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Viernes, 15 Abril 2016 16:45

LA GUERRA

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
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¿Por qué un libro sobre la guerra? ¿Por qué un libro sobre los Balcanes? Por la sencilla razón que desde la desintegración la Yugoslavia de Tito, mediante lo que se devino en llamar “injerencia humanitaria” (neotérmino para esconder la intervención del imperialismo tanto de la UE como de los EEUU), permitía el inicio del debilitamiento de Rusia, se iniciaba un proceso de de expropiación de la propiedad colectiva, se convertía a los Balcanes en el portaviones que llevaría a la apropiación de los grandes recursos naturales del Cáucaso ex soviético (no hay que olvidar que la base más importante de la OTAN se encuentra actualmente en el ¡independiente! Kosovo. Los Balcanes terminaban por tener las mismas fronteras que a la salida de la Primera Guerra Mundial, la misma debilidad y la misma dependencia de las potencias de Europa (fundamentalmente de Alemania). Sólo desde el pasado podemos sacar conclusiones, en una península que un siglo después vuelve a ser fundamental en la ideología imperialista.

Este opúsculo es la continuación de los artículos recogidos en su libro Les guerres balkaniques 1912-1913. Años en los que ejercía de corresponsal y donde conocería al  Rakaovsky, el que será su compañero hasta morir en el gulag estalinista. Durante aquella época Trotsky  analiza las guerras balcánicas y al mismo tiempo analizaba el papel de la Turquía de los “jóvenes turcos” que realizaron la revolución democrática y laica. Y cuando nos habla de los socialialdemócratas búlgaros y serbios nos decía: “Turquía opone su propia revolución al retorno del zarismo en los Balcanes; el capitalismo balcánico comienza a dar sus primeros pasos: el movimiento socialdemócrata de los pueblos balcánicos ha nacido en este gran caos. Si la parte suboriental de Europa ha cesado de ser un objeto pasivo de las maniobras de rapiña de la diplomacia europea, entonces, con más razón, los socialdemócratas europeos no deben considerar los Balcanes como una simple expresión geográfica sino como un concepto político vivo. La sección balcánica de la Internacional lleva camino de crecer y tomar una forma cada vez más precisa” ¡Qué gran diferencia con el papel desempeñado por las direcciones socialiberales en 1991 en el proceso de desintegración de la Yugoslavia de Tito!

El opúsculo que estamos viendo está escrito en octubre de 1914, una vez desencadenada la Primera Guerra Mundial y, por tanto, después de la aprobación de los créditos de guerra aprobados por la dirección del SPD (el gran partido socialdemócrata alemán). Aprobación que llevaría a una división profunda y al enfrentamiento de Rosa Luxemburgo con la dirección mandatada por Bebel y Kautsky.

De nuevo la “cuestión balcánica” es el eje para Trotsky en el desencadenamiento de la guerra: “la sucesión de los acontecimientos actuales comienza con el ultimátum dirigido a Serbia por Austria- Hungría. En este asunto no existía la más mínima razón para que la socialdemocracia internacional tomase bajo su protección las intrigas de los serbios o cualquiera de las insignificantes dinastías de la Península Balcánica. Todos ellos trataban de ocultar sus aventuras políticas bajo el manto de las aspiraciones nacionales” De nuevo la mentira y manipulaciones llevan al desastre. El imperialismo sólo habla de autodeterminación cuando conviene a sus intereses. Tal ocurrió en la década de los 90 cuando cínicamente los EEUU apoyan y financian a la dirección mafiosa de la UCK en la independencia del Kosovo, para convertirlo en una estado fallido e instalar la base más importante de la OTAN en el Sudeste Europeo, convirtiendo al independiente Kosovo en un protectorado. Trotsky desde la perspectiva marxista siempre lo tuvo más claro que todos los epígonos del capitalismo senil que nos domina. Por esto mismo siempre partía desde el punto de vista de clase.

Desde el punto de vista del proletariado Trosky analizaba el derecho a la autodeterminación. Por eso los motivos del proletariado (de su partido) siempre son distintos al de los imperialistas: “primero, el proletariado, a pesar de que no discutía el derecho histórico de Serbia a luchar por su unidad nacional, no podía confiar la solución de este problema a las potencias que entonces regían los destinos del pueblo serbio.

En segundo lugar, (y esto para nosotros era un factor decisivo) la socialdemocracia internacional no podía sacrificar la paz de Europa a la causa nacional de los serbios, al reconocer que el único camino para lograr dicha unidad, aparte de una revolución europea, era una guerra de todo el continente”.  Sólo con la “revolución de los partisanos de Tito” aparece una Yugoslavia multicultural y socialista. Pero este no es el problema a dilucidar aquí.

Todo el librito continúa analizando el papel de la península balcánica y el problema nacional. Pero también el papel de las distintas potencias europeas (los dos imperios y la Turquía de los “jóvenes turcos”. A la vez analiza el papel de la socialdemocracia alemana, su giro que le llevo hacia el chovinismo y a la “defensa de la patria”. Un siglo después las direcciones socialiberales nos hablaban de “defensa de la democracia, defensa de los derechos humanos”. Y hoy ya nos hablan de “defensa de la civilización”. Defensa que tan sólo esconden un nuevo colonialismo más bárbaro si cabe, y que nos lleva a una nueva “cruzada” que permita al imperialismo la apropiación masiva de los recursos naturales que permita una nueva acumulación capitalista

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