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Viernes, 26 Mayo 2017 20:09

ACERCA DEL POPULISMO

Escrito por  Javier Méndez de Vigo
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La lucha de clases en el Estado español ha llevado a producir una crisis en el Régimen del 78. Un régimen que después de 40 años se encuentra  en profunda zozobra, debido a la falta de representatividad, a la crisis sistémica del capitalismo, que repercute en las clases sociales. Además, a esto le hemos de añadir la completa separación de las élites de la sociedad, o de la burocracia de las bases en los partidos de la izquierda tradicional. La rabia de las clases populares nos llevó a la aparición del 15M(ese aire fresco que pretendía asaltar los cielos). Un movimiento que sintetizaba las aspiraciones de las clases populares (lo que el movimiento denominaba “los de abajo”).

Pero ya desde el primer momento, dicho movimiento aparecía con “dos almas” una interclasista y la otra radical. Poco tiempo después aparecería el 22M y distintos movimientos como las PAH. La derecha junto a la burocracia reformista (que no entendía nada) comenzó a tildares como populistas, asimilándoles a regímenes autoritarios o a la nueva “extrema derecha”. Que la derecha lo hiciera ere normal, pero por parte de la burocracia reformista suponía una “ceguera histórica”. De ahí la sorpresa ante la aparición de PODEMOS y sus resultados en las elecciones europeas. Una ceguera que ha supuesto un aldabonazo en las bases de los partidos de la izquierda clásica.

En este contexto, en el que las dos almas del 15M continúa existiendo en el nuevo partido, por lo menos hasta el Vista Alegre II, que aparece el libro que tenemos entre manos. Un manifiesto de los “errejonistas” que durante una primera etapa domina/hegemoniza dicho Partido. Basándose en la experiencia de determinada izquierda latinoamericana y la teoría desarrollada por dos pensadores. No podemos olvidarnos del hecho concreto de E. Laclau elabora su obra teniendo presente en la mente el triunfo y desarrolla del peronismo argentino.

Podemos indicar que en esta misma época se abre un debate de Errejón con la compañera de E. Laclau (la pensadora Chantal Mouffe). Ambos comenzaron por realizar una lectura de Gramsci (en Hegemonía y estrategia socialista), para acabar defendiendo el Populismo (en La razón populista). Este último libro, ya se hala de la imposibilidad de la revolución y de que el “asalto a los cielos” sólo es posible mediante la “democracia radical” donde la lucha de clases es sustituida por la “construcción del pueblo”; distinguiendo entre los de abajo y los de arriba. Se sustituye Burguesía por casta. Por esta misma época hay dos libros fundamentales para entender el populismo a nivel filosófico. No estamos refiriendo al de Loris Zanatta, El populismo; y al del profesor José Luis Villacañas, Populismo. Este último pretende tomarse el fenómeno en serio y contraponerlo al republicanismo. Por su parte el libro de Carlos Fernández Liria, como su título indica es un “manifiesto” a favor del populismo.

Se defiende la “necesidad del populismo” como una fase de la política en nuestra contemporaneidad en un momento de crisis del régimen del 78. Y el autor toma como fuente para llevar a cabo de una obra del pensador francés Regis Debray en la década de 1980. Hay que tener en cuenta que la obra de Regis Debray es una crítica que parte de la derrota de lo que vino en llamarse el “socialismo real”: El monumental experimento histórico que supuso el “socialismo real” es, en efecto, una gran ocasión para la reflexión sobre las condiciones de existencia de lo político. Se trató de un experimento con países enteros y el resulltado fue asombroso: una caja negra en la que entraba un ateísmo radical y salía una religión mundial”.

El “socialismo real”, he ahí el dilema. Pero a lo largo de la obra todo lo que nos dice coincide con la crítica de derechas. Nada de lo que significó el stalinismo, nada sobre lo que significó la burocracia. A la que, como buen discípulo de Althusser se acepta la explicación del “culto a la personalidad” pero el fracaso del stalinismo no se debió a la personalidad de un individuo. Sino  que fue a un problema de clases, a una “casta burocrática” que usurpó el poder de la clase obrera. Sería interesante comparar dicha tesis con lo que nos dice León Trotsky en su última obra (La revolución traicionada).

Por otra parte reducir la lucha de clases a una explicación antropológica o psicologista (por cierto lo mismo que hace Laclau en La razón populista (donde se inclina por la psicología de masas) puede llevarnos a reduccionismo que tienen muy poco de históricos: “El siglo XX no terminó bien ni tampoco de una forma bonita ni elegante. La desintegración de Yugoslavia en el corazón de Europa mostró de forma estremecedora que en lo que supuestamente era la sede misma de la razón política basta agitar un poco para que estallaran la sin razón y el sinsentido con unas dimensiones inconcebibles”.

Y más adelante nos dice: “la desintegración de Yugoslavia marcó desdichadamente, la pauta de la historia. En el corazón mismo de Europa, los vecinos, que hasta entonces se habían casado con los vecinos y había celebrado con ellos las fiestas de cumpleaños de sus hijos, que jugaban al futbol en el patio sin preguntarse si eran croatas, serbios o bosnios, cambiaron las tornas y comenzaron a violar y asesinar” Explicación antropológica (el hombre es un lobo para el hombre). Nada sobre el carácter de clase de la desintegración de un “estado multicultural”. Nada sobre el papel de las distintas burocracias de las nacionalidades de la Yugoslavia de Tito. Nada sobre el papel de instituciones como el FMI y su política de “ajuste estructural” con respecto a los países del bloque soviético. Por lo vista nada de esto importa, ni siquiera el papel de Alemania o el Estado del Vaticano. Todo lo sucedido se debe a la psicología de masas. Catherine Samary entre otros explica mucho mejor lo que ha supuesto la restauración de capitalismo mafioso en la extinta Yugoslavia y lo que supuso la transformación de la burocracia stalinista en la nueva burguesía.

A pesar de lo expuesto “En defensa del Populismo” es un libro a leer y a debatir a pesar de sus defectos que no es el expresado solamente. Para terminar, se puede hablar del concepto de hegemonía. Concepto que proviene del marxista Gramsci, pero que introducido bajo el prisma de E. Laclau, pierde su carácter de clase cuando se le añade el término de pueblo donde caben todos los de “abajo”, incluso los empresarios patrióticos. La verdad que la lectura de Cahiers de prison nos llevaría por otros derroteros. Es verdad que “la cuestión de la hegemonía es esencial”. Pero Gramsci no la asumía como inmersa en el “pueblo”, sino que la utilizaba para aplicar una política de alianzas en su concepción del Bloque histórico “donde la hegemonía recaía en la clase obrera y/o en su Príncipe (el Partido). Cuestión muy diferente es lo que pretende este populismo de izquierda. Muy distinto es pues lo que se defiende desde este populismo y como bien dice Arturo Rodriguez: Laclau y Mouffe aseveran que la fragmentación de la clase obrera y su identidad cambiante implica que esta no exista como tal. Según ellos, el marxismo es incorrecto porque según éste, afirma, la clase obrera debería ser un ente homogéneo, “absolutamente unido” y “transparente a si mismo”, y con una conciencia de clase clara e inalterable. Y esto no es así, por tanto, el marxismo ha de estar equivocado” (¿Qué teoría para Podemos? Sobre Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, en Lucha de Clases).

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