los derechos conquistados después de una larga noche (que duró 40 años), y por nuevos derechos hasta acabar con la consigna central de la Marcha por la Dignidad: ¡EMPLEO O RENTA BÁSICA!  Esta “deslegitimación” de la legalidad vigente, este rechazo de la contrarreforma constitucional; en fin este rechazo a las políticas de la troika que llevan a un austericidiono podía ser permitido por el poder. Y cuando ocurre esto ese poder siempre tiene la misma medicina: represión y recorte de los derechos políticos. Esto tiene un nombre en filosofía política, que los autores del libro relatan muy bien ya “que esta deriva autoritaria, defendida por muchos de los que la combatían hace años, refleja una pobre concepción de la democracia que abre las puertas a múltiples formas de degradación social”.

Si hay un signo, un eje de la irrupción de las masas en la política no es otro que el 15M. Pero entendiendo que la política ya no es el vacío, el desencanto, la burocracia. Sino la vuelta al sentido primigenio de la polis de servicio. Es la recuperación del ágora, de la plaza, en suma de la asamblea. Por tanto es la  “conquista” del espacio público por los de abajo. Es verdad, de manera interclasista, de forma populista. Es verdad, que consignas confusas; pero al fin y al cabo es el aprendizaje de una nueva generación de jóvenes que tuvieron su bautizo con las luchas contra el Plan Bolonia (que significaba la privatización de las Universidades). Juventud Sin Futuro. Y que hizo la burguesía: deslegitimar al mensajero, comenzando así la deriva autoritaria del Reino de España. De nuevo, en nuestra historia, un Bienio Negro donde en derechos nos hacen retroceder a una larga noche.

Por estas razones y por todo lo que nos descubren los autores este libro debería ser imprescindible para todos los demócratas [gobierno del, para y por el pueblo].

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